Juan Marín: El mayor triunfador de una noche histórica

Juan Marín: El mayor triunfador de una noche histórica
FELIP ARIZA
Alberto Gómez
ALBERTO GÓMEZ

Partía como el candidato más desconocido de las cuatro principales fuerzas políticas, pero Juan Marín, siempre discreto, dio ayer un golpe en la mesa. Votó en Sanlúcar de Barrameda, donde las mesas electorales tuvieron que abrir con dos horas de retraso por la falta de papeletas de Equo, pero la incidencia no alcanzó condición de presagio. El candidato de Ciudadanos sale más reforzado que cualquiera de sus contrincantes; lidera una formación que crece frente a una representación cada vez más menguada del PSOE y el PP. Tampoco Adelante Andalucía, la coalición entre Podemos e IU que ha obtenido 17 escaños, menos de los que lograron antes de su alianza, le supera por la izquierda.

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Rompió en septiembre el acuerdo de investidura alcanzado con Susana Díaz, obligada a convocar elecciones anticipadas. «Ni siquiera me ha enviado un WhatsApp», lamentó Marín. La queja dibuja bien al personaje: un hombre sencillo y atento a los detalles que huye de los discursos incendiarios y los enfrentamientos para presentarse como la alternativa sensata al bipartidismo. Su cara ni siquiera aparecía en las banderolas electorales y la irrupción de Javier Imbroda como cabeza de lista por Málaga amenazaba con ensombrecer su liderazgo, pero Marín, técnico deportivo que se hizo cargo del negocio familiar, una joyería, tras la muerte de su padre, se ha revelado como la gran sorpresa de estos comicios. Lo sabe y ahora no se conformará, al menos de inicio, con ser el vicepresidente de Juanma Moreno; Albert Rivera, que siempre ha confiado en él como candidato en Andalucía, aunque a veces parecía arañarle más protagonismo del necesario con sus intervenciones en campaña, ya ha anunciado que su hombre fuerte en el sur presentará su candidatura para liderar el cambio en la Junta. Basta de segundo plano.

Sin perder el discurso unionista de su partido, con numerosas referencias al proceso catalán, Marín ha preferido arrogarse otras conquistas esta legislatura; saca pecho, con un grupo formado por nueve diputados, de haber echado a Chaves y Griñán del Parlamento y haber suprimido el impuesto de sucesiones. Su paso por el Parlamento ha estado caracterizado por la mesura de su carácter, aunque ahora le harán falta algo más que buenas maneras para negociar con el PP. Lo más difícil, desalojar a Susana Díaz de San Telmo, ya está prácticamente hecho. Ha sido su gran obsesión estas semanas: cambio, cambio, cambio. Falta saber si realmente lo liderará o aceptará un papel secundario.

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