Ni un pelo de protección

Los calvos acumulan los daños solares durante años. /Ch. M.
Los calvos acumulan los daños solares durante años. / Ch. M.

La calvicie es uno de los factores de riesgo para padecer cáncer de piel, agravado durante el periodo veraniego

Charo Márquez
CHARO MÁRQUEZ

Uno puede ser calvo o elegir serlo, pero en ambos casos no tener pelo en la cabeza supone uno de los factores de mayor riesgo para padecer cáncer de piel. Estamos en verano y es habitual el bombardeo de anuncios sobre cremas solares;estamos muy pendientes de que los niños y las personas mayores no se expongan al sol. Hay una alta sensibilización sobre los riesgos que provoca el sol y la necesidad de protegernos. Pero olvidamos que uno de los segmentos poblacionales más afectados por el cáncer de piel son los calvos.

Los datos avalan esta afirmación. Las personas que padecen calvicie son las más afectadas por la queratosis actínica. Se trata de lesiones premalignas con forma de costra gruesa que aparecen en la cabeza y que pueden evolucionar a carcinoma espinocelular, el segundo tumor cutáneo más frecuente. Al año se diagnostican más de 17.000 casos, una cifra muy superior a los 4.000 de melanoma.

La doctora de Hospiten Estepona Ana Márquez describe esta queratosis como unas manchas rosas, rasposas que suelen aparecer en la cabeza entre los 50 y 60 años. Hay que tener en cuenta que los calvos llevan años expuestos al sol y el daño se va acumulando y suele ser a edades avanzadas cuando se manifiesta esta dolencia.

Según datos del servicio de Dermatología de este centro, entre el 6 y el 10 por ciento de los calvos a los que se le diagnostica una queratosis evoluciona al cáncer de piel.

Las personas rapadas o las rayas en el cabello también plantean peligro

Solemos asociar las quemaduras del sol con estar en la playa, olvidando que estamos expuestos al astro rey durante todo el día. Más aún en determinadas profesiones como albañiles, jardineros, pescadores o deportistas al aire libre.

Pero los que tienen pelo tampoco se libran de un posible cáncer de piel en la cabeza. Las personas que van muy rapadas o las que se hacen rayas en el cabello, aunque tengan una larga melena, tienen tanto riesgo como el que luce calva.

Las grandes olvidadas

La doctora recomienda, en primer lugar, la aplicación de crema con protección solar máxima en el casco. Para aquellos que tienen pelo, existen sprays especiales para el cuero cabelludo que no son grasos, para evitar quemaduras. En segundo lugar el uso de sombreros, mejor que gorras, ya que ofrecen una mayor área de protección. Porque las orejas son las grandes olvidadas en este tema.

La doctora Ana Márquez.
La doctora Ana Márquez. / Ch. M.

Todo el mundo se aplica crema en la cara, el cuello, el cuerpo, hasta lo pies. Pero ¿qué pasa con las orejas? Están situadas en un lugar que no es ni cara, ni cabeza y nadie les presta atención. Pues, según la doctora Ana Márquez, son una de las zonas en las que padecemos más quemaduras solares. «Las mujeres solemos tenerlas más protegidas porque las tapamos con el pelo, pero los hombres las tienen muy expuestas», advierte.

Calvos o no, en caso de detectarse una queratosis el tratamiento más efectivo es la crioterapia, o aplicación de nitrógeno líquido sobre la mancha. Si son muy numerosas esta técnica puede resultar muy dolorosa y se sustituye por cremas o por el uso del láser.

En la Costa del Sol abundan los pacientes de origen extranjero con un fototipo de piel claro que llevan años veraneando en nuestras playas. En cuanto a los nacionales, suelen ser hombres de unos 80 años «que nunca se han protegido del sol y que presentan cabezas muy dañadas», señala la especialista.

Ser calvo es una opción o un sello personal impuesto. El pelo es el gran protector de nuestra cabeza, pero en su ausencia hay que tomar precauciones y recordar que nuestra delicada piel se extiende hasta las zonas más altas de nuestro cuerpo, incluidas las orejas.

El sombrero, mejor que la gorra para protegerse.
El sombrero, mejor que la gorra para protegerse. / SUR