EL JULI Y URDIALES, UNA RIVALIDAD

BARQUERITO

Como todas las corridas de dos espadas y un rejoneador, la de Beneficencia se atuvo a la ley del cortafuegos en el paso de la primera a la segunda parte mitad. Los protagonistas del cartel eran, con cuatro y no seis toros de Núñez del Cuvillo, El Juli y Diego Urdiales. De los dos toros despuntados para rejones dio cuenta, en papel secundario, Diego Ventura, Una exhibición más de doma que de toreo. Por la falta de celo del cuarto de corrida y por la manera de soltarse del primero. Los aires y alardes de monta se celebraron. No tanto los aciertos en las reuniones y clavadas. El toro, herido de un solo rejón de hoja de peral, murió reculando. La muerte, por espectacular, provocó un flamear de pañuelos.

La única oreja de premio de toda la tarde. Pudieron ser más, pero no tuvo remate con la espada ninguna de las dos faenas relevantes de la corrida: la de Urdiales al único de Cuvillo que pudo matar, de vibrante juego, y la de El Juli a un jabonero cinqueño de 620 kilos. El Juli había toreado por delante un toro muy frágil que se iba de las manos al menor empeño y lo había hecho con pulso del bueno. Hubo gritos censores por el toro, pero tres tandas finales a cámara lenta y enroscado El Juli con el toro acallaron las disidencias. El toro rodó sin puntilla.

El segundo de los cuvillos en juego le atravesó la nalga contra tablas de un burladero a un peón de la seguridad de Víctor Hugo Saugar, que acababa de salir confiado de un par de banderillas pero le había perdido la cara al toro y, perseguido, no tuvo tiempo de ganar del todo la tronera. La cornada, contra las tablas, de 35 centímetros en el glúteo izquierdo y lesiones varias en músculos y nervio ciático, fue con orificio de salida en la cresta iliaca.

Hubo que hacer de tripas corazón y Diego Urdiales se acabó enredando con el toro en una faena con el sello del toreo de cámara, de impecable composición y nada sencilla armonía, pues, traído por los vuelos, el toro se alborotaba no poco al tomar engaño.

Cinco, seis tandas, ligadas en el sitio, todas abundantes, salpicadas de remates clasicistas y un final de caro rigor: una tanda con la izquierda labrada a golpe de muñeca, ceñidísima. Inspiración y firmeza. La belleza clásica. Con la gente volcada, Urdiales atacó en la suerte contraria con la espada, atravesó e hizo guardia al toro, que se salió hasta los medios. Un aviso, tres golpes de verduguillo. Aplaudieron en el arrastre al toro.

Parecía obligada una respuesta si no réplica de El Juli. La hubo y sin hacerse esperar: en el recibo del larguísimo jabonero. Cuatro mandiles ajustados muy bien tirados y media cadenciosa de remate. Con bis en el quite tras la primera vara. La salida de Urdiales en su turno de quites no fue afortunada.