Diario Sur

LA TRIBUNA

Los virus de la improvisación y la insolidaridad

Una enfermera permanece hospitalizada en Madrid por haber contraído la fiebre hemorrágica Crimea-Congo, proceso que le ha sobrevenido como consecuencia de la atención a un paciente que falleció por esta enfermedad, un hombre que al parecer había paseado por una sierra de Ávila y fue infestado por una rara garrapata portadora del virus. Crimea, Congo, Ávila, Extremadura en 2011 ¿Acaso la globalización? Casos extraordinarios, u otros menos por su aumento(del virus zika, casi 300 en España) pero que crean alerta en la población, que precisan de pedagogía y de adopción de medidas adecuadas en el ámbito comunitario y también en el de los propios centros sanitarios, donde tienen lugar las infecciones nosocomiales, de las que los profesionales nos convertimos a veces en vehículo y a veces en pacientes.

Esta noticia de la enfermera enlaza con la auxiliar infectada por el virus ébola no hace tanto tiempo. Auxiliares y enfermeras están más en contacto con los pacientes, con sus fluidos, con material de riesgo en definitiva. No es fácil salir ilesa de una actividad profesional tan cercana y con numerosos contactos durante un turno de trabajo, a pesar de los niveles de aislamiento tan complejos, tan incómodos y a la vez tan necesarios. Evitando el contagio, en unidades de alto aislamiento, se sufre entre otras cosas de estrés y de las elevadas temperaturas por esa especie de escafandra-vestimenta. No es fácil moverse, seguir meticulosamente los procedimientos de aislamiento, tampoco; y exige un nivel de entrenamiento adecuado y actualizado. Tiene su valor y su mérito.

Cuando en unidades de hospitalización más convencionales se toman habitualmente medidas de prevención, en ocasiones se necesita reforzarlas para los profesionales y a la par se ejercen recomendaciones respecto a visitas de familiares, cuando protegemos a pacientes 'bajos de defensas' estamos en la buena dirección. Atender sanitariamente bien comprende el evitar otros problemas de salud relacionados con las infecciones. En consecuencia avanzamos, pero nos queda.

No es solo que muchas habitaciones para los pacientes sean un hervidero de voces, también en ocasiones de gérmenes que entran y salen, algunos se hacen multirresistentes a los tratamientos antimicrobianos disponibles, lo que ya constituye un importante problema, cebado cuando se actúa con indiferencia y hasta con negligencia, sea por parte de los ciudadanos o de profesionales sanitarios.

La lucha contra las infecciones nosocomiales ha de ser constante y obligada: los hospitales a veces hacen enfermar más y eso es lo contrario de lo que se pretende.

Evidentemente el ahorro de gasto en la evitación de infecciones no es solo económico: estas infecciones tienen estimado un coste de 575 millones de euros anuales, lo es obviamente en eventos adversos para la salud

Esto es serio y nos debe llevar al menos a las siguientes preguntas y consideraciones:

1.-¿El conocimiento y manejo de pacientes y las medidas de aislamiento deben conocerlos unos pocos de profesionales, sólo los de unidades de infecciosos?

2.- ¿Mantenemos actualizado el conocimiento en la puesta en marcha de estas medidas para enfermeras y otros profesionales que en cualquier momento pueden ser llamadas a trabajar o lo están haciendo en unidades de atención a pacientes infectocontagiosos?, ¿o se actúa según nos marca el telediario?

3.- ¿Qué conocemos sobre lo que las enfermeras hacen cuando cuidan? ¿Todos somos conscientes de que podemos transmitir o ser contagiados por agentes infecciosos? ¿Está valorado el riesgo en las enfermeras en estas atenciones?, ¿lo está igualmente su dedicación o preparación al respecto?

Me temo que si la intensidad mediática aumenta se sacarán del armario los equipos de protección individual, como si fuese la moda, para repartirlos por aquí y por allá y hasta donde se pueda. O abundarán mensajes de tranquilidad, ojalá que menos de improvisación. En salud pública más vale estar preparados, el cómo sí, en definitiva, es lo que cuenta, y ello debiera dirigir las actuaciones. Se debe resaltar al respecto el informe anual EPINE, con 25 años de existencia, y también la Estrategia de Seguridad del Paciente (2015-2020) que contempla en su objetivo 2.2: promover prácticas seguras para prevenir y controlar infecciones asociadas a la asistencia sanitaria.

Autoridades, profesionales y ciudadanos debemos sensibilizarnos. Solidarizarnos con esta enfermera, y con los que realizan atención sanitaria en estas situaciones: no olvidemos que no es noticia lo que se hace y resulta bien y cada día hay muchos anónimos responsables de ese éxito. Pensemos en los profesionales que están ahora bajo vigilancia: unos por atención directa a los pacientes, otros por contacto con el virus, en el laboratorio, cumpliendo el deber de proteger a la población.

A veces hay quien da la vida, o asume riesgos por atender a otros; eso sí, debiera hacerse con las necesarias garantías y el merecido reconocimiento de héroes anónimos que dan lo mejor de sí mismos. Los contratos basura, la alta rotación, 'el cubrir huecos', va en la dirección contraria... unido también a nuestra crónica imprevisión (ese es otro virus) salvadas honrosas y decrecientes excepciones, aunque sigue siendo un 'cóctel-bomba' que se debe desactivar permanentemente, porque... ¿no habíamos quedado en que la salud es lo más importante?

Vacunémonos todos contra los virus de la improvisación y la desconsideración.