Diario Sur

LA TRIBUNA

Una llamada más a reinventarnos

La propia Comunidad Económica Europea está admitiendo que la espantada de los británicos, su anuncio (es lo único que se ha producido), viene afectando poco a la economía del continente. Las fuertes caídas en las bolsas y las subidas de las primas de riegos, la huida de los inversores hacia las monedas fuertes, se admite iba ligado a la sorpresa por el inesperado resultado del referéndum y el consiguiente aviso de ruptura con el resto de la Unión Europea, la de los 28 estados miembros. Gran Bretaña no pertenece al núcleo duro de los 19, que componen la Eurozona.

Viene bien que se estén atemperando las consecuencias de la noticia, por otra parte muy ligadas al 'timing' del proceso. Esta es la clave. Siendo las señales que se dan desde las islas, que no tienen prisa para poner andar el mismo. Algo que pasa por abrogar el acta de la UE que suponía su integración ahora hace más de cuarenta años, e invocar el artículo 50 del reglamento de la Unión, que entraña el consiguiente aviso de salida. Dentro de esa parsimonia aparente la 'premier' británica ha confirmado recientemente la intención de invocar ese artículo en marzo del próximo año, por lo que la negociación no podría empezar antes de esa fecha. Parece pues, como si los miedos hubiesen pasado y la convivencia con lo inesperado, una vez disipado el factor sorpresa se hiciera más llevadera, menos traumática y, sobre todo, digerible. Pero no podemos olvidar, que tanto en uno como en otro escenario la actuación de sus bancos centrales está siendo decisiva para mantener de forma ciertamente artificial la estabilidad. Algo con lo que no se puede contar de por vida.

Aunque, es algo que no debe confiarnos, los efectos tarde o temprano no dejarán de manifestarse. Echando cuentas, grosso modo, de los posibles, valga analizar por sectores aquellos que vemos más afectados en este sentido. En el caso de las exportaciones comerciales, las que se dirigen al Reino Unido suponen el 7,5% del total de las que realiza el reino de España, mayormente: alimentación, automóvil e industria. Nuestras grandes empresas del Ibex, sí mantienen hasta el 21% de su negocio en aquel escenario. En el caso de los bancos, hasta el 31,7% de su apartado internacional. Un sector a considerar de forma especial, aquí sí que nos vemos afectados, es el turismo. De los más de setenta millones de turistas que van a llegar este año a nuestro país, 17 millones, el 23%, son británicos. Con un peso importante en nuestra región y provincia. Sin olvidarnos del turismo residencial. El jubilado inglés, esta es la realidad, compra con lo que ha acumulado de su pensión privada y suele vivir con la pública. Turismo este, que es un contrapeso de la estacionalidad, porque vive y reside en los meses de temporada baja invirtiendo y consumiendo durante su estancia. En nuestro país hay cerca de 250.000 residentes británicos, de los que parte considerable se asientan en nuestra provincia. En la actualidad, al cierre del primer semestre del año, los británicos están comprando el 21% de todas las viviendas que se venden en España a extranjeros. Dato que no deja de resultar significativo.

No puede quedar más claro a la vista de lo sucintamente expuesto, que el turismo en su doble apartado es el que se puede ver más afectado. La clave, qué duda cabe, va a ser la evolución de la divisa británica. Punto en el que hay que hacer una reflexión, a la vista de que los dos bancos centrales, el que dirige en Europa Dragui y en las islas Carney, desaforadamente bajan tipos de interés y comprometen estímulos en forma de liquidez a la carta. Por ello no sabemos cuánto va a seguir depreciándose la libra y cuánto lo va a hacer el euro afectado a su vez por el Brexit. ¿Puede que un movimiento compense al otro? Lo más probable es que la libra, con ello se cuenta, sea la más perjudicada.

En el escenario más probable de la mayor bajada de la libra y, en lo que nos afecta, hay que recurrir de nuevo a la imaginación y la iniciativa. Los nuevos retos lo demandan: adaptarnos con prontitud a los cambios. De cara al mercado inglés y para competir con destinos de fuera del área euro hay dos caminos: bajar el precio o mejorar la calidad. Sin ningún tipo de dudas, hay que apostar por lo último. Es hora de que se acabe ese turismo morralla, masificado y de hooligans, algo de bueno que traería nuestro encarecimiento para los británicos. Este turismo de calidad puede vencer la estacionalidad al buscar la mayor tranquilidad y confort que dan los meses apartados de la canícula veraniega. Apostar por un turismo británico de alto standing, algo que debe permitir las excelentes infraestructuras en lo referente a comunicaciones con las que contamos, la mejora de instalaciones, el cuidado del medio, el mantenimiento de la seguridad ciudadana y la diversificación de la oferta. Se debe continuar en la labor emprendida de fragmentar también las fuentes de la demanda, abriendo mercados nuevos de poder adquisitivo alto, con una oferta que no sea exclusivamente la de sol y playa. Ampliando y mejorando los atractivos para los meses de temporada baja, cuando la bondad de nuestro clima no tiene parangón en el continente, algo que no hace comprensible nuestra permanente debilidad, asignatura pendiente, en el epígrafe.

En cuanto al turismo residencial, el modo de vinculación que el Reino Unido adopte definitivamente le va a afectar, siendo lo más importante que se conserven o no los acuerdos relativos a la seguridad social, que da derecho a la asistencia medica gratuita. Algo que está muy en el aire si el Reino Unido no se acoge a una formula similar a la noruega y continúa adherido al Área Económica Europea (AEE), o firma acuerdos bilaterales que contemplen esta posibilidad y protejan a sus residentes que han quedado atrapados por la ruptura en países de la Unión. Siempre habrá cabida a formulas imaginativas de no llegarse a algún acuerdo. Valga como ejemplo, el incorporar un seguro de asistencia sanitaria privada al paquete de venta, en el caso de inmuebles, que supla la asistencia publica que pierden.

En definitiva, debemos acogernos a aquel refrán que viene al caso: «no hay mal que por bien no venga». En este caso, convirtiendo la debilidad surgida en una oportunidad. En ese reto perenne de reinventarnos.