CANTORA Y DRÁCULAS

Juan Francisco Gutiérrez
JUAN FRANCISCO GUTIÉRREZMálaga

Ea, pues con lo que vimos el viernes ya casi estaría. Me refiero a que ya estaría lista la comidilla más jugosa que la tele nos ha ofrecido en este tardoverano. El arranque más glorioso, quia, no ha sido el de la cirugía de Las Campos; ni el cara a cara de Pedro Sánchez con Ana Pastor de anoche, esa cita postergada que le pilla al presidente cansado de la familia Rivera y de la familia Casado, que intentan afearle el currículo.

No: el arranque más magnético, viral y volcánico fue el que llevó a Isabel Pantoja a tomar el teléfono el viernes y llamar a 'Sálvame' para, ejem, hacer algunas puntualizaciones. Una hora y veinte de puntualizaciones, o sea. Dejando de lado el debate de fondo, asociado a la participación de su casta en 'GH VIP' pero de temitas más especializados que el de la diplomacia exterior española, las formas fueron las que todo guionista televisivo quiere para sí. Hubo reproches precisos, emoción viva, susurros de dolor, llamada del hijo para frenar la cosa, hiel contenida a espuertas. Un ratito impagable, porque ahora sabemos que ni siquiera Telecinco tiene ceros para poder comprar todos los focos que atrae siempre esta artista tan enigmática y que se (o nos) explica tan bien.

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Por aquello del batiburrillo de agenda de estos días yo me imaginé a la cantante como recién salida de un tribunal de tesis: leyéndole la cartilla a los vampiros que pontifican desde hace siglos sobre su vida. Un arrebato inesperado pero no inédito, donde la televisión del empalamiento, esa que todo lo engulle a beneficio de inventario, se tiró un bocado a sí misma harta de gusto. Un solaz para la España adormecida en debates políticos absurdos de te-fe-emes o de tareas doctorales. El CV de la Pantoja se lo sabe al dedillo toda España. Y ella quiso demostrar, en este autoplagio molón de lo de hace años en Canal Sur, que no hay quien le enmiende una coma en su trayectoria como madre. «Cantora es mi hogar, no el castillo del Conde Drácula». Con frases así es como una hipótesis se refuta con fuerza y un 'cum laude' se logra. Honoris causa.

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