Multitudinario adiós a Fidel Jiménez Marín, el submarinista veleño fallecido en Barbate

Misa funeral celebrada esta tarde. /Eugenio Cabezas
Misa funeral celebrada esta tarde. / Eugenio Cabezas

El tanatorio del cementerio de la capital de la Axarquía ha acogido la misa funeral por el joven veleño, que ha sido incinerado

Eugenio Cabezas
EUGENIO CABEZAS

Cientos de personas han pasado desde ayer por la tarde y hasta este miércoles por el tanatorio de Nuestra Señora de la Esperanza de Vélez-Málaga, situado junto al cementerio de la capital de la Axarquía, para darle su último adiós a Fidel Jiménez Marín, el joven submarinista veleño de 23 años que falleció el pasado 22 de julio mientras practicaba su deporte favorito en aguas de Barbate, en compañía de otros dos amigos. Su cuerpo permaneció desaparecido hasta el pasado lunes, cuando fue avistado por una embarcación inglesa a diez kilómetros del punto donde se hundió.

Desde que el cuerpo sin vida llegó a media tarde del martes al tanatorio veleño han sido cientos las personas que han acudido a darle el pésame a los padres, Fidel Jiménez y Montse Marín, y al resto de familiares y amigos del joven submarinista veleño. Por la capilla ardiente han pasado, entre otros, el alcalde veleño, Antonio Moreno Ferrer (PSOE), y el portavoz del PP y exalcalde, Francisco Delgado Bonilla. Esta tarde ha tenido lugar la misa funeral, oficiada por el párroco de la iglesia veleña de San Juan Bautista, Francisco Sánchez, y posteriormente el cuerpo ha sido incinerado, para serle entregado a los progenitores. En el tanatorio se han vivido escenas de gran dolor y conmoción por la muerte prematura de este joven, que era muy querido y conocido en la capital de la Axarquía.

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Durante las más de dos semanas que se prolongaron las tareas de búsqueda, la familia había pedido que no se le dejara de buscar. De hecho, el Ayuntamiento ofreció el pasado lunes su colaboración para pagar los trabajos de un robot submarino que iba a acudir a la zona desde Galicia. Su madre manifestó a SUR que su «único deseo» era recuperar el cuerpo sin vida de su hijo para que «pudiera descansar en el mar, pero más cerca de donde se había criado».

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