Rutas por Andalucía

Frigiliana, una villa que cautiva

En las calles del casco antiguo todavía hoy hay reminiscencias andalusíes. /J.A.
En las calles del casco antiguo todavía hoy hay reminiscencias andalusíes. / J.A.

El pueblo, que se prepara para su Festival de las Tres Culturas, tiene su tesoro más preciado en su antiguo 'Barribarto'

JAVIER ALMELLONESMálaga

Un casco histórico que recuerda al antiguo Al-Ándalus, un entorno natural idóneo para recorrerlo en rutas de senderismo o una gastronomía muy singular. Ésos son algunos de los atractivos que aguardan en el pueblo de Frigiliana.

En Frigiliana se puede encontrar el arqueotipo de los pueblos blancos de Andalucía, con calles repletas de macetas e inmaculadas fachadas. Así se percibe especialmente en su 'Barribarto', un pasaje laberíntico, angosto y a veces empinado que traslada al viajero hasta el pasado andalusí de esta villa.

Allí sorprende muy especialmente la variedad de colores que ofrecen las puertas y ventanas de las distintas viviendas. Azules, verdes y rojos sobresalen con fuerza en un marco de blanco impoluto proporcionado por la cal. Pero, además de esta muestra arquitectura popular, subir por el 'Barribarto' conlleva una pequeña lección histórica, ya que en una serie de mosaicos se puede conocer la rebelión morisca que desencadenó la batalla del Peñón de Frigiliana (siglo XVI).

En esta zona pueden ver construcciones históricas, como Los Reales Pósitos o el Palacio de los Condes de Frigiliana, que actualmente alberga la única fábrica de miel de caña de Europa. Más antiguos son los restos del castillo, del que se intuyen algunos muros.

En lo que se refiere a edificios religiosos, la iglesia de San Antonio, construida en el XVII y reformada un siglo más tarde, es el principal templo para los frigilianenses. De la misma época es la ermita del Ecce-Homo, conocida también como la del Santo Cristo de la Caña.

Eclipsado por el 'Barribarto', en la parte alta de Frigiliana se conservan algunos restos del que en su día fue el castillo de Lizar, que se pudo construir entre los siglos IX y XI, en pleno apogeo de Al-Ándalus. En total, llegó a tener una superficie de unos cuatro mil metros cuadrados. Llegó a contar con una acequia propia, a la que le llegaba agua procedente de un acueducto. El recinto amurallado fue mandado a destruir tras la rebelión morisca de 1569.

Pero, además de todo el encanto de ese Barrio Alto, Frigiliana es un lugar idóneo para disfrutar de la naturaleza. No en vano, el pueblo se encuentra enclavado en la falda de la sierra de Almijara, que está protegida dentro del parque natural que incluye también parte de las sierras de Tejeda y Alhama. Por allí, pasa, por ejemplo, la Gran Senda de Málaga. Pero, hay más. Desde el pueblo se pueden realizar hasta una decena de rutas distintas.

La gastronomía es otro de los alicientes de este pueblo, que es famoso, entre otras razones, por la producción de la miel de caña en la antes mencionada fábrica, situada en un antiguo palacio condal.

A todos estos atractivos hay que unir sus tradiciones y fiestas, como las que se preparan para el próximo fin de semana, el Festival de las Tres Culturas, en el que se revive el espíritu de concordia que se vivió en una etapa del antiguo Al-Ándalus. Música en directos, dos rutas de la tapa, pasacalles o un mercado medieval son algunos de los alicientes para acercarse a Frigiliana entre los días 22 y 25 de agosto.