La mejor feria de 2019

Las novedades no se pueden calificar de ninguna manera hasta que no se desarrollan en el espacio y en el tiempo para poder valorarlas en condiciones

La mejor feria de 2019
Pedro Luis Gómez
PEDRO LUIS GÓMEZ

Tiene la Feria de Málaga de 2019 un montón de atractivos, pero también de novedades y por tanto de incógnitas. Las novedades no se pueden calificar de ninguna manera hasta que no se desarrollan en el espacio y en el tiempo para poder valorarlas en condiciones. Eso ocurre en esta nueva etapa de las fiestas agosteñas malacitanas, surgidas a finales del XIX ante la necesidad de espolear a una ciudad, Málaga, que se había dormido en los laureles económicos y sociales, lo que suele ocurrir cíclicamente por estos lares. Lo mismo que el terral, que llega todos los años en agosto. La Feria de Málaga se presenta abiertamente en este Año I de la V legislatura de Francisco de la Torre, sin tapujos, con una clarísima apuesta por el real en detrimento del Centro, que pese a que hace muchos años fue dejada en mano de los dioses etílicos descamisados para que le dieran la extremaunción, la verdad es que ha demostrado su fortaleza y sus ganas de vivir, que son muchas, no en vano fue la primera feria de España que compaginó ciudad y real y compuso un ciclo demoledor de 24 horas ininterrumpidas de jarana.

Lo que empezó siendo un reclamo comercial de los empresarios de los negocios tradicionales del centro (algo que hoy sería imposible porque sólo hay franquicias) ante una época muy baja de ventas, se convirtió en un fenómeno social copiado miméticamente por otras provincias andaluzas, como Granada y Almería, por ejemplo, con singular éxito. Sin embargo, aquí, en la 'sede' del invento se decidió, en un momento concreto (1996-97), con la puesta en marcha de un nuevo real, que fue una gran apuesta y una gran inversión, dejarla languidecer pensando que iba a ser cuestión de dos o tres años su muerte por inacción (lo mismo que está haciendo el jeque ahora con el Málaga CF) y sin embargo, fíjense, lleva 22 años en estado muy grave pero para nada terminal… En esta decisión primó, y no poco, la presión de peñistas malagueños, que vieron en la feria del Centro un gran enemigo de la que casi era ya su única fuente de ingresos en los finales del XX: las casetas 'familiares' del real. Entonces, las peñas eran un 'lobby', hoy ya sin ninguna fuerza, ni poder de decisión ni de influencia, tanto por unos nuevos tiempos que han cambiado las formas de convivencia y de asociación, como por los propios errores de no pocos dirigentes de las propias peñas que en vez de ser directivos de las mismas y gestores de colectivos sociales en pro de los beneficios comunes creyeron ser poseedores del martillo de Thor o la capa de Supermán y se creyeron los reyes del mambo, entrando además en el maravilloso limbo andaluz (existe en todos lados, pero en nuestra Comunidad somos 'cum laude') de las subvenciones públicas…

Sea como fuere, la feria del Centro ahí sigue. Es verdad que cada vez tiene mayor competencia, porque el real de día ha mejorado lo que nadie podía ni imaginar, sobre todo una vez que los años dieron paso a poderosos árboles que comenzaron a dar sombra en lo que en los comienzos era un verdadero desierto imposible de afrontar por la solana, y las empresas de restauración del propio centro han decidido apostar por recintos en sus entrañas con aire acondicionado, mantel y servilletas de tela, que parece cuestión baladí, pero no… Encima está la vistosidad de que la poca o mucha gente que va vestida a la forma andaluza lo hace por Cortijo de Torres, y la presencia, reforzada muchísimo para esta edición de los caballos, otro de los grandes atractivos de la feria del Centro de los primeros años hoy también desaparecido.

Atractivo

Pero la feria del Centro tiene un gran atractivo, no lo olvidemos, ante la gente más joven. Más joven y con menos poder adquisitivo. Mezclen y vean el resultado final si encima no hay atractivos para otro tipo de público, y además ya, como va a ocurrir en esta edición que hoy abre sus puertas, no hay casetas como antaño. Sólo lugares de copas. Y más copas. Y calor. Más calor. Agiten, agiten y verán lo que sale tras horas y horas de fiesta infinita, donde se bebe mucho más que se come. Las servilletas de tela ya han desaparecido del Centro, y ahora están en el real, eso es así, y se nota en el público que determina una y otra, sin que nadie vea la más mínima crítica o sesgo cualquiera. Pero esa misma feria del Centro a la que el alcalde le dedica un bando oficial dirigido a quienes decidieron pasar de trajes de corto y de faralaes para ir con el torso desnudo, al mejor estilo anglosajón insular, ante el absurdo aplauso de articulistas que confundiendo su 'venate' progre con el mal gusto, desde la absurda superioridad moral en la que se aún siguen instalados algunos, maldijeron a quienes desde un principio apostamos al menos por la estética del buen gusto, que para nada está reñida ni con la libertad ni con la fiesta ni con la felicidad…

En este bando, que pide cierta compostura en el vestir, se refiere también nuestro regidor a los patinete, un nuevo elemento incorporado a la fiesta de verano malagueña en este año. Los patinetes han llegado para quedarse y comienzan a ser tan habituales en nuestras vidas como molestos, sobre todo porque lo que nos faltaba era la mezcla del fino o la manzanilla con el calor, la jarana y… ¡el patinete! Vamos que se puede liar parda, al tiempo. Por eso el alcalde hace un llamamiento a usuarios y vigilantes; a unos para que sean consecuentes con su uso, y a otros para que extremen la atención y ejerzan la potestad necesaria para la regulación adecuada de los mismos.

'En esta feria del patinete de alquiler vía aplicación por teléfono móvil que ahora comienza…' ¡Imagínense que quien lleva casi 40 años escribiendo de feria hubiese comenzado la Contraferia de los festejos malagueños de agosto de 1980 con esta frase. A buen seguro, sin duda, que jamás habría repetido crónica alguna y en eso a lo mejor hubiera salido ganando alguno. Pero no, cada cosa tiene su tiempo, como la tuvo el Parque como sede de la feria, o aquella pifia del 'Feria Marinera de Agosto' en el litoral, o el maravilloso resurgir de finales de los 80 en El Viso y Teatinos… Muchos tiempos, muchos años, muchos altibajos, muchos aconteceres, pero con una serie de cosas en común que desde 1887 la han caracterizado: la tremenda ilusión de vivir que aporta a los ciudadanos de una tierra que disfruta con enorme alegría de sus fiestas, el tremendo claro que siempre hace en agosto en esta tierra de María Santísima y la ilusión de los más menudos pensando en que han llegado los carricoches, los mismos que no pierden su magia a osar de estos tiempos del Fornite y de las aplicaciones, porque donde esté la ola o el látigo, que se quite todo lo demás, incluidos los patinetes. Disfruten de la feria. Donde hay alegría siempre hay vida. ¡Viva la Feria de Málaga de 2019!, que será, sin duda, no lo duden, la mejor de este año.