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Los vigilantes de los ríos

MÁLAGA

Los vigilantes de los ríos

28.02.10 - 03:11 -
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A la vista del ascensor de principios del siglo pasado -aunque con la maquinaria totalmente remozada- que da la bienvenida al visitante al Palacio de la Tinta, en el paseo de Reding, nadie diría que la vigilancia del nivel de los embalses, ríos y arroyos de la cuenca mediterránea andaluza, desde la punta de Tarifa hasta Almería, pasando por Málaga y Granada, se lleva a cabo desde un salón de la tercera planta del inmueble histórico.
El Sistema Automático de Información Hidrológica (SAIH) de Málaga es el más antiguo de España. Nació en 1991 y ha servido de patrón para muchos de los que se crearon con posterioridad. Gestiona 103 estaciones de medición repartidas sobre un territorio de 18.000 kilómetros cuadrados, en los que se enclavan trece embalses principales (siete en Málaga), decenas de ríos y arroyos y montañas donde la nieve no se marcha hasta la primavera.
La labor de este servicio, en el que trabajan una veintena de técnicos, está de plena actualidad estos días en que las fuertes lluvias desbordan ríos y obligan al desalojo de viviendas y a desembalsar agua de unas presas que hace apenas tres meses se encontraban en una situación crítica. La información que el SAIH facilita -en tiempo real- sobre las precipitaciones que se producen en cada punto de la provincia, junto al trabajo de los gestores de los embalses y las obras para acondicionar los cauces han hecho posible que Málaga haya superado con nota uno de los inviernos más duros de su historia, con hasta 700 litros por metro cuadrado en la capital y casi mil litros en Marbella y puntos del interior. Con todo, la fuerza del agua se ha dejado sentir, anegando casas y cultivos en el Valle del Guadalhorce y con cuantiosos daños en decenas de municipios.
Frente a un mapa gigante que representa a la cuenca mediterránea, Dionisio Muela, director de este departamento, y Remedios Martel, delegada de Medio Ambiente, acompañan a SUR en un recorrido virtual por los recursos hídricos de la mitad sur de Andalucía. Sobre el plano se sitúan todas las estaciones de medición. «Cuando está encendida quiere decir que está lloviendo o nevando», comenta Muela. En el momento de la visita la luz brilla en dos puntos de Granada y Cádiz. El pluviómetro y el nivómetro sólo se diferencian en que el segundo tiene en su interior una resistencia con un termostato que funde la nieve y la mide como agua.
Todas las estaciones están interconectadas mediante una red de comunicaciones y repetidores por microondas y mediante frecuencia UHF, que transmiten los datos de toda la cuenca hasta Málaga para que se procesen. Está programado para transmitir cada hora. Como recalca su director, la protección y el mantenimiento del sistema es fundamental para que la información fluya. El compromiso es tal que el grado de fiabilidad de los equipos -muchos situados en lugares de muy difícil acceso- se sitúa por encima del 99,89%. En caso de pérdida de energía el sistema está equipado con baterías auxiliares, con una autonomía máxima de diez días.
Detectores de tormentas
El cuidado de los equipos llega a tal extremo que el SAIH cuenta con ocho detectores de tormentas distribuidos por todo el territorio. «Primero la localiza en un radio de 50 kilómetros. Pero cuando está a 16 kilómetros ordenamos que se desconecte el magneto, que quite la energía y funciona con las baterías, porque los rayos tienden a entrar por la acometida. Sólo lo ponemos en marcha cuando han pasado todas las posibles tormentas». Toda medida es poca cuando se trata de salvaguardar una inversión que en el año 1991 rozó los 2.000 millones de pesetas (doce millones de euros). «Tanto como cuesta un kilómetro de autovía», sentencia Muela. Las mejoras que se han llevado a cabo desde entonces elevan su coste por encima de los 60 millones de euros.
En un lateral de la pantalla, las imágenes del satélite muestran la evolución de una borrasca que por fortuna va a pasar de puntillas sobre Andalucía. Al final, es la lluvia la que dicta qué se debe hacer en cada momento para evitar desbordamientos. Para ello, los técnicos mantienen una vigilancia permanente de la altura de los ríos y sus afluentes y están atentos a cualquier incidencia, incluso a un posible embalsamiento a causa de los materiales de arrastre y las cañas. Con todo Martel aclara que el SAIH informa, pero la decisión final sobre cómo actuar en las presas corresponde al director de cada una. «Hay que estar pendientes al minuto de cómo evoluciona la situación y esa información ayuda a tomar las decisiones», apunta la delegada.
Sus posibilidades van más allá de la contención de avenidas y sólo con mirar al mapa un ojo bien entrenado podrá saber, por ejemplo, que el embalse de La Concepción está suministrando 1.120 litros por segundo para el abastecimiento de la Costa del Sol, y a la vez continúa desaguando al río. El Limonero y La Viñuela también están desembalsando (en este último se reciben unos 80 metros cúbicos por segundo). Sobre el gráfico, estas instalaciones aparecen representadas incluso con la forma que toma el muro de cerramiento de cada una.
El alto nivel de los pantanos del sistema Guadalhorce permiten que Málaga capital se abastezca estos días desde allí, con un suministro de unos 1.800 litros por segundo. El balance de entradas y salidas es más que positivo y este fin de semana se ha alcanzado un nuevo récord histórico, con casi 556 hectómetros cúbicos (89% de la capacidad total), lo que sitúa las reservas al nivel de 1997.
Uno de los proyectos en el que el SAIH está inmerso en este momento, y que será una realidad dentro de apenas dos meses, es un servicio de información 'on line' sobre cartografía real, de manera que los usuarios puedan ver los datos de lluvias en relación a embalses, pueblos, carreteras y cualquier otro elemento de la geografía. «Es el centro neurálgico de la Cuenca Mediterránea Andaluza», afirma Remedios Martel, que destaca la fiabilidad de los datos que aporta el SAIH, «que permiten gestionar los recursos hídricos desde Málaga».
Los SAIH se diseñaron y crearon motivados por el desastre de la presa de Tous, en Valencia, que se derrumbó la tarde del 20 de octubre de 1982, debido a una crecida histórica del río Júcar, tras fallar el aviso de alerta roja por lluvias fuertes en la zona. Inundó el municipio de Alcira y causó la mayor riada conocida en España, con más de treinta muertos. Por ello, el principal cometido de estas instalaciones es, precisamente, la de ayudar a prevenir inundaciones. Aunque hay ocasiones en que ni los mejores medios tecnológicos y humanos pueden hacer frente a la Naturaleza que reclama el espacio que el Hombre le ha arrebatado.
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