¿Cuánto tiempo y a qué edad debe jugar un niño con videojuegos?

¿Cuánto tiempo y a qué edad debe jugar un niño con videojuegos?

Establecer límites horarios, controlar los contenidos y evitar las prohibiciones, clave para reducir el riesgo de adicciones y garantizar el rendimiento escolar y el descanso

Alberto Gómez
ALBERTO GÓMEZ

El comienzo del curso debería haber puesto fin a los excesos del verano, cuando los niños disfrutan de más tiempo libre. Parte de esas vacaciones, para qué negarlo, las han pasado conectados a dispositivos y consolas cuyo uso hay que reducir para garantizar el rendimiento escolar y el descanso. Aunque no hay fórmulas mágicas, recogemos algunas recomendaciones para controlar el tiempo de juego, establecer límites horarios y vigilar con qué se entretienen los pequeños y jóvenes de la casa.

¿Cuánto tiempo debe pasar un niño jugando a videojuegos? Muchos padres y madres se hacen esta pregunta. Como algunos ni siquiera están familiarizados con las consolas, lo primero que hay que aclarar es que los videojuegos son una forma más de ocio (es importante que no sea la única) que no debemos demonizar. Prohibir que los niños tengan acceso a una consola o dispositivos móviles (también hay videojuegos en tablets o teléfonos) puede tener efectos contraproducentes, además de resultar absurdo en el contexto actual. Por eso lo más recomendable es controlar el tiempo de conexión y de juego con el objetivo de que no interfiera en la vida social, familiar y escolar.

La Asociación Pediátrica Americana recomienda que los niños de entre tres y doce años jueguen una o dos horas al día como máximo, sobre todo durante los fines de semana. Un estudio reciente realizado por investigadores del Hospital del Mar de Barcelona y el Instituto de Salud Global, en base a los análisis de las conductas de más de 2.400 niños de entre siete y once años, revela que jugar con videojuegos dos horas a la semana es beneficioso porque mejora algunas de sus habilidades; en cambio, los niños que pasan con la consola de nueve horas semanales en adelante suelen presentar problemas de conducta.

Entrados en la adolescencia, los límites resultan más complicados de mantener, así que el consejo de psicólogos y trabajadores sociales pasa por consensuar el tiempo de conexión. No es recomendable desenchufar la consola; prueba a poner normas en cuanto al tiempo de juego y garantizar que se cumplen avisando minutos antes para darles opción de que guarden la partida o la acaben como quieran. Tampoco basta con pactar un tiempo de juego y desentendernos. Conviene supervisar a qué tipo de contenido acceden los menores. En las carátulas de los videojuegos o en sus fichas técnicas, en caso de adquirirlos de forma 'online', figura la edad recomendada de juego. Las consolas pueden ser una forma de ocio familiar. ¿Por qué no probar a jugar juntos alguna vez?

También es importante saber cuándo resulta preferible jugar. Aquí hay bastante unanimidad: hay que evitar el uso de la consola después de cenar y antes de dormir. Los videojuegos generan numerosos estímulos que no son positivos para el descanso de los niños y van contra los procesos del sueño. En cuanto al contenido, hay que procurar que los menores de entre tres y siete años accedan a juegos sencillos que premien la imaginación y la habilidad y aumenten el vocabulario y la capacidad de lectura. A estas edades no suele haber problemas de adicción por su capacidad limitada de mantener la atención; es normal que se aburran rápido y quieran realizar otra actividad.

A partir de siete años hay que estar más atentos al tiempo que pasan jugando; recomiéndales videojuegos que requieran algún tipo de estrategia sencilla, como Minecraft, en su versión infantil, Lego o Zelda. Es probable que se interesen también por simuladores deportivos como FIFA, NBA, Fórmula Uno o Tennis World Tour. ¿Recuerdas a Mario Bros? Sigue estando de moda. Es importante, antes de comprar un videojuego, estudiar su mecánica y su estética, visualizar ejemplos de partidas en YouTube y, sobre todo, supervisar la edad recomendada oficial, llamada PEGI.

En la preadolescencia las cosas comienzan a complicarse, sobre todo por el interés que suelen mostrar por juegos de contenido violento, como GTA (para mayores de 18 años) o Fortnite (menos sangriento y recomendado a partir de 12 años pero también agresivo). Las partidas 'online' con amigos (prepárate para que te pidan cascos y micrófono) les resultan igual de tentadoras. En estos casos hay que seguir siendo cautos, limitando el tiempo de juego y avisando cuando esté cerca de agotarse. El riesgo de desarrollar una adicción aumenta a estas edades.

La psicóloga Raquel Castro, de Amalajer, alerta de que «hay que preocuparse cuando detectemos que prefieren jugar antes que estar con sus amigos y muestren cambios de ánimo o mal humor cuando falla la conexión, desajustes horarios, bajada del rendimiento escolar o irascibilidad». Nunca hay que bajar la guardia.