El Málaga se parte por el centro ante el Mirandés

El empate supo a muy poco | AGENCIA LOF/
El empate supo a muy poco | AGENCIA LOF

La fragilidad en la medular le privó de un triunfo que tenía en la mano en un partido controlado

Sergio Cortés
SERGIO CORTÉS
1 MIRANDÉS

1 MÁLAGA

Árbitro
Areces Franco (asturiano). Mostró tarjeta amarilla a Luis, Luis Hernández, Keidi, Merquelanz y Matheus
Goles
0-1, min. 53: Córner desde la izquierda del marco del Mirandés y el balón le llega a Boulahroud, cuyo disparo repele en un defensor. El marroquí aprovecha el rechace para picar la pelota al centro del área pequeña, donde Sadiku remata a placer de cabeza. 1-1, min. 76: Pérdida de Benkhemassa y apertura de Marcos André para Merquelanz, que bate a Munir de fuerte disparo

El Málaga regaló dos puntos por su fragilidad en el centro del campo. En un partido en el que, salvo un reverso de Sadiku en el área, sus mejores ocasiones llegaron en sendos córners, el equipo perdió el control precisamente cuando había adquirido ventaja gracias a un tanto del ariete albanés. Ni su compatriota Keidi ni su recambio por delante de la defensa, Benkhemassa (una apuesta arriesgada del entrenador que no salió bien), fueron capaces de sostener a un equipo demasiado expuesto y que hizo creer hasta el final al Mirandés. El empate supo a muy poco... a ambos.

Vista la alineación, dio la impresión de que Víctor se reservaba para la segunda parte algunas bazas (Juanpi, Renato, el recién llegado Lorenzo o el revulsivo Hicham). Porque optó por un once que de nuevo parecía poco consistente en el centro del campo, con Keidi (que no es precisamente un prodigio en la salida del balón), Boulahroud (cuyo sacrificio es inversamente proporcional a su temple) y el debutante Benkhemassa, al que ahora el técnico sí valora y que está lejos de lo que se exige. Y conste que el madrileño volvió a apostar por un sistema con tres centrales que permitía arroparse en la faceta defensiva (con un 5-3-2), pero también ser más elástico y, sobre todo, con más control del juego con un 3-3-3-1.

Desde el primer minuto el Málaga trató de sacar de su zona al Mirandés; es decir, que los locales picaran el anzuelo y salieran a presionar más arriba para dejar resquicios atrás. Pero sin que estos se afanaran en exceso en adelantar metros robaron la pelota más de la cuenta. Al final el mejor recurso fue buscar al malagueño Luis, que abandonaba así su zona en el centro del trío defensivo para erigirse casi en organizador, porque Keidi recibió casi siempre de espaldas al contrario y o bien devolvía el balón atrás o lo regalaba al contrario. Por fortuna para el conjunto blanquiazul, el rival está demasiado limitado y no tales concesiones. Como máximo, forzó la tarjeta amarilla a Luis, que tuvo que salir al quite para evitar el desastre.

En ataque el Málaga sólo se dejó ver en un par de córners y en un eslalon de Boulahroud en el que poco a poco se le fue apagando la luz hasta disparar sin la más mínima opción. Cifu fue demasiado previsible por la derecha, Juan Carlos se diluyó a los pocos minutos y el trío que se movió entre Keidi y Sadiku (Boulahroud-Adrián-Benkhemassa) apenas superó líneas. Respecto al ariete, ni de lejos aporta como Blanco en el juego porque es, sobre todo, un rematador (así lo demostró en la segunda parte). El Mirandés probablemente sea el equipo más limitado de la categoría y depende bastante del rendimiento de su medio punta Álvaro Peña, que en ningún momento hizo daño entre líneas.

La reanudación arrancó con la entrada de Lombán por Luis Hernández, pero también con un punto más de convicción en el Málaga. Pronto dispuso de un córner, que visto el panorama equivalía a peligro real. Efectivamente, el Mirandés volvió a ser demasiado vulnerable y al segundo intento Boulahroud sí atinó. Su centro, templado, lo cazó Sadiku en el área pequeña completamento solo.

El partido al fin se ponía de cara y, lo más importante, parecía bajo control. No era sólo por su apabullante superioridad en la posesión (en torno al 70 por ciento), sino también por la sensación de que el Mirandés debía hacer muchísimo para equilibrar la balanza. Pero el Málaga empezó a mostrar preocupantes síntomas de flaqueza en la medular. Los errores de Keidi acabaron por costarle una amarilla y emergió la figura de Guridi, con llegadas peligrosas. Víctor optó por no arriesgar, aunque cometió un error grave. Situó por delante de la defensa a Benkhemassa y desde ese momento hasta que el técnico reestructuró el equipo (doce minutos más tarde, al reforzar esa zona con Boulahroud) el equipo blanquiazul estuvo partido en dos.

Primero Luis repelió desde el suelo una llegada de Guridi, cómo no, que no supo interpretar Benkhemassa (perdió la vigilancia del medio centro rival), pero las dos pifias consecutivas posteriores del argelino acabaron en el gol del empate y después en una inmejorable acción fallada por el Mirandés. Encima, la entrada de Juanpi tampoco había dado el resultado deseado, así que de repente el partido entró en la recta final con el conjunto local entusiasmado por la posibilidad de ganar un duelo que había tenido perdido y que nunca había podido controlar. Munir evitó el descalabro en una gran estirada a disparo del omnipresente Guridi y entonces Víctor varió el sistema y apuntaló la medular. Eso al menos permitió recuperar cierto control y evitar esas arrancadas de los locales casi siempre con superioridad numérica por la endeblez en el centro del campo blanquiazul. Y esta ya había pasado factura: un empate en vez de un triunfo.