Aquel verano de Aurora Mateos en Grecia: trabajo y filosofía

pCumpleaños feliz. En la imagen, Mateos vuelve de nadar entre «aguas turquesas» para celebrar su cumpleaños con el grupo de amigos que hizo en Rhodas. /
pCumpleaños feliz. En la imagen, Mateos vuelve de nadar entre «aguas turquesas» para celebrar su cumpleaños con el grupo de amigos que hizo en Rhodas.

La dramaturga y abogada internacionalista viajó a Rodas en el año 2007 para participar en un programa de derecho del mar. Su próxima novela se basa en esa experiencia

Fernando Torres
FERNANDO TORRES

Viajar por trabajo puede tener su lado positivo. Aurora Mateos, dramaturga, escritora y abogada internacionalista despegó de Málaga y aterrizó en Grecia en el verano de 2007 para participar en un programa de derecho del mar. Aquellos meses le cambiaron la vida a pesar de que su jefe le puso la condición de que si no finalizaba el curso entre los tres primeros no le renovaría el contrato. «Salí atemorizada pero en cuanto puse los pies en ese país maravilloso se me pasó todo».

Mateos trabajaba en la Unesco como abogada experta en derecho internacional. El programa que se iba a celebrar en Rhodas, organizado por la Universidad de Virginia, estaba centrado en los parabienes legales de los fondos marinos internacionales. Todo lo que ocurrió a lo largo de aquellos meses se quedó grabado en su memoria de tal manera que su próxima novela estará inspirada en esos días al sol de Grecia y en las conversaciones que mantuvo «con los mayores cerebros del derecho del mundo».

La primera parada del viaje fue en Atenas, antes de dirigirse a Rhodas. En la capital se pasó «tres días de juerga» en vez de estudiar. «Para participar en ese programa tendría que haber estado estudiando meses, pero yo no tuve tiempo, así que me dejé llevar por la ciudad», recuerda. Ya en Rhodas comenzó a vivir los primeros días de un «verano maravilloso» en el que se enamoró «por completo» del derecho del mar y se reconcilió con la profesión. «En mi oficina de París dedicaba el ochenta por ciento de mi tiempo a hacer papeleo y burocracia, pero en Grecia me di cuenta de que me apasionaba tanto como el teatro».

Los momentos que se fueron fraguando en aquellos meses están mezclados de dos conceptos: por un lado el trabajo y el estudio, y por otro el paraje natural de las playas de Rhodas. «Recuerdo perfectamente estar tirada en la playa rodeada de libros llenos de arena y luego, más tarde, irme a bucear y a nadar durante horas», comenta.

Aurora Mateos es miembro de la Academia de las Artes Escénicas y ha escrito distintas obras adaptadas en Grecia. Sus textos han visto la luz en Estados Unidos, América Latina, Rusia y Francia. Actualmente trabaja en una novela y en el montaje de una pieza infantil ideada para ser representada en Navidad

Allí descubrió que la gente sabia «es la más humilde y accesible del mundo». «Conocí a gente descomunal, de los mejores de su campo, muchos han fallecido ya, y me di cuenta de que cuanto más conocimiento tiene una persona más humana es, esa es su verdadera grandeza». El programa le permitió aprender «muchísimo», y también divertirse mezclando todas sus pasiones en un lugar «milenario». «Escuché a grandes académicos como Nordquist o Tomas Heider, un ejemplo de tenacidad intelectual; pero me impactaron los juristas que una vez soñaron muy fuerte como Tullio Treves o Shabtai Rosenne», recuerda.

Es capaz de ver con perfecta claridad uno de los recuerdos que más le gustan de aquellas semanas. «Estábamos los participantes en la playa, hablando de filosofía a la luz de la luna, en el lugar en el que estuvo el Coloso de Rhodas... era una sensación verdaderamente maravillosa».

Pero, ¿consiguió mantener el trabajo quedando entre los tres mejores participantes del programa?. «Sí, fue duro y tenía mucha presión, pero lo conseguí», comenta entre risas por el suspense de la historia. Con la perspectiva que da el tiempo, Mateos ha comprobado que todo lo que tenía por delante era más interesante que el mero hecho de si la despedían o no, por eso aprovechó cada hora de trabajo, ocio y filosofía como si nada más tuviese importancia.

La novela que está escribiendo actualmente Mateos está alimentada por todos los pensamientos que compartió con sus colegas y las reflexiones filosóficas que se desprendieron de aquellos días de trabajo sobre el derecho del mar y los proyectos internacionales que marcaron el pensamiento equitativo de los setenta. «Creíamos que el mundo podía ser un lugar mejor», recuerda. El libro será más amplio que las obras teatrales de Mateos, por eso ha elegido este formato para plasmar aquel verano, porque le da «más libertad» para dejarse llevar. «Hablo de lo que fue, de lo que pudo ser y no fue, y de lo que podría haber sido, porque pienso que el mar no es solo azul, sino que guarda el futuro de todos», reflexiona. «Sigo pensando que entre todo lo que discutimos allí puede estar la clave del futuro como comunidad internacional», añade.

Cuando regresó a París había cambiado por completo la visión de su trabajo

Tocó volver a París, donde trabajaba en aquella época, y sintió que quien aterrizó fue una persona totalmente distinta. «Uno piensa que el arte sólo recae en escultores, pintores, poetas o arquitectos; sin embargo, ese verano descubrí que hay disciplinas cercanas al arte, yo no sabía que algo jurídico podía ser tan intensamente hermoso como complejo. Desde ese día me sentí orgullosa de ser parte de un engranaje, y de un acuerdo como no ha habido otro en la historia de la humanidad».

Actualmente Mateos se centra en la dramaturgia y la escritura. Mientras prepara su novela, 'El Peterburgués', está produciendo una obra de teatro infantil ambientada ideada expresamente para ser representada en Navidad.