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Se da a la fuga tras atropellar a una joven que acababa de auxiliar a otro accidentado

Zamara Rodríguez, en la habitación del hospital, tras el accidente.
Zamara Rodríguez, en la habitación del hospital, tras el accidente. / SUR
  • La Guardia Civil trata de identificar al conductor de un coche que golpeó la moto de una chica, que ha sufrido quemaduras en el 40% del cuerpo en la caída

Zamara Rodríguez lleva mes y medio casi sin trabajar. «Y porque mi jefa es buena gente y me deja ponerme medias negras...», comenta la joven, que es bailarina, actriz y modelo de fotografía, además de campeona por segundo año consecutivo del certamen malagueño de bikini-fitness. Desde el 10 de octubre, cuando un coche la tiró de su moto, vivir de su imagen, como hasta ahora, es «mucho más complicado».

El conductor del automóvil, al que la Guardia Civil intenta identificar, continuó la marcha tras golpear la moto en la que ella circulaba cuando intentaba cambiar de carril a la altura de la salida hacia Arroyo de la Miel desde la AP-7. «Él iba mirando hacia la derecha para saltarse la caravana de la salida y no me vio», afirma la joven malagueña, que tiene 27 años y está casada con Christian Holley, apodado ‘The Animal’, un conocido luchador inglés de MMA (modalidad de combate en jaula, donde todo vale), con quien reside en Fuengirola.

Zamara sufrió quemaduras en el 40% de la superficie corporal como consecuencia de la caída, que le han ocasionado un «dolor que no le deseo ni a la persona que me tiró de la moto», además del perjuicio estético, que le está afectando seriamente en su profesión. Sólo pide justicia y para ello ha iniciado una campaña en redes sociales para identificar al conductor. Su publicación en Facebook, que ilustró con unas fotos de las heridas que le dejó el accidente, ha sido compartida ya por más de 2.000 usuarios.

Las quemaduras, que se extienden a lo largo de todo su cuerpo, desde los dedos de los pies hasta el pecho, fueron más graves porque Zamara iba solo con un top de deporte; acababa de dejarle su sudadera a otro motorista accidentado al que asistió 10 minutos antes. La joven se topó con el primer siniestro la tarde del 10 de octubre en Torremolinos, en la zona de Playamar, cuando volvía a casa tras llevar un regalo a una amiga por su cumpleaños, al que no había podido asistir. El motorista se había caído tras un percance con un coche y se le había salido el codo, recuerda ella. «Me bajé, llamé a la ambulancia y a la mujer del hombre. Mientras venían, le dejé la sudadera que llevaba puesta, que es de mi marido y me venía grande, para hacerle un torniquete».

Salida de Arroyo de la Miel

Aquella tarde hacía calor, «aunque en moto no tanto», relata la joven. «Pero no le iba a quitar mi sudadera al hombre. ¿Cómo iba a saber lo que me iba a pasar 10 minutos después?». Cuando llegaron las asistencias sanitarias, Zamara siguió su camino hacia Fuengirola. El accidente, el suyo, se produjo en la AP-7 a la altura de la salida hacia Arroyo de la Miel en sentido Cádiz, donde suelen formarse largas caravanas de vehículos. Ella circulaba por el carril derecho, porque su salida era la próxima.

Por el retrovisor vio que un coche se le acercaba. «Sentí una impotencia terrible. Veía que me iba a dar y no podía hacer nada». Zamara recuerda la cara de un hombre que iba mirando constantemente hacia la derecha. Según la reconstrucción del accidente realizada por la Guardia Civil, el automóvil, un BMW de color claro, circulaba por el carril central y, al cambiarse al derecho, le dio a su moto. Antes de que ella pudiera retener algún dato del modelo o de la matrícula, notó un fuerte impacto. «Salí volando y pensé: ‘Me he matado’».

Zamara asegura que el coche golpeó la moto dos veces, la primera en la parte posterior y la segunda en el manillar, por lo que considera «imposible» que no se diera cuenta. El conductor, dice, siguió la marcha y ella fue a parar a la zona de los conos que separan la autovía de la salida, que estaba llena de gravilla y fragmentos de cristales, «aunque después de todo tuve suerte de caer ahí, porque si no me podría haber arrollado otro coche».

«¿Dónde me meto?»

La visera de su casco se abrió del impacto y una piedra le alcanzó en el pómulo, donde le abrió una brecha. «Me entraba sangre en los ojos, pero la adrenalina me levantó del suelo. Pensé: ¿dónde me meto?». Comenzó a gritar pidiendo ayuda, caminando por la calzada con el cuerpo ensangrentado. Una mujer que esperaba en la salida le abrió la puerta de su coche para que se subiera. Recuerda un dolor insoportable, «y mira que me he roto huesos». Mientras venía la ambulancia, apareció otro conductor que, según le contó, había tratado de seguir, sin éxito, el coche que la tiró de la moto. Al rato, llegó la ambulancia y también su marido y su hijo de cuatro años. «No quería que lo trajera para que no se llevara esa impresión».

La llevaron a la Unidad de Quemados de Carlos Haya, donde le pusieron suero y le administraron morfina. Después, tuvieron que hacerle un raspado de las heridas con un cepillo «como de metal» para limpiarle los restos de alquitrán. Tardaron dos horas y media en las que volvió a experimentar un dolor «inaguantable». Un cirujano plástico ordenó que la sedaran al tener más del 40% del cuerpo quemado. «Nadie se imagina lo que he pasado con las curas. No pensaba que esto podía ser tan doloroso... Los médicos me dicen que si estoy tres años sin tomar nada el sol, igual las cicatrices que me quedan son mínimas», explica Zamara, que quiere que se sepa lo ocurrido para ver si al conductor le entran «remordimientos» y sale del anonimato.