César Ramírez Plaza: «Me han operado dos veces y no he sentido miedo»

Ramírez Plaza: «Me han operado dos veces y no he sentido miedo»
/ Álvaro Cabrera
  • Soy un cirujano vocacional. Los pacientes son muy agradecidos. La cirugía que más me gusta es la relacionada con el cáncer. Hablo con los enfermos antes de operarlos. Me indignan las desigualdades y la maldad humana. En un quirófano se habla de todo: es como un teatro

– ¿De qué se habla en un quirófano mientras se opera?

– Se habla de todo. La mayoría son intervenciones muy sistematizadas en las que cada uno de los que estamos en el quirófano tenemos asumidos nuestros roles. Es como un teatro. Cada uno sabe lo que tiene que hacer. Así que, si no hay ningún problema, hablamos de los temas de la vida cotidiana

– ¿Cuál ha sido la operación más larga que ha llevado a cabo?

– Una cirugía de carcinomatosis peritoneal que hicimos el año pasado. La operación duró 19 horas.

– Supongo que en una intervención de tanta duración se tomarán momentos de descanso...

– Paramos para ir al baño, para comer algo y para sacar la cabeza del quirófano. Como son cirugías muy largas, montamos personal para dos equipos, porque todo seguido es imposible. De todos modos, la adrenalina te absorbe mucho y te hace estar pendiente, pero hay que desconectar, aunque sea media hora.

– Los cirujanos tienen fama de echados para adelante. ¿Es cierto o lo desmiente?

– Es cierto en una parte cada vez más limitada. Los cirujanos, igual que la clase médica en general, se están convirtiendo en personas cada vez conservadoras, con menos capacidad de arriesgar y menos iniciativa. Eso es una cosa que va a echar en falta la sociedad.

– Es decir, la medicina defensiva.

– No tanto medicina defensiva, como funcionarización.

– ¿Se siente poder con un bisturí en la mano?

– Sí. Se siente poder, pero poder sumado a responsabilidad. Poder, porque estás disponiendo de la salud de una persona en tu mano. En la cirugía hay una relación causa-efecto muy directa entre lo que tú haces y los beneficios o perjuicios que se les pueden generar al paciente. Por tanto, poder por el tema del beneficio y mucha responsabilidad por no causar daños.

– ¿Suelen ser agradecidos los pacientes tras una intervención?

– Tremendamente agradecidos.

– ¿Por qué se hizo médico y, una vez obtenido el título, qué le hizo elegir la especialidad de cirugía general y digestiva?

– Desde el momento en que decidí estudiar medicina tenía pensado ser cirujano. Fue por vocación. La medicina sólo tiene un fin: debe ser puramente vocacional. Vocación y vocación de servicio. Es algo que deben grabarse a sangre y fuego las generaciones que vienen y los estudiantes de Bachillerato.

– ¿Hay alguna operación que le guste especialmente realizar?

– La cirugía que tiene que ver con el cáncer. El cáncer y la obesidad son el mayor desafío que tiene la medicina del siglo XXI. Es una batalla en la que cada vez ganamos más puntos tanto los oncólogos como nosotros. Las operaciones en las que puedo quitar todo el tejido tumoral que presenta un paciente son las que más me gustan.

– ¿Y lo contrario, es decir, en cuál se siente más incómodo cuando la tiene que hacer?

– No hay ninguna que no me guste hacer. Cuando vas a entrar a un quirófano, por muy sencilla que sea la operación, o por sencilla que parezca desde un punto de vista técnico, supone una experiencia vital fundamental para un paciente. Cuando me estoy lavando las manos antes de comenzar a operar tengo eso siempre muy presente.

– En casa del herrero, cuchillo de palo. ¿Sentiría miedo si tuviese que pasar como paciente por un quirófano?

– Las dos veces que me operaron no sentí miedo, porque estuve en las manos de personas en las que tenía absoluta confianza. Por eso, intento charlar siempre 10-15 minutos con los pacientes antes de operarlos para que noten cercanía y cariño del cirujano que los va a intervenir.

– Usted trabaja en la sanidad pública y en la privada. Sus cariños están repartidos. ¿Si tuviese que elegir con cuál se quedaría?

– La privada es la que más me ha querido y, por tanto, me ha elegido ella de forma indirecta por ser un sistema no politizado, que respeta y potencia el talento y la capacidad de los trabajadores, dándoles el valor por su trabajo. Yo soy un padre de familia numerosa que no puede tener el pan de mis hijos expuesto al capricho de meritócratas ensalzados en cargos intermedios.

– Le noto crítico con los que gestionan la sanidad pública.

– Es que yo he vivido seis años y medio teniendo que juntar cuatro sillas para dormir en un despacho del Hospital Virgen del Rocío, porque no tenía dinero para ir y venir a diario de Sevilla a Málaga.

– ¿Duerme bien cuando pierden sus equipos: el Málaga C. F. y el Real Madrid?

– Cada vez mejor. Cuando era joven lo sufría mucho. Con el paso de los años vas banalizando las derrotas en el deporte.

– Para estar tantas horas de pie en un quirófano supongo que habrá que estar en buena forma física. ¿Cuál es su fórmula para ello?

– Hago deporte. Siempre he jugado al fútbol. He estado federado muchos años. Ahora corro dos o tres veces en semana en distancias de 12 a 18 kilómetros y nado. Cuido la forma física y no tengo hábitos tóxicos. No he fumado en mi vida.

–¿Qué cuestiones le indignan?

– Me indignan las desigualdades sociales y la sensación de maldad que estoy percibiendo en la humanidad en los últimos años, sobre todo con la escalada del terrorismo a todos los niveles.

–Hace unos meses estuvo operando de forma gratuita en la India a pacientes sin recursos. ¿Repetirá la experiencia?

– Voy a intentar repetirla todos los años. El próximo mes de octubre viajaré a Ecuador, a la provincia Orellana, en la región de Coca, que es una zona con mucha población indígena y pocos recursos. Iremos ocho médicos en una misión. Llevaremos material para operar allí durante dos semanas a pacientes de cirugía de hernia, sobre todo.