La canción del hijo pródigo

La plaza de La Nogalera vivió un llenazo para recibir a su hijo pródigo, Danza Invisible, después de más de una década. /
La plaza de La Nogalera vivió un llenazo para recibir a su hijo pródigo, Danza Invisible, después de más de una década.

Danza Invisible convierte en una fiesta su concierto en Torremolinos tras doce años de silencio

FRANCISCO GRIÑÁNMálaga

Había ganas y se notaba. Lo de Danza Invisible con Torremolinos ha sido una anomalía. El grupo que consiguió que la Costa del Sol fuera un barrio de la movida madrileña llevaba doce años sin tocar en la tierra que lo vio nacer hace más de tres décadas. Un silencio que ayer tuvo el único final que podía tener: un sonoro concierto convertido en una fiesta colectiva en la que este hijo pródigo musical repasó los grandes éxitos de su discografía para disfrute de los poperos, rockeros y latinos. Una celebración que arrancó con el sonido de los ochenta de El pintor y la modelo y con una frase que Javier Ojeda no había podido decir en mucho tiempo: «Buenas noches, Torremolinos».

El líder del grupo no se quedó ahí. Se encontraba en casa y tenía ganas de contarlo y cantarlo. «Este pueblo es mío. Tanto como de todos vosotros. Me ha dolido mucho, pero no quiero mirar hacia atrás con ira porque los músicos somos músicos», aseguró ante un público entregado al que pidió que en el futuro no permitan que se «vete a nadie gobierne quien gobierne». Fue el momento más comprometido de una fiesta en la que Ojeda también se acordó de uno de los fundadores de la banda, el batería Ricardo Texidó. Y como si fuera un guiño al excomponente, lo que siguió fue uno de los primeros éxitos del grupo allá por 1983: Al amanecer.

Antes ya habían puesto A sudar al personal, habían recordado la inconfundible El pintor y la modelo y le sacaron El brillo de una canción como solo ellos saben hacerlo. Treinta y tres años de biografía musical pasaron anoche por el escenario de la plaza de La Nogalera, que linda a sus espaldas con la calle Danza Invisible. Y ayer Cristóbal Navas, Manolo Rubio, Antonio Gil y el inquieto Javier Ojeda demostraron que la calle donde viven para siempre en Torremolinos podía pasar a tener categoría de avenida. De inmensa avenida. Como ellos. Después de tres décadas en danza, la banda sigue teniendo en el directo una de sus grandes virtudes con un sonido poderoso y cómplice, y con un incombustible Ojeda que tiene gasolina para rato. Anoche, como siempre, no paró ni su verborrea ni sus viajes de punta a punta del escenario. Hasta se bajó del escenario para decirle a más de uno al oído que es Tiempo de amor.

A escasos metros

De calentar la plaza del pueblo se encargó la banda telonera Stereo 80 que completó el regreso al futuro con un repertorio de versiones ochenteras de dioses como U2, Eurythmics o Europe. Esos grupos que se disputaban la lista de éxitos con los Danza, que consiguieron su primer disco de Platino con Reina del Caribe o Sabor de amor, «un tema compuesto a escasos metros de donde os situáis», avisó Javier mientras el público acababa la letra de esta última canción por él. También fue muy mentada una de las mujeres de la banda. Todos a una, La Nogalera a coro cantó: «Ya no puedo darte ná, Catalina, na».

Danza Invisible demostró anoche que se ha convertido en uno de esos grupos que en los conciertos convocan a público de varias generaciones. Desde los que se bebieron hasta la última gota de los ochenta al grito de El club del alcohol tocada como gran final de fiesta hasta los hijos de los ahora cincuentañeros que anoche descubrieron algún que otro tema que la banda tenía en el baúl de los vinilos, casi de la melodía de Agua sin sueño o esa letra de culto que es El ángel caído.

Miles de personas se quedaron Sin aliento en una noche histórica para la banda de Torremolinos que esperó A este lado de la carretera el fin de su anomalía. Y qué fin.

 

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