La búsqueda de la nutria malagueña

PABLO RODRÍGUEZ

Pablo Rodríguez consigue filmar un ejemplar de mustélido en Málaga capital, un avistamiento de lo más extraño e inusual

Fernando Torres
FERNANDO TORRES

Primero fueron unas huellas. Un simple rastro asomando en el camino hace casi tres años, pero que se instaló en la cabeza de Pablo Rodríguez y fue creciendo con el paso del tiempo. Hace doce meses las marcas en la tierra se convirtieron en una pequeña obsesión, y comenzó a investigar «en serio». Durante las últimas semanas ha invertido incontables noches en encontrarla, hasta que finalmente, como si nada, la nutria, uno de los animales más difíciles de ver (y más en Málaga capital) apareció ante su 'cámara espía', y el trabajo dio sus frutos. Un video de apenas unos trece segundos con los que documentar al mamífero mustélido sumergiéndose en el río (Pablo prefiere que no se especifique cuál de los dos es) que permite poner fin a tres meses de búsqueda activa, pero que abre la puerta a un reto que, de momento nadie ha conseguido: ser la primera persona en ver y filmar a todos los mustélidos de la tierra.

Pablo Rodríguez, hijo del humorista gráfico de SUR Ángel Idígoras, se relaciona con la naturaleza por pura pasión. Con 22 años, su afición a documentar la vida de los animales ya le ha llevado a ser la primera persona en documentar la presencia de un coyote en el norteamericano parque Arlington (Virginia), un vídeo que recorrió los informativos locales y nacionales. Pero su experiencia con la nutria ha sido «diferente», quizá por lo largo de la búsqueda .«Siempre he tenido la sospecha de que había nutrias allí, leí bibliografía que situaba ejemplares en la zona», explica. El proceso fue como una investigación, en la que fue captando muestras, pequeñas evidencias y rastros, hasta que localizó un camino «en el que aparecían huellas cada una o dos semanas», explica.

A partir de ahí comenzó 'la caza' de la imagen. «La conseguí varias veces pasar, muy rápido, sin que me diera tiempo a grabarla; he podido invertir unas 28 o 30 horas esperando, quieto, en el mismo sitio». Admite que el simple hecho de poder contemplarla durante unos segundos ya fue gratificante, aunque su objetivo era poder registrar las imágenes para la posteridad. Analizando el comportamiento del animal consiguió localizar «un punto estratégico» de paso habitual, por lo que simplemente tuvo que colocar la cámara varias noches y revisar los clips al día siguiente.

«Lo que me lleva a hacer esto es un deseo muy grande de conocer a los animales, por la forma que tenemos los humanos de vivir, que no sabemos nada del resto de los animales que pueblan la tierra; el momento en el que tenemos más intimidad con ellos es cuando nos los comemos», argumenta Pablo, para explicar por qué decide salir cada noche para mimetizarse en el entorno. «A veces los animales interactúan conmigo y eso es una pasada», añade.

Explica que la misma noche en la que su cámara espía grabó a la nutria pudo ver una pareja en el agua (no sabe si hay tres o si vio dos veces a la misma). Lo que sí tiene claro es que deben estar en celo o criando a algunos cachorros. «La nutria es un animal muy solitario, solo se sienten apegados a otros ejemplares para reproducirse».

El joven malagueño combina su pasión por la fauna con su carrera de Bellas Artes, en la que destaca por desarrollar diferentes creaciones con materiales poco convencionales, desde doritos a alambres, pasando por dibujos que se tienen que ver desde un sexto piso. Además, las imágenes que captura con su cámara infrarroja forman parte en algunas ocasiones de composiciones, collages o transparencias que conforman un todo en el que se mezclan arte y pasión por la naturaleza.

Su padre, Ángel Idígoras (de quien ha heredado el talento), contempla cómo cada noche sale de casa, la mayoría de ellas en soledad, para no volver hasta el día siguiente. «Es solo una de sus aficiones», desvela, y recuerda que «Pablo se proclamó campeón del mundo de monociclo» hace dos años. La próxima parada del naturalista-artista-deportista está en la comadreja. «Ya tengo cuatro de los 50 mustélidos que hay en el mundo, y sólo llevo un año buscándolos en serio».

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