José Luis Gómez: «Este país está enfermo de opinadores»

José Luis Gómez visita Málaga con dos obras de teatro. /Héctor Garrido
José Luis Gómez visita Málaga con dos obras de teatro. / Héctor Garrido

«Los políticos de hoy no piensan ni de lejos con la profundidad de Azaña y Unamuno». El director de La Abadía se reencarna en ellos en el Cervantes

Regina Sotorrío
REGINA SOTORRÍO

Es de los que piensan antes de hablar. Por eso en sus respuestas, al otro lado del teléfono, se producen largas pausas. Como cultivador de la palabra dentro y fuera de la escena, no dice una al azar. A veces es él quien se manifiesta;pero en otros muchos casos, quien contesta es Unamuno o Azaña. Hasta ese punto ha llegado la reencarnación de estos personajes en la piel de José Luis Gómez. El actor, director del Teatro de la Abadía y miembro de la Real Academia Española rescata el «útil» pensamiento de estos hombres de la cultura y la política en el Cervantes, en el Festival de Teatro, con 'Azaña, una pasión española' (hoy lunes, 28 de enero) y 'Unamuno: Venceréis pero no convenceréis' (miércoles, 30 de enero).

En Málaga será Azaña y Unamuno. ¿Los años le han dado esa facilidad para reencarnarse en uno y en otro sin apenas transición?

–La experiencia cultivada, diríamos.

Son personajes con los que convive desde hace tiempo.

–Unamuno no se puede decir tanto, pero el espectáculo de Azaña lo hice hace ya no pocos años y lo he revisado profundamente para esta temporada en la Abadía. Es la historia española del siglo XX y, sobre todo, de la mayor tragedia de nuestra historia que es la guerra civil española, que ha dejado un trazo profundo. Y las cosas que quizás la República española hubiera podido solucionar, el régimen de Franco las empeoró. La democracia no ha tenido tiempo todavía de restañar esta herida. Estamos viviendo con el mayor ataque y la mayor puesta en cuestión de la democracia española y de la unidad del país. Un país que tiene una vida histórica asombrosa de cinco siglos.

Hay fuerzas políticas que reclaman la derogación de la ley de Memoria Histórica. ¿Qué le parece?

–No puede haber ninguna ley de concordia si no hay antes reparación. Y la reparación tiene que ser grande y completa, porque las injusticias fueron inmensas. La guerra civil abonó una represión sin parangón en la historia española.

También ahora algunas voces cuestionan la Transición. Como testigo de aquel tiempo, ¿qué opina?

–La Transición se hizo extraordinariamente bien, no se podría haber hecho de otro modo en ese momento. ¿Con qué mimbres si cualquier paso estaba expresamente vigilado por el Ejército y por la parte más conservadora y reaccionaria del país? La Transición fue un logro maravilloso. Sí creo que la Constitución del 78, que fue magnífica, es reformable como cualquier otra. Curiosamente Unamuno lo dice hablando de la del 31:«Voté la Constitución y la sabía reformable». Otra cosa es que en el transcurso del tiempo no haya habido ocasión de volver sobre eso y completar. Y cabe preguntarse si todos los pasos que se han dado en el Estado de las Autonomías han sido acertados, y ahí me atrevo a formular alguna duda. Pero a mí no me gusta mucho opinar, y menos opinar de estas cosas. El país está enfermo de opinadores, opina todo el mundo.

Deberíamos opinar menos y actuar más.

–Exacto. Hay muchas cosas que los ciudadanos podemos hacer para contribuir a ayudar a que la sociedad mejore, y creo que no lo hacemos.

«Es útil volver a pensar»

–¿Su aportación son estas dos obras?

–Es útil volver a pensar de la mano de los mejores. Los políticos del presente no piensan ni de lejos con la profundidad de estos hombres de política y de cultura. Cuando Unamuno dice en el 31: «Un referéndum ha venido a ser esa votación del Estatuto de Cataluña y la que se ha hecho en mi tierra vasca y la que se hará acaso en otro sitio. Pero eso realmente es un absurdo. Una cosa compleja no se puede votar. Un pueblo nunca se entera suficientemente de eso.Se dice: la voluntad popular. Pero el pueblo no tiene voluntad en cosas de estas tan complejas. Es de unos cuantos que lo dirigen o tratan de dirigirles y la mayor parte de las veces ni se entera el pueblo de lo que ha votado».

