Tecnología y clima

ANTONIO PAPELL

En la actualidad, la UE mantiene como objetivo, derivado del Acuerdo de París, que en 2030 se hayan reducido un 40% las emisiones de gases de efecto invernadero respecto de los niveles de 1990; que el consumo final de energía procedente de fuentes renovables alcance el 32%, y que la eficiencia energética mejore en otro 32%. Si los países más premiosos no aceleran el paso, tales propósitos no se cumplirán. Asimismo, se frustrará el compromiso de alcanzar en 2050 la neutralidad climática, es decir, la no producción de más gases de efecto invernadero de los que la naturaleza es capaz de absorber. Las presiones para combatir el calentamiento global han sido hasta ahora preventivas y teóricas y sus promotores no han conseguido persuadir de forma generalizada a una parte de la opinión pública global. Por ello, lo inteligente sería brindar cambios tecnológicos que faciliten la descarbonización sin necesidad de realizar sacrificios excepcionales ni gastos superfluos que algunos países se resisten a conceder.

En concreto, se darían pasos de gigante en la preservación del medio ambiente si se avanzara en la comercialización urgente y a gran escala del coche eléctrico, un objetivo que si no se realiza con tino y con ayudas estatales puede arruinar a los fabricantes actuales de vehículos. Si los mercados europeos ofrecen pronto en condiciones aceptables los nuevos coches y los países dictan la regulación que asegure la recarga fácil, la transformación se llevará a cabo antes de lo previsto, con lo que la descarbonización se acelerará.

Valdría más, en fin, que se extendiera primero la tecnología, antes de avanzar en la proscripción. La contaminación de las grandes urbes dejaría de ser un problema perentorio si se facilitara la electrificación de los automóviles. Quizá no sea del todo inteligente dificultar el acceso a los centros urbanos con el fin de que todos acabemos un día pasando por el aro de cambiar de coche. Quizá las políticas más eficientes serían las que estimulasen esta transformación para que los problemas de contaminación se disiparan espontáneamente o no llegaran a la gravedad que hoy obliga a adoptar medias radicales.