La ONU concede 29 licencias para explotar los minerales del fondo del mar

Pieza de cobalto de un barco abandonada en las Islas Bermudas. /Archivo
Pieza de cobalto de un barco abandonada en las Islas Bermudas. / Archivo

Greenpeace denuncia en un informe que se «priorizan» los intereses corporativos a la protección del medio ambiente

Daniel Roldán
DANIEL ROLDÁNMadrid

Hace solo una década, era una posibilidad. En la actualidad, la minería en fondos marinos es una tecnología que avanza a pasos agigantados. Hace solo dos años, expertos japoneses recuperaron con éxito una pequeña cantidad de sulfuros polimetálicos -minerales con alto contenido metálico que se han encontrado en las áreas geológicamente activas en el fondo de los océanos- a 1.600 metros de profundidad. Fue una advertencia de los rapidísimos avances que se están logrando para intentar sacar más beneficios del fondo de los mares. Una explotación que todavía no se está realizando de forma constante en ninguna parte del mundo, pero las empresas ya se están preparando.

Solo las compañías. Algo que ha enfadado a organizaciones como Greenpeace, que critica a la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos (ISA, por sus siglas en inglés), la institución dependiente de Naciones Unidad para regular las actividades mineras en los fondos marinos en las zonas comunes del planeta, por su parsimonia en la defensa del fondo marino, de la fauna y la flora que habitan a enorme profundidad, en la zona abisal, y que todavía son ignotas para el ser humano.

«Las profundidades marinas son el ecosistema más grande del planeta y el hogar de criaturas únicas que apenas comprendemos. Esta codiciosa industria podría destruir las maravillas que hay en lo más hondo del océano incluso antes de que tengamos oportunidad de estudiarlas», recalca Louisa Casson, una de las responsables de Protección de los Océanos de la organización ecologista. Solo se ha muestreado o explorado el 0,0001% del lecho marino profundo.

Greenpeace denuncia en su último informe -'In Deep Water' (En aguas profundas)- que la ISA ha concedido 29 licencias de explotación a países como China, Corea del Sur, Reino Unido, Alemania, Rusia y Francia. Estados Unidos nunca ha ratificado la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar que regula estas actividades y de la que nació la ISA.

El objetivo de estos contratos es explotar los nódulos polimetálicos, unas bolas que no suelen superar los 15 centímetros de diámetro y que son riquísimas en determinados y codiciados metales como el hierro, el cobalto, el níquel o el titanio. Son abundantes en las llanuras abisales del océano Pacífico. También esas licencias son para los sulfuros y costras de ferromanganeso ricas en cobalto en el fondo marino profundo.

Código de Minería

«La ISA no es apta para el propósito de proteger nuestros océanos. Está más preocupada por promover los intereses de la industria minera de aguas profundas y hacer 'lobby' para lograr que no se firme un Tratado Global de los Océanos», señala, con dureza, Casson. Ademas, la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos no ha completado el Código de Minería: las reglas integrales que regularán todos los aspectos de la minería de los fondos marinos profundos, incluida la prospección, la exploración y la explotación.

El estudio de Greenpeace alerta de que, si no se toman las medidas adecuadas, se puede producir «un daño irreparable» en todo el ecosistema marino. Recalca los efectos de la maquinaria marina que puede eliminar el hábitat y los organismos del fondo marino, la modificación de las tasas de sedimentación y las redes alimentarias, las contaminaciones acústicas y lumínicas o los efectos sobre el 'carbono azul', que es el que recogen las marismas o las posidonias y puede permanecer en el fondo marino durante cientos o miles de años.

Para Greenpeace, son necesarias dos medidas urgentes para evitar la explotación de esta parte de la Tierra. Por una parte, la creación de una red de reservas naturales que cubran el 30% de los océanos del mundo para 2030, donde estarán prohibidas las prospecciones; por otra parte, la fijación de santuarios por todo el planeta para evitar los efectos de las extracciones, como puede pasar en la llamada Ciudad Perdida,una formación de chimeneas hidrotermales activas que se elevan sobre el fondo marino y pueden contener pistas sobre el origen y la evolución de la vida. Aunque ha sido declarada como Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, se encuentra bajo una amenaza de explotación.