Unamuno habría puesto luz y orden en la crisis catalana.

–Yo creo que sí. Y Azaña da avisos muy claros sobre el comportamiento de los nacionalistas. Dice:«Siempre fui amigo de Cataluña. Recuerde que defendí personalmente en las Cortes el Estatuto (...). Otra cosa es la política catalana y otra los políticos de Cataluña.Durante la guerra asaltaron las fronteras, las aduanas, Montjuic, los cuarteles. Emitieron billetes y monedas sin consultar ni prevenir al Gobierno, crearon la consejería de Defensa e incluso, se llegó a decir, el ejército catalán. Y cuando la República logró por fin reorganizar su propio ejército, este fue considerado en Cataluña y el País Vasco como un ejército de ocupación». Aquí nos está avisando claramente contra los nacionalismos. Parecería, y ha sido así, que los políticos españoles no han leído suficientemente el pasado. Y no ha habido precauciones que eran indispensable tomar.

–¡Qué necesaria sería para los políticos esa «templanza de espíritu» de la que hablaba Azaña!

–La zona templada del espíritu es un sitio muy recomendable para habitar. De cualquier modo, estos espectáculos se han hecho para los ciudadanos y para la sociedad. Son palabras que es necesario volver a oír. Afortunadamente, los espectadores vienen en gran número. Pero es curioso, nunca se ve a políticos ni locales ni nacionales. Seguramente porque entienden que no tienen necesidad de esto. Los políticos normalmente están apartados de la cultura por mucho que luego se les llene la boca de hablar de ello.

Cultiva la palabra como pocos, ¿se ha perdido el respeto al lenguaje?

–El teatro, por definición, es el ámbito donde la palabra es emitida de manera óptima, con el mejor sonido y con el mejor sentido. Me he dedicado a eso porque el teatro español necesita urgentemente un enriquecimiento profundo de arriba a abajo de este aspecto. Hace falta remodelar toda la instrucción de las escuelas de arte dramático para que haya personas que con solo hablar te descubran los paisajes y las profundidades del alma más inauditas. Muchos actores y muchas personas hablan de manera inteligible, pero no es suficiente. Hay que hablar para que los demás sean capaces de ver. Azaña dice: «A muchos actores españoles se les resiste incluso hablar en buen castellano». Y por supuesto que el lenguaje se ha degradado en la política también muchísimo.Esto es doloroso y lamentable en un país que usa la segunda lengua vehicular del mundo.

Lenguaje inclusivo

–¿La igualdad empieza por el lenguaje inclusivo?

–Sí, pero a ver qué se entiende por un lenguaje inclusivo. No es decir todos y todas. Si el masculino español ya tiene un aspecto inclusivo, hay que respetar o cambiar la lengua. Así de simple. La igualdad empieza por los hechos. Porque la vida no empieza con el lenguaje sino con los pensamientos que dan lugar al lenguaje.

–¿La colaboración público-privada, como en La Abadía, es la única forma de hacer cultura sostenible?

–Es una fórmula que en La Abadía ha dado un resultado pasmoso y que se podría aplicar a toda España. A partir de la reforma de los teatros de los años 80, estos fueron transferidos a las ciudades, que se los confiaron a programadores y allí no se produce nunca nada. En muchas ciudades existen escuelas de arte dramático que cada año egresan al menos a 15 alumnos como actores. ¿Y a dónde van? O bien se integran en grupos regionales para malvivir o se vienen a Madrid a engrosar la cola de los trabajadores eventuales. Es una realidad terrible, tristísima.

Dijo en una ocasión que tenía miedo a desaparecer.

–Hablaría de Unamuno... El hombre se viene preguntando desde el comienzo de los tiempos qué ocurre cuando su cuerpo, que está habitado por la fuerza de la vida, vuelve al primer estado, el mineral. Yo me lo pregunto: ¿Existe el espíritu?, ¿dónde está cuando vivimos?, ¿es ubicable? Son preguntas fundamentales que no forman parte de las preocupaciones del mundo contemporáneo, que no se plantea uno estos días entre el fragor de las tapas y de las cañas.

Los artistas tienen la posibilidad de trascender a su tiempo. ¿Sueña con la eternidad?

–No tengo ninguna pretensión de eternidad ni de trascender a mi tiempo. Lo que sí me gustaría es poder contribuir de manera tangible al mío y que sirva a los demás.