Del escapista incrédulo al escritor visionario: Harry Houdini y Julio Verne

Harry Houdini junto a un tanque de leche en 1908. /REUTERS
Harry Houdini junto a un tanque de leche en 1908. / REUTERS

Tal día como hoy nacía Harry Houdini, quien habría de pasar a la historia como el escapista más famoso de todos los tiempos, y moría Julio Verne, escritor visionario y padre, junto con H.G. Wells, de la ciencia ficción.

MARÍA TERESA LEZCANO

Tal día como hoy nacía Harry Houdini, quien habría de pasar a la historia como el escapista más famoso de todos los tiempos, y moría Julio Verne, escritor visionario y padre, junto con H.G. Wells, de la ciencia ficción.

Harry Houdini. Del 24-3-1874 al 31-10-1926

Budapest, Imperio Austrohúngaro, veinticuatro de marzo. Corre el año 1874 y no digamos cómo corre la señora Weisz para que no se le escurra en plena calle su hijo aún nonato Erik, el cual, ya norteamericanamente nacionalizado y seudonimado de Harry Houdini, habría de pasar a la historia como el escapista más famoso de todos los tiempos. Tras haber lustrado, exilada y callejeramente, gran parte de los zapatos de Wisconsin, Erik/Harry se enroló en un circo ambulante, donde empezó como trapecista y acabó ejercitando la magia con cartas y, andando el tiempo y los pluriempleos faranduleros, escapó profesionalmente de cajas fuertes arrojadas al mar, de camisas de fuerza de las que era colgado rascacielos abajo como un jamón de (New) York, de ataúdes y barriles, de jaulas, sacos, acuarios, cuerdas, esposas, candados y cadenas de toda índole. Mientras iba fugándose de todas partes, convirtió a su asistente Bess en la joven señora Weisz y enterró a la señora Weisz senior, a quien Harry estaba tan unido que anduvo buceando por el espiritismo para tratar de localizar a feu Mother en sesiones varias en las que iba desenmascarando sucesivos médiums que nunca contactaron con su madre pero le acabaron presentando a sir Arthur Conan Doyle, padre de Sherlock Holmes y espiritista convencido con quien empezó entablando una amistad fraternal antes de acabar ambos como el rosario médiumnico de la aurora por culpa de la señora Doyle, conocida médium de la época que le aseguró a Houdini que había encontrado finalmente a su madre cuando el supuesto ectoplasma se comunicó con los vivos en un perfecto inglés, siendo el idioma de la matriarca Houdini una mezcla de alemán, húngaro y yiddish. Houdini se lanzó entonces a una lucha encarnizada contra la paranormalidad, haciéndola extensiva a su propia posteridad cuando, tras ser peritonitizado por un apéndice intestinal rebelde, su viuda continuó la batalla para abochornar a los timadores del más acá mediante un código que el matrimonio Houdini había establecido para identificarse mutuamente cuando uno de los dos falleciera y que nunca fue autentificado por ninguno de los innumerables seudo contactados que contrató la señora Houdini antes de desistir definitivamente por falta de ánimo propicio y de ánimas adecuadas y sobre todo de dólares. Como dijo el propio Houdini: «mi mente es la llave que me libera». The end.

Julio Verne. Del 8-2-1828 al 24-3-1905

Treinta y un años después del nacimiento aquincense de Houdini, moría en la ciudad francesa de Amiens Julio Gabriel Verne, considerado junto a H.G. Wells como el padre de la ciencia ficción. Nacido en el seno de una familia burguesa originaria de la portuaria ciudad de Nantes, a los once años se escapó, no al estilo Houdini sino en modo fuga literal, para ser grumete en un mercante que viajaba a la India, donde pretendía comprarle un collar a su prima Caroline, de quien estaba enamorado, aunque Monsieur Verne padre lo sacó a tiempo del barco y de la grumetería y lo devolvió, primero al redil y al liceo y posteriormente a la facultad de Derecho, donde Julio, más que a la jurisprudencia se iba dedicando a la imprudencia de gastarse el peculio familiar en libros, hasta que a Monsieur Verne padre se le hincharon las narices descendientes de un consejero notario de Luis XV y le cortó el grifo de la financiación; hecho que no evitó que Monsieur Verne hijo siguiera leyendo pero sí le causó incontinencia intestinal, parálisis facial y diabetes consecutivas a la mala alimentación, mon Dieu, mon Dieu, las cuales que describió en una carta a su madre de la siguiente manera: «Una vida que limita al norte con el estreñimiento, al sur con la descomposición, al este con las lavativas exageradas, al oeste con las lavativas astringentes (…) Graves inconvenientes para un joven cuya intención es alternar en sociedad y no en suciedad». Pese a la mala salud que condicionó su existencia, Verne vivió hasta los setenta y siete años, viajando geográfica y ciencia-ficcionadamente por islas misteriosas, excursiones submarinas capitaneadas por Nemo y relatadas desde el Nautilus, vueltas al mundo e incursiones intraterrestres, anticipándose literariamente a la conquista de los polos, el descubrimiento de la fuentes del Nilo o el viaje a la Luna, en cuya cara oculta tiene asignada una montaña homónima y en cuyo reverso visible le ha sido adjudicado un cráter de protección oficial con poca gravedad y aún menos oxígeno, pero con unas vistas magníficas a su propio asteroide, también bautizado como Verne y numerado en el correspondiente cinturón protosolar con el número 5231. À bientôt.