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Andalucía, saco de todos los palos

REPORTAJE

Andalucía, saco de todos los palos

Analfabetos, subvencionados, vagos, con un acento ininteligible... son algunos de los 'piropos' que los políticos han brindado a los andaluces. Lo último es que no pagan impuestos

18.11.10 - 01:15 -
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Para liberar la rabia acumulada no hay nada mejor que soltar unos cuantos puñetazos a un saco de boxeo. Prueben y verán. Uno se queda mucho más relajado tras descargar adrenalina. Casi eufórico. En el ring político también parece que existe un saco con el que desquitarse y acaparar de paso la atención mediática durante unos días. Su nombre: Andalucía. Analfabetos, vagos, subvencionados, sin criterio a la hora de votar e ininteligibles a la hora de hablar... son algunos de los palos que han caído sobre los lomos de los andaluces en los últimos años. Ni siquiera que se encuentre a mil kilómetros de distancia y que no tenga nada que decir en las elecciones catalanas ha librado a la cuna de Lorca y Picasso de una nueva descalificación a añadir a la pesada lista. La región ha ocupado estos días más titulares que José Montilla, Artur Mas o Joan Laporta con motivo de los comicios regionales. Con permiso de Joan Puigcercós, el líder de ERC, cuyo minuto de oro le ha valido la popularidad entre los andaluces... pero como persona 'non grata'. Y todo por lanzar a los cuatro vientos que «en Andalucía no paga impuestos ni Dios». Una flecha envenenada para intentar rascar votos en una comunidad en la que precisamente residen más un millón y medio de andaluces... con un cordobés de Iznájar al frente de la Generalitat. Las críticas le han llovido desde todos los frentes. Desde Andalucía, el calificativo más moderado ha salido del presidente de la Junta, José Antonio Griñán, que lo ha tildado de «ignorante». A partir de ahí se han oído toda clase de improperios. Pero también se han aireado todos los datos económicos como la mejor defensa ante una «falacia de grado sumo», como detalla el vicepresidente de la Confederación de Empresarios de Málaga (CEM), Javier González de Lara.
Las odiosas comparaciones están a la orden del día. Y se hacen necesarias para salvar el honor de una comunidad muy tocada por los agravios. Así, el consejero de Economía, Innovación y Ciencia, Antonio Ávila, barre para casa detallando que los ingresos tributarios suponen el 6,5 por ciento del Producto Interior Bruto de Cataluña, mientras que «en Andalucía alcanzan alguna décima más».
Sin embargo, en lo que va de año, cada contribuyente andaluz ha desembolsado de media 2.159 euros, mientras que cada catalán ha soltado al fisco 6.115 euros, casi tres veces más.
¿Realmente existe esa desproporción? «No, ya que esta media tan abultada en Cataluña es porque con Madrid se dividen las empresas de mayor tamaño, de ahí que allí presenten e ingresen sus declaraciones. Todo está muy equilibrado», puntualiza José María Mollinedo, secretario general del Sindicato de Técnicos de Hacienda (Gestha). Y es que la declaración de la renta, el IVA y el impuesto de sociedades, que suponen el 80% de los ingresos tributarios de cualquier comunidad, son obligatorios en la misma medida para todos los españoles, pagándose individualmente en función de los ingresos. Sin prejuicio de dónde se viva o dónde se haya nacido. Y tampoco del nombre. «Yo pago una barbaridad, a mí me crujen por todos lados a impuestos», recuerda la veterana actriz Mariana Galiana ('Cuéntame'), a quien no ha sorprendido demasiado las palabras de Puigcercós al estar acostumbrada «a que se valore muy poco a los andaluces».
El último de la lista
Pese a todo, el político catalán sigue erre que erre. De hecho, insiste en sus declaraciones, pero con matizaciones. Puigcercós asegura que todo se ha sacado de contexto y que quería centrarse en el número de inspecciones que se llevan a cabo en las distintas regiones, donde comenta que Cataluña está discriminada.
Lo normal en este caso es agachar la cabeza tras el revuelo formado. Uno de los casos más sonados es el de Montserrat Nebrera, a quien sus palabras le salieron muy caras. Su feroz ataque contra el acento andaluz y en especial con la forma de hablar de la entonces ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, la pusieron en el 'candelabro'. Se paseó proclamando que el «acento de la malagueña parece un chiste, es chulesco y atragantado, agigantado en su incomprensibilidad por el hecho de ser andaluza y, por tanto, rápida». El PP le abrió un expediente, se retractó y al final abandonó el partido.
Cargar contra el acento andaluz lidera el 'top ten' de las críticas. El último en arremeter contra tan peculiar soniquete fue Juan Soler, portavoz adjunto del PP en la Asamblea de Madrid. En su punto de mira estaba Trinidad Jiménez tras conocerse que iba a ser una de las candidatas a las primarias del PSOE en Madrid. De su boca salió nada menos que «es una candidata floja para Madrid. Su acento le hace más apta para Dos Hermanas o Vélez-Málaga, suena extraña». Un golpe directo. Aunque una vez lanzada la piedra, se desdijo rápidamente. Duró poco. Su relevo lo tomó Esperanza Aguirre que cambió de tercio. Esta vez para atacar al PER (Plan Empleo Rural) y comparar a los andaluces con gallinas: son como los «pitas, pitas». Y como no hay dos sin tres, Ana Mato, vicesecretaria general del PP, sentenció: «Los niños andaluces son prácticamente analfabetos, mucho más que los de La Rioja».
Desde todos los frentes
Si desde Madrid se ha atacado con contundencia al saco andaluz, no menos se ha hecho desde Barcelona. En gran parte como una manera de desprestigiar uno de los feudos históricos socialistas. La mujer de Pujol puso el grito en el cielo cuando Montilla alcanzó la presidencia. A Marta Ferrusola le molestó «mucho» que fuese «un andaluz que tiene el nombre en castellano». Aunque unos años antes Pujol se había despachado de lo lindo en su libro 'La immigració problema i esperança de Catalunya'. Sus perlas en 1976: «El andaluz es generalmente un hombre poco hecho, un hombre que desde hace cientos de años pasa hambre y que vive en un estado de ignorancia y de miseria cultural, mental y espiritual».
En la lista tampoco falta Duran i Lleida, que arremetió fuertemente contra el PER, o el europarlamentario del PP Alejo Vidal Quadras, quien no dudó en decir con todas las letras que Blas Infante, el padre de la patria andaluza fusilado por sus ideas, era «un cretino, un subnormal». Hasta Iñaki Anasagasti ha cargado las tintas contra los descendientes de Séneca, Averroes y Machado, pero realmente con Chaves en su objetivo: «Su gran obra política parece haber consistido en narcotizar a una buena parte del pueblo andaluz aferrado a un sistema de subvenciones (el PER)».
Lo decía Einstein: «Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio». Y los políticos son los primeros que por más que pasen los siglos asocian la imagen de Andalucía a lo pintoresco, lo gracioso y al atraso. Su particular saco.
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