Hoy no es un día cualquiera

Un excepcional libro de 1.300 páginas conmemora el I Centenario del Colegio de los Agustinos en Málaga y los 50 años de Los Olivos. -Encarni Navarro bate todos sus registros al protagonizar con su grupo más de 20 'zambombás' en estas fiestas. -El dolor de la barriada de Campanillas en la multitudinaria despedida a su vecina Josefa Galindo.

Pedro Luis Gómez
PEDRO LUIS GÓMEZ

Hoy es el día más grande para los más pequeños. El 6 de enero es una fecha mágica, cargada de ilusiones, donde los niños son los principales protagonistas. Acostarse nerviosos porque llegan Melchor, Gaspar y Baltasar, o levantarse nada más llegar el alba y salir escopetados para el salón es la máxima magia de la Navidad. Los orígenes, la tradición y la cultura, mal que les pese a los chalados de turno, se lleva en la sangre, se quiera o no. Reyes Magos es un día para disfrutarlo, y muchos lo hacemos a lo grande, acabando empachados con los roscones de El Colmenero, Aparicio, La Canasta, La Exquisita, Lepanto, Pathelin, Guzmán, Tejeros, Las Delicias o tantos y tantos otros establecimientos que han conseguido hacer de tal dulce verdaderas obras de arte, y con una oferta de sabores que más de uno la hubiéramos querido tener en nuestra infancia, cuando lo único que había era roscones de reyes sin nada o con nada (y no es un error, no quería decir nata)...

En un día de hoy cargado de regalos, sin duda uno de ellos ha sido para los alumnos agustinos, que han tenido un 2018 cargado de celebraciones: un monumental libro que se ha editado por parte de la Asociación de Antiguos Alumnos, una obra para la historia de Málaga, una aportación ambiciosa que los estudiosos agradecerán hoy y mañana, porque en sus 1.300 páginas (sí, han leído bien, 1.300 páginas, dos kilos 'en canal' de libro) está parte de la vida de Málaga de los últimos 100 años. El libro fue presentado el viernes en el salón de actos del cincuentenario Colegio de Los Olivos ante cerca de 200 personas y ha sido posible gracias a la ayuda de la Fundación Unicaja, que entendió que el proyecto es una aportación histórica de primera magnitud, porque de otra forma hubiera sido imposible. Perfectamente distribuidos en capítulos, con un riguroso orden cuasi científico del que sólo su principal mentor, el conocido astrónomo e investigador malagueño Alberto Castro-Tirado, podía dotarlo, en este libro hay artículos y colaboraciones de 130 antiguos alumnos, muchos de ellos hoy importantes personalidades de la vida social, cultural y política de Málaga y de España, y un enorme fondo fotográfico de gran valor merced al padre Pablo Mayo, presente en el acto junto al histórico padre Laureano Manrique, quien fue el encargado de hacer una semblanza cargada de emotividad y significado. El libro 'Centenario de la Enseñanza Agustiniana en Málaga (1918-2018)' es una verdadera joya, con historias de gran valor documental, semblanza de personas que dejaron huella en Málaga, crónicas de hechos acaecidos entre las paredes de los dos colegios y un sinfín de anécdotas e historias de gran valor por su aportación. Es, en cierta manera, una crónica de cien años de vida de Málaga. Los ejemplares que se pusieron a la venta, 'volaron', y ya se esperan nuevas remesas de libros porque se agotarán. Las vivencias de decenas de miles de malagueños formados en sus aulas a lo largo de 100 años, el peso de la formación agustiniana en la vida social y cultural de Málaga (trece pregoneros de Semana Santa, cinco presidentes de la Agrupación, al menos dos alcaldes... y un largo etcétera). La edición de la publicación ha corrido a cargo del referido Castro-Tirado, a la sazón presidente de la AA Alumnos, Juan José Téllez y Laureano Manrique, sin duda uno de los grandes protagonistas del acto en el que además intervinieron el prior de la Comunidad Agustiniana en Málaga, padre Agustín Herrero de Miguel, y la concejala de Cultura del Ayuntamiento de la capital, antigua alumna de Los Olivos, quien además tuvo un feliz y emocionado reencuentro con Laureano Manrique, que fue profesor de varios de sus cursos.

Los beneficios de la venta del libro que recoge los 100 años de San Agustín y los 50 de Los Olivos se destinarán a becas para alumnos del colegio. Fue un gran día que trajo con un gran regalo para Málaga.

