LA TRIBUNA

No se puede exigir la heroicidad

El ejercicio del periodismo es una profesión en peligro y en riesgo de extinción. En peligro porque cada día es más difícil ejercerla ante un fuego cruzado de presiones que vienen de todas partes, incluidas las laborales y en riesgo de extinción porque los mal llamados periodismo y periodismo de redes se están instalando en la conciencia colectiva como que eso es el futuro, un error tan común en la época de la posverdad y peligroso para la libertad de expresión, porque encierra en sí mismo la manipulación de hechos que no tienen constrastación alguna.

Es cierto que, como ha dicho Iñaki Gabilondo, el principal enemigo de la libertad de prensa es el paro. Porque tiene mucho de amenaza a quien está trabajando y porque es una herramienta de los poderes que lo utilizan de forma miserable para influir en la situación laboral del periodista. A un periodista se le debe pedir que sea un buen profesional pero no se le puede pedir que sea un héroe.

Estos días, como cada año el 3 de mayo, estamos celebrando el Día Mundial de la Libertad de Prensa, instituido por la Asamblea de las Naciones Unidas hace ahora 24 años. Los mismos en los que España va bajando posiciones en el ranking internacional de la libertad de prensa. El año pasado estábamos en el puesto 33 y en lo que va de año ya hemos bajado al 34, teniendo por delante a países como Portugal, Namibia, Letonia, Cabo Verde, etc. Diremos siempre que este es un país democrático, que respeta las libertades, que tiene una legislación que protege la transparencia y la pluralidad. Lo que no podremos decir nunca ni de Eritrea ni de Corea del Norte. Salvo que en los países con regímenes absolutistas el periodista se juega la vida y aquí, en plena democracia, el periodista se juega el puesto de trabajo. Y es que la crisis económica se ha llevado para adelante mucha libertad de la que gozábamos y que creíamos era indestructible. Nos queda ahora la libertad formal de expresión pero con serios perjuicios para el que la ejerce con todas sus consecuencias. Que te metan en la cárcel por opinar es más escandaloso y llama más la atención que te manden al ostracismo laboral en el más absoluto de los silencios.

Es posible la libertad de prensa cuando el periodista tiene garantizada su vida, pero también cuando el periodista recibe un sueldo digno y realiza su trabajo en unas condiciones laborales adecuadas; cuando recibe toda la información sobre los hechos que tiene que contar y le dejan contar, cuando realiza su trabajo sin presiones ni empresariales ni políticas. Solo hay una presión legítima para el periodista que es la presión social a la que se debe.

No existe un día mundial del periodista, ni debe existir nunca. Pero el 3 de mayo de cada año nos debería servir para parar un momento y mirar bien qué periodismo estamos haciendo e intentar averiguar qué está pasando para que la credibilidad del periodismo en España sea una de las más bajas del mundo occidental. A lo mejor tendríamos que invitar ese día a que nos acompañen las empresas periodísticas, los bancos, los partidos políticos, los poderes reales de la sociedad, los anunciantes, los que solo quieren que se cuente la verdad que a ellos les conviene. Y decirle que este es un barco en el que vamos todos y que si se hunde nos hundimos también todos.

El retroceso que España viene sufriendo cada año en la lista que Reporteros Sin Fronteras y Freedom House elabora sobre la libertad de prensa en el mundo, tiene también algo que ver con el retroceso que se está experimentando en otras ámbitos sociales. Ahí está la llamada Ley Mordaza, pero también la moralina que se ha introducido en la sociedad, de tal forma que ahora mismo sería imposible hacer una película de las que se hacían en la transición donde se ironizaba absolutamente con todo. Unos y otros sectores implicados, ahora, se escandalizarían. El tema de la religión se ha vuelto tabú, por ejemplo y algunas opiniones, que antes pasaban como butades, ahora se castigan con el Código Penal. Hemos avanzado en determinadas protecciones a sectores sociales pero, algunas veces esto ha supuesto una disminución considerable en la libertad de informar y de opinar.

Que la gente reciba una información veraz, contrastada y libre de presiones, no ocurre por generación espontánea y pasa como con el aire que no nos damos cuenta de que lo tenemos hasta que nos falte y no podamos respirar. Pues, en muchos casos, el ambiente del periodismo se hace irrespirable y no precisamente por culpa de los periodistas.

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