«En el año 2050 España será el segundo o tercer país más envejecido del mundo»

El profesor de la UMA Luis Ayuso, durante la entrevista. :: e. cabeza/
El profesor de la UMA Luis Ayuso, durante la entrevista. :: e. cabeza

Luis Ayuso, profesor de Sociología en la Facultad de Económicas, publicó hace unos meses una investigación sobre el cambio familiar en nuestro país

ELENA CABEZA

Luis Ayuso es doctor en Sociología, exdirector de Investigación del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) y profesor titular en la Universidad de Málaga. Muy interesado en el estudio sociológico de la familia, el tercer sector y el bienestar social, publicó hace unos meses una investigación sobre las nuevas imágenes del cambio familiar en nuestro país en la 'Revista Española de Sociología', en la que alerta de cuestiones tan importante como el cuidado de los ancianos, el suicidio demográfico o el papel de la mujer en la sociedad.

-¿Cómo surge esta investigación sobre las nuevas imágenes del cambio familiar en España?

-Este proyecto es una comparación de tres encuestas sobre la situación de las familias realizadas por el International Social Science Program (ISSP) en 1994, 2003 y 2014. A través de estas encuestas podemos acceder a datos muy interesantes sobre las familias y podemos ver cómo determinados indicadores familiares van cambiando en el tiempo. En el artículo yo muestro una comparación de estas fotografías de la realidad familiar y expongo los cambios que se han producido con respecto a distintos indicadores, como la percepción social de la familia, la conciliación, el divorcio, el cuidado de los abuelos o la construcción de las parejas.

«Estaría muy bien una Consejería de Familia, pero lo que hace falta son planes de apoyo reales a las familias»

-Habla usted también en el artículo de un suicidio demográfico que se está produciendo de manera silenciosa en España, ¿a qué se refiere con este término?

-Con suicidio demográfico me refiero a que el modelo de familia que actualmente tiende a predominar es el de familia con un sólo hijo o sin hijos, lo que supone que no vamos a llegar al índice de reemplazo y que vamos a perder población. Además, las encuestas que he ido constatando nos dicen que no sólo hay menos hijos en las familias, sino que el deseo de los españoles de tener más hijos lentamente va descendiendo. Esto es algo alarmante.

-¿Y por qué cree que ocurre esto?

-Bueno, esto ocurre por distintos factores. El primero es un factor demográfico, es decir, que la generación que está accediendo ahora a tener hijos es la generación más corta que tenemos en nuestro país -España alcanzó en los años 90 el mínimo demográfico de su historia-. Como cuantitativamente son muy pocos, tendrían que tener muchos hijos para que las tasas de crecimiento aumentaran, lo cual no está ocurriendo. El segundo factor está relacionado con la cultura, ya que ahora tener un hijo no da prestigio social. Y el tercer factor es el económico, que supone un impedimento importante a la hora de acceder a tener hijos. Ahora bien, estos tres elementos se dan principalmente en España porque tenemos una consideración de los hijos como algo privado. Cuando realizamos las encuestas y preguntamos a la gente por qué decide no tener hijos te dicen que es por falta de apoyo económico, pero sólo un 28% te dice que es por falta de ayudas del Estado. Es tal la consideración de los hijos como algo privado que la mayoría de la gente no asocia que es por falta de ayudas públicas, sino porque ellos no tienen dinero.

-Y este suicidio demográfico, ¿se está produciendo sólo en España?

-No, es un problema europeo, incluso mundial, porque también se está produciendo en EE UU y hasta en China. Lo que ocurre en nuestro país es que dentro de la globalidad, tenemos unos índices de fecundidad por debajo de la media europea. Esto supone que en el año 2050 España será el segundo o tercer país más envejecido del mundo. Esto es alarmante, porque además de las pensiones, vamos a tener que adaptar un sistema de cuidado a una población que será mayoritariamente envejecida.

Menos hijos

-Decía antes que los españoles cada vez quieren tener menos hijos, ¿a qué se debe?

