No, el gin-tonic no mejora tu digestión

Esta popular bebida no tiene nada en su composición que permita sostener su fama de sofisticado combinado con inigualables propiedades digestivas

No, el gin-tonic no mejora tu digestión
Javier Morallón
JAVIER MORALLÓNProfesor de biología y experto en tecnología alimentaria

El mundo de la digestión, tras un homenaje gastronómico, es terreno abonado para el «cuñadismo». Siempre hay un comensal que argumenta, con prosa ágil y ausente de dudas, las propiedades de cierto licor de yerbas o la infalibilidad de un determinado orujo para mejorar el espeso estado que augura una pantagruélica comida. Los datos que sostienen tan arriesgada información no son, precisamente, sesudos estudios científicos publicados en 'Nature' o 'The Lancet'. Suelen ser habladurías de primero de escalera que nuestro interlocutor defiende, por la principal razón, de verse liberado de la carga de culpa que puede suponer añadir una bebida espirituosa al, seguro, bien regado «refrigerio». En el mejor de los casos, dichos consejos, van adornados de una supuesta historia centenaria donde el destilado en cuestión fue el fruto de la atávica sapiencia atesorada en un remoto monasterio o en un lejano poblado, donde consiguieron dar con la combinación perfecta de plantas salvajes y especies que otorgan a dicho brebaje sus formidables cualidades.

Suponer que una bebida inflamada en alcohol va a mejorar en algo nuestra digestión es una ocurrencia que solo la sustenta nuestro deseo de que ese hecho sea realmente cierto. La digestión es un proceso complejísimo donde intervienen multitud de órganos, aparatos y sistemas en el que infinidad de acciones físicas y procesos bioquímicos van a transformar los alimentos en nutrientes que nuestro cuerpo puede absorber. Pensar que este proceso puede ser mejorado o sustituido, en parte, por, nada menos que, un tóxico resulta de una ingenuidad alarmante que supera, incluso, a la de los que creen que los zumos detox pueden realizar las acciones de depuración que realizan el hígado o el riñón.

Lo siento, pero el alcohol no es bueno

El consumo de alcohol acarrea infinidad de problemas. Su relación con cánceres como el de hígado, colon o mama es más que notable, produce problemas cardíacos e infinidad de crisis psiquiátricas y psicológicas. También destaca su acción sobre el aparato digestivo pudiendo producir gastritis o directamente sangrado en estómago o esófago, problemas en páncreas y habituales crisis hepáticas que pueden derivar en cirrosis.

Ni un poquito

Es tradicional hablar de que el consumo moderado de alcohol es bueno. Algo así como que hay una dosis de seguridad por debajo de la cual no hay ningún problema en tomar alcohol, incluso, a diario. Este intento de dulcificar las cosas ya se realizó anteriormente con el tabaco, pero no, no existe esa cantidad que nos mantenga alejados de cualquier incidencia, de hecho, la relación es clara, por ejemplo, a nivel oncológico, a mayor consumo mayor riesgo de cáncer. El último estudio que avala esta afirmación lo publica la Sociedad Americana de Oncología Clínica donde confirma que todos los consumos de alcohol, incluso los moderados, conllevan un nivel de afectación oncológica.

¿Un aliado para la digestión?

Parece claro que un trago, de un destilado que supera los 40 grados de alcohol, no es ningún aliado a la hora de afrontar la digestión de una comida con generosas viandas. ¿Y qué pasa con el gin-tonic? Pues siento reiterar el mismo mensaje, pero esta popular bebida no tiene nada en su composición que permita sostener su fama de sofisticado combinado con inigualables propiedades digestivas. De hecho supone un «pelotazo» pero de alcohol y azúcar ya que la tónica la contiene en cantidades similares a las de un refresco, unos 27 gramos por refresco que se asemejan a unos 7 terrones de azúcar del café. Así que a las calorías de la pitanza habrá que sumar las de nuestro «digestivo», que además, vendrán con una importante subida de glucosa en sangre de regalo, todo un reto para nuestro metabolismo.

Mejor un paseo

Tras una opípara comida nada mejor que una tranquila caminata que favorezca la motilidad intestinal y regule los niveles de glucosa en sangre. Obviamente lo de caminar no es milagroso pero puestos a dar un consejo este podría ser de los mejores, eso sí, mejor echar a caminar antes de que el sopor haga meya en nuestro atlético propósito.

¿Solo agua?

Es cierto que existen algunos estudios sobre los beneficios del consumo moderado de alcohol en la digestión, basados en la dilatación de los vasos sanguíneos. Pero estos no se sostienen en una sólida evidencia científica. Evidencia que si aparece en los posibles riesgos. Aunque es difícil valorar la relación riesgo-beneficio cuando ese consumo es realmente moderado, no continuo y cumple una labor social de relación sana con nuestros congéneres. Los beneficios psicológicos no parecen menores si se cumplen las premisas antes mencionadas, pero en un país donde «entre Atocha y Antón Martín hay más bares que en toda Noruega» parece que el mejor consejo debe ser cabeza y moderación.

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