Diario Sur

Balneario de los Baños del Carmen: Cuando la revolución llegó a la playa

Zona de bañistas.
Zona de bañistas. / ARCHIVO MUNICIPAL
  • Hasta su inauguración en 1918 siguiendo el concepto de las playas de Santander o San Sebastián, hombres y mujeres se bañaban por separado, en albercas de agua templada y en espacios cerrados. Esta es la historia de uno de los lugares con más encanto de la ciudad

Puede que hoy, en la contemplación de los impagables atardeceres que regala Balneario a los amantes de su estética decadente y las largas sobremesas con amigos, parezca lejana la época aquella en la que las mujeres solas no podían mezclarse con los hombres a la hora del baño o en la que las actividades lúdicas al aire libre en zonas de playa estaban casi proscritas de la agenda social del malagueño. Pero no hace falta irse muy atrás en el calendario para conocer los usos de la época. Basta con retroceder hasta 1918 para comprender por qué ese año, con el nacimiento del Balneario de los Baños del Carmen, está escrito a fuego en la memoria colectiva como el momento en que llegó a la capital la revolución en los baños.

En efecto, hasta ese momento Málaga contaba con un puñado de 'baños públicos' en los que hombres y mujeres desconectaban de la rutina diaria. Eran los Baños de Apolo, Diana o la Estrella, que sin embargo se regían por las férreas costumbres de la época en cuanto a separación de sexos y condiciones para el baño. Es decir: ellos y ellas separados por enormes esteras y cordones para evitar “miradas lascivas” y albercas de agua templada o caliente que por supuesto no dejaban pasar la luz del sol. Todo se hacía en el interior. Hasta que llegó un revolucionario concepto importado de las zonas de playa de San Sebastián y Santander y que fraguó en los Baños del Carmen con la construcción de su Balneario, convertido en fiel reflejo de esa época de 'felices años 20' que durante años hizo las delicias de los malagueños, sobre todo los de las clases más acomodadas.

La publicidad de la época ya dejaba ver que aquel lugar ofrecía algo diferente. Lo recuerda la historiadora Mar Pepa Lara, autora del libro 'La cultura del agua: los baños públicos en Málaga' (Editorial Sarriá) y memoria viva de la ciudad. En uno de estos anuncios puede leerse: “Parque Balneario Nuestra Señora del Carmen SA. Abierto todo el año. Conciertos. Varietès. Pistas de Baile. Concursos. Regatas, verbenas, campo de tenis. Gran Restaurante”. Aquellos reclamos datan del año 1922, cuando sus instalaciones comenzaron a abrir durante todo el año, pero desde su inauguración, el 16 de julio de 1918, ya comenzó a ser conocido en toda la ciudad.

En sus inicios, la playa estaba dividida en dos, según recuerda la propia Lara: “Había una parte destinada exclusivamente a las señoras y otra para las familias, donde las mujeres podían acceder siempre que fueran acompañadas de sus maridos”. Aquello supuso un punto de inflexión para la férrea moral de la época, ya que a pesar de que aún continuaba la separación por sexos, el carácter 'familiar' de una de las zonas supuso un cierto alivio. No obstante, entre ambos espacios se instaló una caseta-restaurante de unos 300 metros cuadrados retirada del rompeolas varios metros y a cada lado de la playa se pusieron toldos, quitasoles, casetas de baño o sillas. Ya en 1919, el ingeniero Carlos Loring firmó el primer proyecto para un restaurante de carácter permanente (el actual, de dos pisos, se abrió en 1933 bajo la dirección del arquitecto Daniel Rubio), y luego se ampliaron las zonas de ducha (sobre todo para señoras) y se pusieron en marcha otras novedades que lo convirtieron en un lugar único en la ciudad: un embarcadero, una pantalla para proyecciones de cine mudo que podían ser contempladas desde el mar, una puerta de entrada al Balneario (la que hoy conocemos), una pista de baile, un campo de tenis e incluso un acuario, inaugurado en 1929. Una última anécdota da la medida de lo excepcional del entorno: en uno de sus rincones había incluso una fuente de la que manaba, en lugar de agua, vino de Jerez.

El 'tirón' de esta zona de los Baños del Carmen fue tal que incluso en el año 1922 se construyó un campo de fútbol anexo al complejo donde jugaron el Málaga CF y el CD Malacitano hasta que abrió sus puertas el actual estadio de La Rosaleda, en 1941. A partir de 1950, tanto el campo de fútbol como las pistas de tenis se transformaron para celebrar pruebas hípicas y el recinto llegó a acoger incluso un campeonato nacional. Hablar de la zona de Balneario es hablar también de su bosque de eucaliptos, donde en 1958 se construyó el camping a partir de un proyecto del arquitecto Andrés Escassi: la instalación, con capacidad para 300 plazas sobre una superficie de más de 13.000 metros cuadrados, fue calificada además de segunda categoría.

“Todo aquello era una auténtica maravilla”, celebra Mari Pepa Lara, quien aún recuerda sus escapadas a la playa de los Baños del Carmen, “por supuesto en la zona de señoras”. Y es que la moral y el decoro entre hombres y mujeres a la hora de disfrutar de la playa no eran una opción, sino una obligación: seguramente sorprenderá saber que el Boletín Oficial del Estado publicó el 15 de julio de 1957 una disposición dirigida a los gobernadores civiles de la época prohibiendo el uso de prendas de baño “indecorosas”: a saber, que las mujeres llevaran dos piezas (bikini) y los hombres 'slip'. A cambio, a ellas se les exigía que el baño en playas y balnearios se hiciera con prendas que ocultaran el pecho y la espalda y llevaran faldilla, y a ellos que utilizaran bañador tipo pantalón de deporte. Dos años después, el cardenal Herrera Oria mencionaba la circular del BOE en su carta pastoral a los fieles para insistir en la campaña de moralidad.

Los años dorados de los Baños del Carmen dejaron grabados en la memoria una interminable colección de fiestas y actividades de todo tipo que hicieron de este espacio un lugar imprescindible para la vida social malagueña. En el perfil de Facebook 'Historia de Málaga', que mantiene fresco el recuerdo de aquellos años de la mano de un nutrido grupo de entusiastas de la historia local, se recogen algunas de las más destacadas: es el caso de las buñoladas, los festivales benéficos para los soldados heridos en la Guerra de África y otras obras sociales, los concursos de tenis -a ellos asistió en alguna ocasión la Reina Victoria Eugenia con sus hijos-, las 'fiestas de la soltería' con Neptuno emergiendo de las aguas para elegir a varios solteros, las reuniones de la colonia francesa en Málaga para celebrar la toma de la Bastilla, las celebraciones de regatas e incluso algunos encuentros de carácter político.

La historia de Balneario corrió paralela a la vida social de la ciudad hasta la década de los 70, cuando comenzó a espaciarse en el tiempo la programación de actos recreativos, que quedaban reservados sólo para fiestas señaladas. El restaurante y la playa privada funcionaron hasta los años 80, cuando la antigua Dirección General de Puertos y Costas, un organismo dependiente del Gobierno central y titular de la concesión del espacio, determinó que el acceso a la playa tenía que ser gratuito, una decisión no exenta de polémica que incluso terminó en los tribunales.

Hoy día, Balneario sigue en pie regalando atardeceres, aunque encallado en una maraña administrativa marcada por el fin de la concesión, que expira en el año 2018 y que mantiene todos los frentes abiertos entre el Gobierno central, la Junta de Andalucía y los nuevos socios privados. Pero ésa ya es otra historia.