Navidad es sinónimo de alegría, de fiesta y a la vez de nostalgia, pero también para muchos de trabajo. Trabajo que viene como agua de mayo que dice el refrán. Y como son días de fiesta y jarana, la que no ha parado es Encarni Navarro, que se está consolidando como una de las artistas malagueñas de mayor proyección local. La bautizada en su día como 'La reina del Pimpi', ha sido protagonista en apenas un mes de 20 'zambombás', tradición muy jerezana que se ha importado a todos los rincones andaluces. Ella y su grupo han hecho felices a más de 6.000 espectadores directos, aparte el gran número de visualizaciones que sus actuaciones tienen en redes sociales. Cuando se le pregunta a Encarni cuál es el secreto de su éxito, siempre responde de la misma forma: «Lo tiene Málaga, con su arte y su magia. No podemos dejar de apostar por las tradiciones malagueñas, porque aparte de todo, en el espectáculo hay muchos cantes y letras de las reuniones que en los barrios se celebraban en nuestra tierra por estas fechas. Esta es la magia de la Navidad. De verdad, que yo lo veo con estos ojitos cuando actúo...».

Han sido estos que hoy terminan unos días de alegría para la mayoría, pero no para todos. Si perder a un familiar querido es duro siempre, en estas fechas tiene un doble aguijón que te atraviesa el alma. El día 31 fallecía Josefa Galindo, madre del conocido empresario malagueño Federico Beltrán, propietario de Famadesa. Matriarca de una gran y amplia familia, Josefa era un referente social por su generosidad y su forma de ser en Campanillas, barriada en la que siempre vivió. Y Campanillas entera se volcó con su vecina, una mujer buena entre las buenas, que siempre ayudó a quien se le acercó quizás porque sus humildes orígenes (más bien humildísimos se podría decir) le hicieron comprender desde muy niña que se tenga lo que se tenga hay compartirlo siempre. Cientos de personas abarrotaron San Gabriel el día 1, porque aunque era un jornada inhábil para los medios de comunicación, la noticia de la muerte de Josefa corrió como reguero de pólvora de boca en boca. Pero no sólo se volcó Campanillas, sino que no pocos vecinos del granadino municipio de Las Gabias quisieron estar en su despedida para dar el pésame a la familia Beltrán Galindo. Porque Campanillas y Las Gabias son dos núcleos unidos gracias a Josefa Galindo. La historia es tan sencilla como hermosa: en los años 60, el auge de la cerámica en la zona de Colonia de Santa Inés y de Campanillas fue muy importante, y desde Las Gabias muchos tuvieron una oportunidad en esta actividad para buscar una vida mejor, aunque no pocos, por los duros tiempos que corrían, lo pasaron francamente mal. Entonces, Josefa tenía un pequeño puesto en Campanillas (kiosco que abrió tras años de durísimo esfuerzo personal trabajando en el campo como jornalera junto a su esposo Guillermo) y allí los inmigrantes venidos de Las Gabias encontraron no sólo un lugar para adquirir sus alimentos más elementales para vivir, sino también una amiga que escuchaba sus historias, alegrías y penas, y que les ayudaba siempre que podía. El cliente era su amigo y se llevaba el pan o las patatas o la leche con dinero o sin dinero, que para eso ella les fiaba. Por todo lo dicho, el cementerio se quedó pequeño para acoger a tanta gente el primer día de 2019. Cientos de vecinos y amigos, numerosas personalidades, encabezadas por el alcalde Francisco de la Torre, acompañaron a los hijos, nietos, bisnietos y demás familia en los actos de su despedida, una despedida que sin embargo nunca equivaldrá a olvido. Por cierto, la misa funeral por el alma de Josefa Galindo tendrá lugar el próximo viernes, a las 19,30 horas, en la iglesia parroquial de Campanillas. Descanse en paz Josefa, a quien el que esto firma tuvo la suerte de conocer hace 40 años, y un abrazo sincero para su familia.

Nos vamos. Hoy es 6 de enero. Día de los Reyes Magos. Disfruten de la vida y sobre todo rodéense de buena gente como Josefa. Merece la pena. Y mantengan nuestras tradiciones y forma de vida. Para destruirlas ya hay por ahí verdadero profesionales. Y sean felices. Ni lo duden.

 

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