Doblete bajo los focos

José Vicente Astorga
JOSÉ VICENTE ASTORGA

La vehemencia resulta una herramienta muy valiosa, inevitable en campaña aunque venga sin manual de instrucciones y con las cualidades del fuego, ese material de doble uso que permite iluminar o achicharrar las razones del candidato para restar brillo a las del contrario. Todos se creen a salvo antes de entrar al histórico doblete televisivo provistos de chaleco ignífugo, pero es muy difícil escapar de un monte incendiable que las encuestas dibujan como de orégano. Algunas cosas nada vehementes acaban convertidas también en cenizas. Que se lo pregunten a Rajoy, que tuvo que olvidarse para siempre de la suerte de aquella cándida niña que sacó al escenario para ayudarle a medirse con Zapatero. Siete años después no había espacio para la buenas intenciones impostadas de la noñería marketiniana y a aquel personaje 'ruiz', según Sánchez, no le quedó más remedio que descender a su altura. Del clima de tensión y descalificaciones que los marcaría ya para siempre, el líder del PSOE acabó llevándose del hoy registrador una nota simple con un chaparrón de adjetivos -«mezquino, deleznable y miserable»- a tono con ese debate de 2015 en el que el expresidente obtuvo bajo los focos el nada tranquilizador título de indecente. Una campaña electoral no es tiempo de extintores y en ella abunda más la llamarada después del humo, el reparto de leña que no siempre es madera dialéctica sino pura descalificación. Cuando la temperatura sube, el viento es seco y la realidad está que arde es difícil resistirse a la tentación de simplificar los mensajes y mucho menos de etiquetar al adversario como mercancía moral en rebajas. Los asesores de campaña no quitan ojo a la hemeroteca para preparar a sus púgiles en este comienzo de semana inédito por la cantidad e intensidad previsible del rifirrafe a cuatro. Pedro Sánchez necesitará doble ración y dejar ese espíritu zen con el que quería moverse hasta ahora como un coche híbrido, casi sin ruido ni desgaste de imagen mientras hacia su paseo por el bosque incendiado. No había por qué enfadar a los dioses demoscópicos, pero ahora todo se ha convertido en una ouija endemoniada donde el espectro de Vox está, aunque la Junta Electoral Central haya hecho su conjuro. La vehemencia no siempre es el envoltorio mejor para las ideas aunque algunas sin ella se quedan en cánticos patrióticos. La mochila de desprecio y descalificación suele venir de la mano de la soberbia. Del PP e IU son la 'misma mierda', según Felipe González, a la tribu de separatistas y batasunos con la que Casado resume los presumibles apoyos de Sánchez hay un camino a la vista fácil de volver a andar. Un debate en televisión vale por muchos mitines, pero no debiera ser la hipérbole del peor mitin. Corren tiempos de simplificaciones y dieta estricta de eslóganes que son ideas con clembuterol. España está atenta a la pantalla, pero ellos suelen cambiar de canal.