De dragones y urnas

JOSÉ ANDRÉS TORRES MORA

Podría decir que es una cosa nueva, un invento de los estrategas electorales norteamericanos, que hemos importado para nuestra desgracia, pero no sería justo con Alcibíades. La historia es bien conocida, se cuenta que el célebre político griego cortó el rabo a su hermoso perro, otros dicen que lo esquiló, y que cuando le preguntaron por qué lo había hecho respondió: «Porque así hablarán de mi perro y no de los errores de mi gobierno».

Cuando el líder de ese nuevo y retrógrado partido que la amable lectora, o lector, sabe dice que es bueno que cada uno de nosotros tengamos un arma con la que poder disparar a cualquiera que entre en nuestra casa a robar no está haciendo otra cosa que alejar la atención ciudadana de su propuesta de privatizar la sanidad y las pensiones. Por cierto, que es bastante más frecuente que entren por la puerta de las casas españolas la enfermedad y la vejez que un delincuente. Y precisamente lo que se propone es desarmarnos frente a la enfermedad y a la vejez. Cuando el líder del PP dice que el presidente Sánchez prefiere dar la mano a quienes las tienen ensangrentadas por los asesinatos de ETA que a quienes las tienen blancas, no está haciendo otra cosa que tratar de blanquear las manos de un partido cuyo último presidente envió mensajes de ánimo a un delincuente, para más señas el tesorero de su organización, que se había llevado una importante suma de dinero a Suiza, y para hacer olvidar ese pequeño detalle, y otros no menos graves, tiene que cortarle el rabo al perro, o la cabeza, si es menester.

Para alguien que pertenece a la cultura política democrática que se desarrolló en la postguerra europea del siglo pasado, la agenda del debate político de cara a las elecciones del domingo próximo debería centrarse en asuntos como los efectos del cambio climático, las consecuencias para el empleo del desarrollo tecnológico, la emancipación familiar de nuestros jóvenes, la financiación de nuestro Estado del Bienestar, o la gobernanza de la globalización, pero no parece que quienes crean la opinión pública en España, o en Finlandia, vayan por ahí, habiendo asuntos mucho más morbosos. Y pocos asuntos más morbosos que el que podríamos llamar: «ellos y nosotros».

La izquierda supo desde muy pronto que el nacionalismo, más que un perro, es un verdadero dragón capaz de disputarle la agenda social. Cuando el nacionalismo divide a la izquierda, la causa social y hasta la causa de las libertades democráticas está en peligro, como vemos con el auge del partido ese que usted sabe. Por eso nunca he tenido la menor duda de que ERC no solo no es de izquierdas, sino que, además, hace un gran servicio a la derecha. Tampoco la tengo sobre la marca catalana de Unidas Podemos, cuando su candidato se ofrece como «el voto útil del independentismo sensato». Como si la división de las sociedades con nuevas fronteras pudiera ser sensata. Si me das a elegir, Rufián, entre tú y Cayetana Álvarez de Toledo, me quedo con Meritxell Batet. Con música de Rosalía, por supuesto.