La madurez de Carme Chacón

Tiene el corazón al revés, fue dependienta en El Corte Inglés y jugó en la sección de baloncesto del Manchester United. Chacón, que hoy cumple 40 años, coquetea con la sucesión de Zapatero

PÍO GARCÍA
La madurez de Carme Chacón

El 19 de mayo de 2008, a mediodía, la ministra de Defensa, Carme Chacón, entró por su pie en el hospital materno-infantil 'Sant Joan de Déu', en Esplugues de Llobregat, una localidad de 50.000 habitantes a cuatro pasos de Barcelona. Acababa de participar en una reunión del Partido Socialista de Cataluña, lucía una barriga imponente y se movía con cierta dificultad, aunque todavía le faltaban tres semanas para salir de cuentas. Había decidido visitar el centro sanitario por precaución, para que le hiciesen una revisión ginecológica, pero los médicos comprobaron que el pequeño Miquel andaba ya demasiado inquieto, con ganas de escaparse. Ordenaron ingresar de inmediato a Carme, al fin y al cabo una embarazada primeriza de 37 años. El parto comenzó hacia a la una y acabó doce minutos antes de las seis de la tarde, cuando el niño, que pesó 2,8 kilos, salió de su confortable refugio, descubrió la luz artificial, se llevó el correspondiente susto, gimoteó y acabó tumbado -minúsculo, sucio y sorprendido- sobre el pecho de su madre. La ministra de Defensa, exhausta, solo atinó a preguntar:

-¿Y su corazón?

Los médicos la tranquilizaron: el corazón de Miquel Barroso Chacón latía ruidosa y armónicamente. Era un bebé sano.

Hace hoy cuarenta años, otra mujer, Esther Piqueras, se disponía a parir en el mismo hospital de Esplugues. Dicen que hasta trece médicos se congregaron junto a su cama. La cosa pintaba muy mal. Unos días antes, el ginecólogo había aplicado una trompetilla a la barriga de la madre y había descubierto que el corazón del feto latía con problemas. Parecía sufrir un bloqueo completo. Cuando la niña nació, escuchimizada y frágil como un pollito, ni siquiera le pusieron nombre. Todos auguraban un desenlace súbito y triste. Pero aquel bebé enfermizo se agarró a la vida con la perseverancia de un guerrillero y pronto supieron Esther Piqueras y Baltasar Chacón que su hija no estaba dispuesta a tirar la toalla fácilmente. La llamaron Carme. Diez años después, cuando la tecnología médica lo permitió, un electrocardiograma reveló que la muchacha tenía «el corazón al revés», con un ventrículo obturado y una disposición anormal de los grandes vasos sanguíneos. Ni la aorta ni la vena cava ni la arteria pulmonar estaban en su sitio.

Poesía y baloncesto

Aquella malformación, por grave que parezca, no impidió que Carme Chacón llevara una vida normal. «A mis padres, les agradezco que me trataran siempre como una niña sana», dijo la ministra hace unos meses, cuando presentó un acto sobre cardiopatías congénitas. Hija de una abogada barcelonesa y de un bombero almeriense, nieta de un célebre anarquista aragonés, Carme estudió en el colegio concertado Josep Tous, regido por las Hermanas Capuchinas de la Madre del Divino Pastor. «La recuerdo mucho», confiesa hoy con evidente orgullo la hermana Piedad Prieto, su profesora en Primero de EGB. Sor Piedad solo tiene palabras bonitas para su exalumna: «Era un niña estudiosa, muy responsable. Pero también le gustaba jugar y se llevaba bien con sus compañeras, con las que todavía sigue en contacto. Conmigo era muy cariñosa. Solía decir que me debía mucho..., quizá porque fui la primera hermana con la que se cruzó», sonríe sor Piedad.

Ya desde entonces Carme Chacón mostraba especial inclinación por las letras. Siempre dejaba un cuaderno y un bolígrafo en su mesilla de noche para anotar, tan pronto como se despertaba, sus sueños y pesadillas. Y la ministra de Defensa todavía recuerda la conmoción juvenil que le supuso la lectura de 'Cien años de soledad', de Gabriel García Márquez. Pero a ella siempre le gustó, por encima de todo, la poesía. Escribía versos con soltura e incluso ganó varios premios escolares. Devota de los poetas de la Generación del 27 y especialmente de Pedro Salinas, ama la creatividad verbal, la vida subterránea de las palabras, la habilidad de retorcer la lengua hasta sacarle brillos inesperados. Ahora, entre los papeles del Ministerio, las rabietas de Miquel y la marejada interna del PSOE, Carme no tiene demasiado tiempo para rimas, pero cuando se retire de la política quiere probar suerte como escritora o, si las musas le dan la espalda, montar una editorial.