-Bueno, digamos que hasta hace unos años había una presión social para que la gente se casara y tuviera hijos, pero esto ya no ocurre. Sin embargo, ahora, cuando se deciden tener hijos se exigen unas normas culturales de cómo tenerlos y criarlos. Esto es algo que afecta sobre todo a la mujer, que en este sentido es la gran perjudicada. Según nos muestran las cuestas, es a ellas a quienes les afecta laboralmente el hecho de tener hijos, por lo que como son las que tienen las llaves de la fecundidad, deciden restringir en alguna medida la natalidad.

-¿Cómo quedaría el papel de la mujer ante este cambio familiar que usted plantea?

-Estamos ante la generación de mujeres más preparadas y formadas de nuestra historia, que se están incorporando masivamente al mercado laboral, lo cual tiene repercusiones familiares. Esto también viene de la mano de que el hombre no se está introduciendo en los hogares domésticos tanto como se debería. Y lo explico con un ejemplo. Analicé la situación de las familias en las que con la crisis económica el hombre había salido del mercado laboral para quedarse en casa y la mujer era la única fuente de ingreso del hogar. Lo que dicen los datos de este estudio es que en los hogares encabezados por mujeres, los hombres trabajan mucho más dentro de casa que el resto de hombres; pero aun así más de la mitad de las actividades domésticas las siguen haciendo las mujeres, aunque trabajen fuera. De lo que tenemos que darnos cuenta es de que esto es una cuestión cultural, de cómo interpretamos las relaciones del hombre y la mujer dentro del hogar.

PERFIL

Currículum
Doctor en Sociología y profesor titular en la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la UMA.
Trayectoria
Fue director del Departamento de Investigación del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) durante 2017 y 2018.
Líneas de investigación
Sus trabajos se han centrado en la sociología de la familia, el tercer sector y el bienestar social. Además, es miembro de los grupos de investigación 'Redes sociales y estructura social' (Universidad de Málaga) y 'Análisis del cambio familiar' (Universidad Autónoma de Madrid).

-¿Y el papel de las personas mayores?

-Los abuelos en España están muy bien valorados y además su papel durante la crisis ha sido fundamental. Se les asigna una función emocional y una normativa. En otros países su papel está cambiando y cada vez tienen más autonomía; habrá que ver si en nuestro país ocurre igual. Lo que tenemos que tener en cuenta es que si analizamos la cohorte de personas mayores vemos que está empezando a cambiar. Van a llegar a los 70 años las generaciones de los sesenta, las que protagonizaron los grandes cambios en nuestro país, como el uso de los anticonceptivos o el acceso al divorcio. Habrá que ver cómo se comporta esta generación cuando lleguen a tener setenta años. Puede ocurrir, como está pasando en Europa, que los abuelos pidan su propia autonomía y quieran disfrutar de su jubilación.

Cuidado de mayores

-En el artículo advierte del reto del cuidado de los mayores en el futuro, ¿qué soluciones sociológicas encuentra?

-Como decía antes , vamos a una generación de muchas personas mayores y pocas personas potencialmente para cuidar de esos mayores. Lo que yo pretendo en el artículo es llamar la atención y advertir de ello, de que no sólo es preocupante el tema de las pensiones, sino que el hecho de no tener gente también va a tener efectos en el tema de los cuidados. Una vez seamos conscientes, tenemos que intentar poner medios y prepararnos para ello; y eso se hace, desde mi punto de vista, impulsando las políticas familiares. Es muy importante que por fin en nuestro país se hable de política familiar, porque hablar de familia supone hablar de emancipación de los jóvenes, de conciliación, de mayores. En el tema concreto del envejecimiento, una cuestión fundamental que ya nos están diciendo los índices es que tenemos que preparar personas para esos cuidados (nos hará falta población inmigrante) y tendremos que crear servicios para ello, aunque en primer lugar haría falta preguntarle a los mayores cómo quieren vivir, para así poder diseñar políticas familiares teniendo en cuenta sus opiniones.

-Con respecto a las políticas familiares, se habló mucho en Andalucía de la propuesta de Vox de crear una Consejería de la Familia, ¿iría en la línea de lo que usted plantea?

