'Patinetegate'

Ignacio Lillo
IGNACIO LILLOMálaga

Desde que irrumpieron en el escenario urbano he escrito decenas de artículos sobre el fenómeno, pero hasta ahora no me había parado a dar mi opinión sobre lo que está ocurriendo en Málaga con lo que los vecinos han dado en llamar en las redes sociales el 'Patinetegate', término que con su permiso voy a copiar. De entrada, diré como marco general que me gustan los patinetes, como casi cualquier artilugio que sirva para desplazarse por la ciudad con libertad, sin contaminar ni depender del coche. Quienes me conocen se acordarán de que fui uno de los primeros en utilizar una suerte de pequeño ciclomotor eléctrico chino, 'Moskito' se llamaba, para moverme por la ciudad, pero esa es otra historia. También me gusta que algunas de las principales empresas del nuevo sector del alquiler de uso compartido se hayan fijado en Málaga para hacer sus despliegues masivos, y todas hablen de la buena acogida, a pesar de (y vamos con lo que no me gusta) el descontrol general de muchas de estas marcas sobre el uso que le dan los usuarios incívicos a sus flotas. También creo que el precio es muy elevado y tiene tufo a estar pactado (mucha coincidencia es que casi todas las firmas, salvo escasas excepciones, cobren exactamente la misma tarifa); pero eso tendrá que ser la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia la que lo determine.

Otra cosa es la gestión que el Ayuntamiento está haciendo sobre lo que para vecinos de las zonas céntricas (y no tan céntricas) y para las personas con movilidad reducida se ha convertido en un problema. Llegó tarde a regular el caos en las aceras, aunque con una buena solución, como fue la de habilitar 29 puntos de aparcamiento repartidos por toda la ciudad y siempre en la calzada, para quitarle algo de espacio al monopolio del coche privado. Es cierto que faltan muchos más espacios reservados para estos y otros usuarios alternativos de la vía pública (en Lisboa ya hay 200). Al menos, no los ha prohibido, como hicieron otras ciudades.

El problema, como casi siempre que se habla del equipo de gobierno municipal, es que falta capacidad de decisión: en el Centro y su entorno lo que sobran son automóviles, que se comen casi todo el escaso espacio disponible. Si Málaga aspira a ser una ciudad inteligente y sostenible los patinetes y cualquier otro vehículo alternativo tienen que poder circular por calzadas limitadas a un máximo de 30 km/h. Con la misma vigilancia y sanciones que el resto. Parece obvio, pero las aceras tienen que ser para los peatones, los viandantes, los niños, los carritos de bebé, las personas con diversidad funcional y los mayores. Y, por supuesto, si cualquier empresa quiere desempeñar una actividad económica tiene que pagar tasas, ganarse el derecho en un concurso y demostrar que cumple día a día. Todo lo demás, sólo sirve para darle patadas 'palante' al patinete.