Mayoral Maristas: la ilusión sigue intacta 30 años después

Treinta años después, los protagonistas/MIGUE FERNÁNDEZ
Treinta años después, los protagonistas / MIGUE FERNÁNDEZ

Aficionados,técnicos, directivos y jugadores se reunieron en el Colegio Maristas para rememorar el ascenso a la Liga ACB

Juan Calderón
JUAN CALDERÓN

Málaga. Muchos de los que hoy leerán esta información serán tan jóvenes que sólo habrán escuchado hablar del Mayoral Maristas de oídas, de lo que cuentan los más veteranos. Un equipo de colegio, que se codeó con la élite nacional hace ahora treinta años. Parece de ciencia ficción. Imposible de imaginar en los tiempos actuales en los que el deporte profesional ha alcanzado unos niveles de dificultad económica y deportiva máximos. Pero aquello sucedió en Málaga y marcó un hito a nivel nacional. Se podría decir que si el Unicaja es hoy lo que es, también se debió a aquella fusión con el Maristas, pues el flujo de ideas, ganas y profesionales que llegó del equipo del colegio de la calle Victoria fue enorme. La ilusión que marcó aquel proyecto sigue viva treinta años de que alcanzase su techo deportivo, el ascenso a la Liga ACB en la temporada 1987-1988. Fue visible en el acto en el que se celebró ayer en Maristas. Como hace treinta años, se juntaron uno grupo de amigos con unas ganas enormes de disfrutar, de volver a verse, de recordar y de, por qué no, sentir lo que se vivió entonces. Emocionado estaba Javier Imbroda mientras recibía besos y abrazos de exjugadores, directivos y aficionados de la época. «Es una maravilla que un hecho tan singular como aquello que pasó, que un equipo de colegio consiguiese aquel ascenso, esté rodeado de tanto afecto y tanto cariño. Eso es lo que me emociona verdaderamente», afirmaba a SUR.

El acto no sólo sirvió para reunir a los protagonistas del ascenso, sino a buena parte del mundillo baloncestístico de la ciudad. Allí estuvieron José María Martín Urbano, entonces en el bando contrario, el Caja de Ronda, y que aguantó estoicamente las bromas de rivales del pasado, pero amigos, también Damián Caneda, Pedro Ramírez, Manolo Morales, Salvador Gallar, Jacinto Castillo, Juanma Rodríguez, Alfonso León –cuyo hijo juega ahora en el Unicaja–, José Pedro García, Juan Miñana, Javier Olmedo, Eduardo García, Paco Ramos Llorca,Víctor Campos y Sergio Risoto; entre otros.

Fernández, el talento

Uno de los más solicitados era Enrique Fernández, uno de los artífices del ascenso del Mayoral y uno de los grandes talentos de aquella generación de jugadores nacionales. Hoy en día no tiene ninguna vinculación con el mundo del baloncesto por lo que para él fue muy especial la reunión de ayer. Fernández apela al espíritu colectivo como éxito de aquel Mayoral Maristas. «Éramos un grupo muy homogéneo en el que, lógicamente, 'los Smith' eran las estrellas y los demás trabajábamos para el equipo, para el grupo y para el objetivo final que era ganar los partidos. A veces podía ser el tercer jugador en puntos y minutos, pero destacábamos por el colectivo. Hoy ha sido un día muy especial. En algunos casos hacía 20 años que no veía a algunos amigos y directivos de la época que estaban con nosotros. Recordar aquello ha sido muy gratificante».

Fernández terminaba de abrazarse con Nacho Vera, entonces coordinador de la cantera de Mayoral y que realizó un gran trabajo en la base. «Para la gente que estuvimos en aquellos años en los que coincidieron dos equipos de baloncesto, fue algo maravilloso. El carácter familiar de ese proyecto es lo que permite que hoy en día exista la ilusión que percibimos. Nos dieron el premio Joaquín Blume a nivel nacional por ser una institución que promovía de gran forma el deporte. Es un hito que no sé si tiene comparación en España. Fueron momentos muy entrañables. Me ha encantando volver a ver al hermano Julián o a Jacinto Castillo, verdadero promotor del deporte aquí, además de Pedro Ramírez y Javier Imbroda, claves en el gran trabajo de cantera», recordó Vera.

Feliz también estaba uno de los integrantes del equipo que logró el ascenso, Jesús Peña, que el viernes comenzó los actos de celebración con una cena en el Balneario con algunos de sus compañeros de vestuario. «Encontrarte con gente que de la nada formó una familia y llegó a competir con los grandes del baloncesto nacional ha sido algo único. Hacía mucho tiempo que no veía a Juan Miñana, también a Enrique Fernández y al hermano Julián, persona clave en todo lo que sucedió entonces», dijo.

Esta reunión de amigos terminó en el salón de actos del colegio. Allí se proyectó un vídeo editado por Jacinto Castillo, uno de los grandes impulsores de aquel Mayoral Maristas, y que ayer demostró ser todavía un perfecto agitador de masas. Todos quedaron para volver a verse dentro de treinta años. Hasta entonces.

Imbroda: «Me he sentado en mi banquillo; es el mismo»

Muchos de los asistentes a la conmemoración de los treinta años del ascenso del Mayoral Maristas a la Liga ACB hacía muchos años que no pisaban el colegio de la calle de La Victoria, así que cuando entraron al pabellón en el que empezaron a fabricarse las gestas del equipo, a algunos se les pusieron los pelos de punta. Casi todo estaba igual, con la grada en uno de los laterales, las vitrinas con los trofeos en todo lo alto y el característico suelo de madera con ese clásico color oscuro. A Javier Imbroda, entrenador del equipo entonces, se le iluminó la cara cuando entró en el pabellón en el que, además de entrenar, daba clases de gimnasia a los alumnos durante una época. «Está igual», le decía a su esposa. «Todo igual. Las gradas, los vestuarios están igual, el suelo, las canastas colgando del techo... Hasta los carteles de no fumar, siguen en el mismo lugar. Incluso me he sentado en mi banquillo, es el mismo. Esto es muy especial», reconocía.

La pista del pabellón fue el escenario elegido para una gran foto de familia con jugadores, directivos, aficionados y muchas caras conocidas del baloncesto malagueño, y también el punto de encuentro para abrazar a los que fueron compañeros de equipos y también de colegio, pues este treinta aniversario del ascenso fue la excusa perfecta para que muchos exalumnos de Maristas volviesen al colegio a ver a sus ídolos. Eran los mismos que entonces veían como espectadores unos partidos que se caracterizaban por un formidable ambiente desde esa grada de cemento, que sigue imperturbable con el paso de los años. Testigo de un hito histórico. El del Mayoral Maristas.

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