'Mansplaining'

Dícese del comportamiento, generalmente de un varón hacia una mujer, en el que explica de forma condescendiente o paternalista aspectos que ella ya conoce, incluso mejor que él. Casado se marcó el pasado domingo, con el embarazo y el aborto, un 'mansplaining' de manual

Elena de Miguel
ELENA DE MIGUELMálaga

Cuenta la escritora estadounidense Rebecca Solnit que durante una fiesta se le acercó un hombre interesándose por su faceta literaria. Ella le hizo referencia a su último libro, sobre el fotógrafo e investigador británico Eadweard Muybridge. No pudo explicarle mucho más. Su interlocutor le interrumpió y preguntó, en un intento no bien calculado por iluminar la ignorancia de la escritora, si había escuchado hablar del libro «más importante» que había salido ese año sobre Muybridge. El final de la historia se la pueden imaginar: el ejemplar del que hablaba el osado -ella lo llama 'Mr Very Important'- era el de Solnit. La anécdota es, sin duda, el momento más bochornoso que la autora describe en su artículo 'Men Explain Things to Me' ('Los hombres me explican cosas'), que posteriormente plasmó en un libro.

Su caso se suele poner como ejemplo de 'mansplaining': comportamiento, generalmente de un varón hacia una mujer, en el que se explica de forma condescendiente o paternalista aspectos que ella ya conoce (o, incluso, maneja mejor que él). La Fundéu ha intentado castellanizar la expresión y permite la horrible traducción 'machoexplicación'. Me van a perdonar, pero me quedo con la versión inglesa, que desprende menos testosterona.

Nos podemos hacer las estupendas o incluso las rubias, como decía Cifuentes -«Cuando te reúnes con hombres y te haces la rubia, consigues muchísimo más» (abril 2017, antes del barullo del máster, del súper, de todo)-, pero que levante la mano la mujer que no haya vivido una situación, si no tan exagerada como la de Solnit, sí parecida, y, en un alarde de buena educación haya sobrellevado la perorata para que el pavo real pueda desplegar su espléndido plumaje.

El señor Casado se montó el pasado domingo un 'mansplaining' de manual. «Creo que es bueno que las mujeres embarazadas sepan lo que llevan dentro: una vida autónoma». Lean la frase de nuevo. No quiero ni siquiera entrar en el trasfondo ideológico -que ninguna mujer tome la decisión de abortar por presión externa, dijo-, sólo les propongo que interpreten cómo lo planteó. Es bueno que ellas sepan, ergo no saben, o no saben lo suficiente, o quizá necesiten que nosotros les enseñemos o las orientemos para que sepan lo que hay que saber; porque yo sí lo sé o sé más que ellas y, por eso, lo expreso así, para que quede en evidencia que entre las mujeres hay ignorancia sobre lo que yo hablo y, por supuesto, sé.

Casado no está explicando cómo se forman los cumulonimbos, ni cómo hay que prepararse físicamente para coronar el Everest, aspectos sobre los que quizá sea un gran experto. No: quiere aclararnos a las mujeres lo que llevamos en nuestro útero cuando nos quedamos embarazadas. Portentoso.

Por cierto, la Fundéu aconseja que se utilice mejor «condescendencia machista» o «condescendencia masculina» si el contexto lo permite. Pues eso.