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Costas no podrá usar arena del fondo marino de Calahonda para las playas

Marbella

Costas no podrá usar arena del fondo marino de Calahonda para las playas

La declaración de impacto ambiental negativa tumba el proyecto por los efectos que tendría la extracción en el medio ambiente

20.05.10 - 01:57 -
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La Demarcación de Costas se ha llevado un varapalo inesperado en su proyecto para emplear arena de los fondos marinos entre Cabopino (Marbella) y Calahonda (Mijas) en la regeneración de las playas de la provincia. Si la actuación ya se había topado con la oposición frontal de colectivos ecologistas, expertos de la Universidad de Málaga (UMA), pescadores y hasta submarinistas, al final ha sido la declaración de impacto ambiental negativa, emitida por la Secretaría de Estado de Cambio Climático, la que ha cerrado la puerta a la posible extracción de áridos, al menos en los términos en que se había planteado.
La resolución no puede ser más clara. El organismo -que depende, al igual que Costas, del Ministerio de Medio Ambiente- se pronuncia en pocas líneas pero con contundencia sobre la propuesta de actuación en el yacimiento marino del término municipal de Mijas. «Dicho proyecto previsiblemente causará efectos negativos significativos sobre el medio ambiente», señala la disposición publicada ayer en el Boletín Oficial del Estado (BOE), que da al traste con una intervención que preveía obtener 3,7 millones de metros cúbicos de arena para reparar los daños en varias playas de la costa malagueña que aún no se habían concretado.
Franja protegida
Ni el argumento de Costas de que los aportes al litoral con material de origen terrestre, esto es, de las canteras o cauces de los ríos, presentan «grandes inconvenientes» por su calidad ha valido para convencer a los técnicos con los que comparte ministerio. A juicio de la Secretaria de Estado de Cambio Climático las medidas previstas en el proyecto «no son una garantía suficiente» para corregir o compensar los efectos negativos que podría acarrear la extracción de arena con dragas de succión.
Uno de los motivos de peso para esta negativa parece estar en la cercanía de lo que se conoce como Lugar de Interés Comunitario (LIC) de Calahonda, figura de protección que le otorgó la Unión Europea en base a la riqueza medioambiental de su paisaje submarino, considerado por los expertos como la única costa tropical de Europa. Costas defiende en el expediente, recogido ayer por el BOE, que se había marcado una franja de 500 metros entre la zona preservada y la de actuación. Sin embargo, la propia Junta de Andalucía, una de las administraciones que se pronunció durante la tramitación, alertó en su informe de los «efectos irreversibles» que la explotación de las arenas podían tener en la conservación de este espacio marino. Máxime cuando, según indicaron, está en plena tramitación una ampliación del área protegida ante la Unión Europea por su alto valor ecológico.
El tirón de orejas no se queda ahí. Se reprueba a la Dirección General de Sostenibilidad de la Costa y del Mar -este periódico no logró obtener ayer ninguna declaración de los responsables de la jefatura de Costas en Málaga- por no haber incorporado al proyecto las recomendaciones que realizaron los organismo durante el proceso de exposición pública ni las medidas para reducir los impactos que se detectaron.
Un tramo de 8,5 kilómetros
Lo que sí se hizo fue retocar las áreas en que se iba a intervenir por cuestiones técnicas y porque se afectaba al LIC de Calahonda. Al final se acotó a un tramo de 8,5 kilómetros, entre la playa de Artola, en las inmediaciones del puerto de Cabopino, y las playas del Bombo y la Butibamba. En concreto, estaba previsto extraer los áridos con una distancia mínima a la costa de entre 500 y dos kilómetros y a una profundidad de entre diez y 40 metros. Unos cambios que, a la luz de la resolución negativa, insuficientes.
Distintos colectivos e instituciones ya aventuraron las lagunas de esta intervención en alta mar con el fin de regenerar las playas. El razonamiento más repetido fue el temor a que se dañaran las praderas submarinas y la fauna y flora que vive en suspensión en el agua e incluso el riesgo para las dunas de Artola y Cabopino, en Marbella, por la erosión que acarrearían unos temporales más virulentos. El Ayuntamiento marbellí, por su parte, abogó por controlar durante los trabajos la turbiedad del agua.
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