Diario Sur

HABLAR Y VIVIR

El aragonés

Vaya por delante una obviedad que es necesaria en los tiempos que corren. Todas las lenguas son dignas de permanecer, de respeto, hasta de amor y, por supuesto, de investigación y análisis. Esto no evita el hecho de que las lenguas son realidades en el tiempo y están sometidas a las circunstancias históricas; estas determinan la evolución en diversos sentidos; desde la expansión hasta la desaparición.

Cuando una lengua se extingue es más que doloroso. Se pierde una parte del mundo, el que esa lengua creó pero no hay que mezclar las churras con las merinas y utilizar las lenguas como arma política.

En España asistimos desde hace años a actuaciones políticas que afectan a los idiomas que se hablan en ella, hasta el extremo de que desde las instituciones se persigue el español en Cataluña con verdadera saña, se obstaculiza su aprendizaje y se aplican medidas totalitarias.

Los nacionalismos tienen las lenguas como parte fundamental de sus argumentos y, desde luego, de su imaginario. Tener una lengua es clave para reforzar aspiraciones de independencia. La realidad contradice lo anterior. Existen naciones con varias lenguas, caso de Suiza, que las leyes protegen. Sería el caso normal de España pero la realidad muestra lo contrario.

El aragonés es una de las lenguas románicas de la península y se localiza geográficamente en las zonas pirenaicas y prepirenaicas de la comunidad. Ofrece variantes dentro de su espacio geográfico. Las estadísticas fiables nos informan que el aragonés lo comprende el 3,3% del total de hablantes; lo habla el 1,9%; lo lee el 2,3% y lo escribe el 1,3%. No son datos esperanzadores y el peligro de extinción es evidente.

La evolución natural sería la desaparición y las autoridades aragonesas se han propuesto evitarla. En principio es una actitud que no recibirá crítica por mi parte, no sería el primer caso. Se trata de aumentar el número de hablantes, se trata de mejorar la situación de uso del idioma.

Nadie se asuste. Se trata de actuaciones artificiales que tendrán a la escuela como soporte básico; de hecho, se van a iniciar programas piloto en el nivel infantil. El aragonés se podía estudiar como asignatura optativa y extraescolar; ahora cambia la normativa y se declara lengua vehicular; eso significa que cualquier materia puede ser impartida en aragonés.

Me parece un exceso; por otra parte, el aragonés que se enseñe será consecuencia de una normalización de las variantes, lo que aumenta el procedimiento artificial. El perfil ideológico es claro, sobre todo cuando también se declara vehicular el catalán. ¿Verde y con asas? Alcarraza.

Es obligado que haga un breve paréntesis y aclare lo anterior. En el idioma quedan estructuras que se usan pero que no se comprenden. Cuando algo es evidente, muy evidente, se emplea las enigmáticas dos palabras anteriores en forma de interrogación. La palabra alcarraza ni se usa, ni se recuerda. Queda solo el sentido de la interrogativa. Creo que al lector le gustará saber que alcarraza es palabra árabe y se refiere a un tipo de botijo con asas para refrescar el agua. Eran de color verde. Aún se pueden encontrar, siquiera como objeto de adorno.

Vuelvo a la senda. El perfil ideológico es evidente. Se trata de ir construyendo nación, como sucedió en Cataluña en su momento. Todo esto está muy lejos del sano deseo de que el aragonés no se pierda. Hay otros caminos más acordes con la ciencia que con la política cuya intervención en este terreno suele ser lamentable y peligrosa.

Aunque sea cansina la política sigue estando en primer plano. La falta de gobierno convierte a los españoles en una rareza europea y si se va a terceros comicios se cumplirá el tan criticado 'España es diferente'. Nunca nos hemos parado en barras, esta frase tan gráfica que significa que se toman decisiones sin medir sus consecuencias, que ningún obstáculo puede detener lo que se quiere hacer sea como sea y caiga quien caiga.

Es claro que ante esta situación es necesario argumentar algo. Los mensajes se gastan por repetición y eso es lo que sucede a diario. Imaginemos a los partidos como buques que se enfrentan en dialéctica batalla. Ya están en posición y disparan pero resulta que la pólvora está mojada y el descrédito de los marinos es cada día mayor. Muchos conocidos se niegan a hablar de política por aburrimiento. Mientras que el tema fundamental se opaca nos entretenemos con otras cosas, importantes sin duda, pero que difuminan el horizonte. Es en estos palenques donde el enfrentamiento se produce cada día. No son temas menores, ni mucho menos, pero no dejan de ser cuestiones que se emplean como argumentos para no abordar el gran tema.

Mira tú, anda que tú, tu corrupción es más grande, no, la tuya, tu incapacidad para gobernar y así ad infinitum, o hasta octubre, o hasta diciembre, o hasta.