-Habría que verlo. Ya hemos tenido ejemplos en ayuntamientos y en otras comunidades, pero de lo que aquí se trata es de ver si este tipo de consejerías se lo toman en serio, es decir, si la familia es sólo una etiqueta o si se van a hacer realmente proyectos y programas para poder ayudar a las familias. Habría que ver cómo se articula el organigrama y cómo se toman las decisiones. De todas maneras, a mí sí me gusta que se hable de familia, me gusta que el debate público esté en si tenemos una Consejería de Familia o no la tenemos. Ahora, lo que haría falta es que se hagan políticas de familia y se haga un plan de apoyo a las familias real. Necesitamos saber cuál es la situación de las familias andaluzas o cuál es la situación de las familias en Málaga. No podemos realizar estas políticas sin saber qué opinan los andaluces o los malagueños sobre las distintas cuestiones relacionadas con las familias. En definitiva, estaría muy bien tener una Consejería de la Familia, pero que esto se traduzca en debates sobre cómo favorecer la emancipación de los jóvenes, el cuidado de los mayores, las leyes de dependencia, etc.

-¿Cree que lo s gobiernos entienden bien el papel de las familias en España y sus demandas?

-Yo creo que a los gobiernos todavía les queda mucho por recorrer. Cuando observamos lo que está pasando en otros países cercanos como Portugal, Italia o Francia, vemos la importancia que tienen en estos países las políticas familiares y vemos que estamos todavía a años luz. Es cierto que hay temas que están empujando a los políticos a que se empiece a hablar de familia, como por ejemplo la violencia doméstica, las custodias compartidas o el debate de los horarios, pero queda mucho por hacer. El PP de Mariano Rajoy en el año 2017 puso en marcha el Alto Comisionado para el Reto Demográfico, lo cual fue un primer paso para ver qué estaba ocurriendo en nuestro país con el tema de la demografía. Ahora el INE va a sacar unos datos que darán a conocer lo que está ocurriendo con la fecundidad. A nivel público se están poniendo las pilas en este sentido, pero nuestro país está todavía muy poco estructurado en relación a políticas familiares.

-¿Y a nivel privado?

-A nivel privado es curioso que cada vez hay más empresas que están apostando por la conciliación. Es verdad que son las grandes empresas y las más innovadoras, pero lo que no se dice es que apostar por la conciliación es rentable para la empresa. Permitir, por ejemplo, reducciones de jornada sale rentable a la empresa en muchos casos, ya que permites que el trabajador salga una o dos horas antes y sabes que esa persona te hace el trabajo de todo el día en dos horas menos. Hay muchas medidas de conciliación que están entrando por ahí. Entonces, bueno, es verdad que las políticas familiares tienen que entrar más en la agenda pública y yo creo que va a ser así, sobre todo, porque la siguiente pregunta que cabría hacernos es por qué no hay políticas familiares, ya que paradójicamente no las hay porque la familia funciona y sigue siendo la institución más valorada. Precisamente por ser tan fuerte no hay demandas de arreglar una cosa que se ve que está bien, pero nuestra vida mejoraría mucho si pusiéramos el enfoque en el tema de la familia. No son medidas sólo económicas, también relacionadas con la organización de los horarios, los turnos en los trabajos, etc.

-Y ya por último, en la investigación hace también referencia al impacto de las nuevas tecnologías en la familia, ¿qué conclusiones extraemos de esto?

-Hasta hace relativamente poco no teníamos datos de esto. Hay que agradecer al Ministerio que en el año 2014 introdujera algunas preguntas vinculadas al impacto que están teniendo las nuevas tecnologías sobre la esfera doméstica. Lo que nos dicen los datos es que la mayoría de los españoles opina que estas nuevas tecnologías están perjudicando la vida familiar. Sin embargo, a pesar de que se percibe de forma negativa, cada vez se utilizan más. España es de los países de Europa con mayor utilización de los smartphones. Aparte de utilizarlo mucho más, es cierto que si analizamos un poco cómo era la percepción social de otras nuevas tecnologías cuando se insertaron en las familias, vemos cómo originalmente siempre fueron evaluadas de manera negativa. Tanto el televisor como el teléfono de cable o el automóvil tuvieron muchas críticas en sus inicios. Por otro lado, y a pesar de que se suelen valorar de manera negativa, sabemos que también tienen efectos positivos, como las nuevas formas de emparejarse, el acceso a la educación y la formación o la mejora en la sociabilidad familiar (abuelos hablando por skype con sus nietos). No creo que tengamos que ser negativos ni positivos, simplemente hay que valorar los efectos que están teniendo.