Chacón sacaba buenas notas, pero no era la típica empollona que se pasaba el día sepultada bajo toneladas de libros y apuntes. «Aquí ya destacó mucho jugando al basket», recuerda la hermana Piedad. Apasionada por el baloncesto desde la infancia, su habilidad con la pelota suplía la evidente falta de altura. Con el equipo de su colegio ganó varios campeonatos locales y provinciales. Ni siquiera lo dejó cuando se puso a estudiar Derecho en la Universidad de Barcelona. Para pagarse la matrícula, los libros y algún capricho, durante los veranos se puso a trabajar como dependienta en El Corte Inglés. En los últimos años de su carrera, Chacón se aprovechó de la primera edición del programa Erasmus y decidió cursar algunas asignaturas en la Universidad de Manchester. En la ciudad británica perfeccionó su dominio del inglés, aunque tampoco descuidó su pasión deportiva: junto con varias compañeras de otros países entró a jugar en la sección de baloncesto que había montado el Manchester United. Pero Carme Chacón se rompió el tendón de Aquiles y aquella dolorosa lesión acabó por retirarla de las canchas. «El baloncesto me ha enseñado mucho -suele decir-. Sobre todo, a trabajar en equipo y a digerir las victorias y las derrotas». Un saber que le ha resultado muy útil para triunfar en su verdadera pasión: la política.

Afiliada desde los 16

«No voy a decir que ya se le veía cuando era una niña -advierte la hermana Piedad-, pero sí es verdad que sabía defender sus ideas». Quizá por influjo de su abuelo Paco, un dirigente de la CNT que había conocido los campos de concentración franquistas, Carme Chacón decidió meterse en política antes de cumplir la mayoría de edad. Se afilió al PSC, en la comarca del Baix Llobregat. «Me pareció una chica muy inteligente. Las cogía al vuelo. Y con carácter, ojo. Cuando había algo que no cuadraba con su criterio, lo defendía con fuerza», sentencia José Zaragoza, un compañero más veterano que entonces daba cursos de formación a los afiliados. Zaragoza es hoy secretario de organización del PSC y no oculta su devoción por Carme, de la que subraya su «capacidad de empatía» y su talento para escuchar: «En el trato cotidiano es más tímida de lo que parece. No es de esas personas que monopolizan las conversaciones. Prefiere atender a los demás. Quizá por eso, como todos los tímidos, cuando opina lo hace con un punto extra de contundencia».

Chacón tuvo muy pronto la ocasión de dar un paso al frente y ocupar un puesto relevante en la candidatura municipal de Esplugues. No quiso. Prefirió seguir estudiando: acabó Derecho y se marchó casi un año a Québec (Canadá), donde preparó su tesis doctoral sobre el federalismo. Cuando regresó a Cataluña, entonces sí, se convirtió en concejal de su pueblo. Fue teniente de alcalde de Esplugues durante cuatro años (1999-2003), pero su currículum se aceleró con la entrada del nuevo siglo: diputada, vicepresidenta de las Cortes, ministra de Vivienda y, finalmente, ministra de Defensa. Nada más aterrizar en ese departamento, que todavía exuda testosterona, Carme se devoró el 'Manual del Soldado'. Un militar que ha trabajado con ella la define como una persona dialogante, pero con el cuajo suficiente para formarse opiniones propias. Y para mandar.

Su nombramiento al frente de los ejércitos españoles fue una jugada maestra de Zapatero, tan proclive a los golpes de prestidigitación: la imagen de una mujer joven, visiblemente embarazada, que ordenaba ponerse firmes a las tropas llegó a la primera página de casi todos los periódicos del mundo. «Es lista y se ha ganado el respeto», indicaban los cables del Departamento de Estado americano revelados por Wikileaks. Aunque no todo fueron alabanzas en los informes: «Es inmadura políticamente y se centra demasiado en los pequeños detalles, pero sería un error minusvalorarla», alertaba el embajador.

Nadie lo hace. Chacón, una mujer ambiciosa, se ha salvado del naufragio general del gobierno socialista y ahora coquetea con la sucesión de Zapatero. «España está preparada para una mujer presidenta», deslizó hace unos días en un acto público. «Pues yo estoy muy de acuerdo», zanja sor Piedad, su antigua maestra.