Diario Sur

Javier Solsona, durante la primera jornada de caza. :: josé miguel morales
Javier Solsona, durante la primera jornada de caza. :: josé miguel morales

Balance de la apertura de la media veda

  • La paloma torcaz, reforzada ante la escasez de aves como la tórtola o la codorniz

El balance de lo que llevamos de media veda no está resultando positivo, con la salvedad de la paloma torcaz, la cual año tras año, vuelve a presentarse como la gran salvadora. Tal fue el desánimo entre gran parte de los cazadores, que el pasado domingo no pudieron hacer más que resignarse a disfrutar de otras alternativas que plantea el escenario campestre, ya que la media veda fue paupérrima en la mayoría de sus especies.

En lo que respecta a la codorniz, es una de las aves más afectadas, ya que apenas puede encontrarse en unos cotos cada vez más desollados. Circunstancia a la que se le suman los discos de los tractores que dejan los campos arados. La menor de las gallináceas ha brillado por su ausencia en toda la comunidad, obligada a emigrar hacia zonas más septentrionales donde poder cobijarse.

Varios son los factores que han contribuido a la generación de este problema, como la escasez de precipitaciones (clave para retener a esta especie en nuestros campos), lo tardía de su apertura cinegética o el descontrol marroquí. Esto último debido a su técnica de caza con grandes redes. Todo ello ha dado lugar a una de las peores temporadas codorniceras que se recuerdan. Destacando su ausencia en cotos como los de Villanueva de la Concepción, Campillos o Antequera.

Respecto a la tórtola, los números no han sido mucho mejores. Si bien la razón vuelve a ser la misma de otros años: Marruecos. Un país en el que este ave, que cada vez escasea más en la Península Ibérica, está modificando sus hábitos migratorios y está siendo atraída por las plantaciones de girasoles y las amplias zonas de regadío que le ofrece este país.

El problema marroquí

Los cambios en la agricultura, sin embargo, están repercutiendo en que esta especie no sienta la necesidad de cruzar el estrecho para instalarse en sus cuarteles reproductores tradicionales. Por ello llevan años organizándose cacerías descontroladas en el país vecino para los propios cazadores españoles, en las que puedan 'disfrutar' de la caza de, incluso, varios centenares de tórtolas. Una práctica que, dado el cupo que presenta dicho ave en el país, podría considerarse abusiva.

Además, al igual que ocurre con la codorniz, la caza de la tórtola vuelve a abrirse demasiado tarde y muchas de ellas han emigrado debido a la falta de alimento, incluso antes del comienzo de su caza. Sin embargo, siempre hay excepciones. En este caso, en contadas zonas de carencia o atraídas por cebaderos, es decir, espacios habilitados dentro de determinados cotos para aumentar el número de la especie y donde se han logrado hacer buenas tiradas.

La paloma torcaz, y ya van varios años, es la única de las especies que no solo se salva, sino que además vuelve a aumentar sus números de población. Esto está provocando que cazadores tradicionales de codorniz y tórtola se estén habituando cada vez mas a la caza de esta especie. Al ser un ave que ya casi no emigra y permanece en encinares y dehesas durante todo el año, a veces inmersas en núcleos urbanos, es una especie fácil de encontrar y que, año tras año, muestra datos exponenciales en su crecimiento.