Los Sugus, dulce aliado de las matemáticas

Sergio Guirado, rodeado de sus alumnos de primer curso de la ESO del Sierra de Mijas, con los caramelos que usa en sus clases. /Ñito Salas
Sergio Guirado, rodeado de sus alumnos de primer curso de la ESO del Sierra de Mijas, con los caramelos que usa en sus clases. / Ñito Salas

Sergio Guirado enseña el teorema de Pitágoras con caramelos, las potencias con dados, el número pi con la tapa de una olla y una cuerda y las fracciones, con los resultados de una búsqueda en Google

Francisco Gutiérrez
FRANCISCO GUTIÉRREZ

Sergio Guirado llega a su clase de primero de la ESO en el instituto Sierra de Mijas con una gran bolsa de caramelos Sugus. Pero no es que sea su cumpleaños y vaya a repartir una golosina a sus alumnos. Es el material con el que explicará el famoso teorema de Pitágoras. Mientras desarrolla su clase, con unos alumnos más inquietos de lo habitual por la presencia de los periodistas, el profesor saca de un armario un montón de cubos, realizados por los propios alumnos, con los que explica las potencias. También hay piezas de lego, con las que les enseña los múltiplos y divisores. Y otro concepto abstracto, como es el número pi, se hace mucho más fácil de entender con la tapa de una olla y una cuerda. «Trato de hacerles ver la utilidad práctica de lo que estudian», asegura el profesor, natural de Almería, licenciado en Matemáticas por la universidad de aquella ciudad y que lleva cinco años trabajando por distintos institutos malagueños.

Sobre una mesa apila los caramelos para explicarles el teorema de Pitágoras (en todo triángulo rectángulo, el cuadrado de la longitud de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de las respectivas longitudes de los catetos): la forma rectangular de los caramelos le permite apilarlos para así sacar las proporciones que demuestran el famoso teorema, ante la sorpresa de algunos de ellos al comprobar con qué facilidad se resuelve una ecuación en principio tan abstracta.

«Así lo entiendo mejor»

Sus alumnos dan fe de que las clases son más divertidas y dinámicas. Christian García Gallegos, de 13 años, asegura que «manipulando los objetos se quedan mejor los conceptos». Andrea Pironi Caro afirma que las clases de Sergio «son diferentes a las demás», y reconoce que «jamás hubiera pensado que me enseñarían matemáticas con caramelos». Ali Sadaqat, de origen paquistaní, dice que ésta es su asignatura favorita, y que nunca había tenido un profesor «tan bueno». Amanda Maninen, de Finlandia, encuentra que estas clases «son mucho más divertidas que las de antes, con solo explicaciones y tareas». A Katie Flanagan, inglesa, no se le da bien esta asignatura, pero con Sergio «es muy diferente, este año ya estoy entendiendo mejor las explicaciones».

Mejores resultados

Sergio Guirado también recurre a internet para explicar conceptos matemáticos. Plantea a sus alumnos un juego, buscar en Booking los alojamientos que hay en Mijas. A partir del resultado, tienen que identificar cuántos son hoteles, o los que tienen wifi o admiten mascotas sobre el total, lo que les facilita calcular fracciones e incluso a simplificar. «Lo que más me interesa es que las matemáticas estén cerca del alumnado y relacionarlas con su vida cotidiana», afirma. Con estas técnicas, la atención en clase es mucho mayor, e incluso los resultados académicos han mejorado notablemente.

Este profesor del IES Sierra de Mijas publica un cuento ilustrado que facilita aprender el cálculo de áreas de polígonos regulares a través de un partido

En la pizarra, Sergio Guirado explica el área de figuras geométricas. Y aquí echa mano de un personaje de ficción, Mateo, un joven que solo sabía una fórmula, pero fue todo lo que necesitó para aprender a calcular el área de diferentes polígonos regulares. Una inspiración que le llegó cuando practicaba su deporte favorito, el fútbol. El campo, la portería, la posición de los jugadores... sirven a Mateo para ir aprendiendo la lección de geometría mientras practica su deporte favorito. 'El futbolista que solo sabía una fórmula' es el título de este cuento, dirigido a alumnos de quinto de Primaria hasta primero o segundo de la ESO. Va por su segunda edición y cuenta con las ilustraciones de su hermano Manuel.

La idea, explica el profesor, surge de su experiencia en el aula y de comprobar que «el interés de los alumnos está muy lejos de lo que les enseñamos». De esta manera, un día en clase preguntó a un alumno «que nunca hacía los deberes» a qué se dedicaba cuando llegaba a casa. «Me contestó que lo primero que hacía era ver el programa de deporte de los Manolos de Cuatro. Por esto se me ocurrió intentar acercar los contenidos de las matemáticas a las cosas que más les gustan, y le aseguro que el fútbol a esas edades es una de sus prioridades», afirma Sergio Guirado.

«Lo que pretendo es que no solo aprendan geometría, sino que también adquieran recursos para no memorizar fórmulas sin más, utilizando para esto materiales manipulativos (en este caso fabricamos en cartón todas las figuras y las tratamos encima de la mesa a la vez que leemos)», explicar el profesor y autor del cuento.

Mateo, el protagonista del libro, se encuentra ante un fin de semana en el que tiene que estudiar para el examen de geometría, y también tiene la final del torneo de fútbol. Pero solo sabe una fórmula, la del triángulo. «Las demás no me entran en la cabeza», dice el chico. ¿Por qué el triángulo como punto de partida? Sergio Guirado lo expone con este argumento: «Usamos el triángulo como punto de partida porque cuando preguntas a los chicos y chicas por primera vez si saben alguna fórmula, la primera que sale es base por altura partido por dos» (la del triángulo).

Baloncesto, con una niña

Conforme se desarrolla el partido, Mateo se da cuenta que el rectángulo del campo de juego puede dividirlo mediante una diagonal en dos triángulos, de manera que ya sabe calcular el área de otra figura. Lo mismo sucede con el cuadrado. Y la formación en rombo de los jugadores del equipo contrario le da la idea de calcular el área de esta figura si la asimila al rectángulo. Y el cambio de posiciones de los jugadores sobre el terreno sirve a Mateo para 'cambiar' la posición de una parte del romboide, que se transforma así en un sencillo rectángulo. Los desdobles de los laterales le dan una idea para calcular el área del trapecio, y así con el resto de figuras geométricas.

Sergio tiene preparado para publicar otro libro, en este caso dedicado a la circunferencia, que tiene como protagonista a una niña que juega al baloncesto. Un nuevo paso en su esfuerzo por hacer de las Matemáticas una asignatura amigable.

Sergio, con el libro publicado para enseñar geometría con un partido de fútbol
Sergio, con el libro publicado para enseñar geometría con un partido de fútbol / Ñito Salas

 

Fotos

Vídeos