Una madre contra los deberes excesivos

Eva Bailén/
Eva Bailén

Apoya el calendario cántabro de ocho semanas de clase y una de descanso, pero reclama más medidas para que los padres puedan conciliar

DANIEL ROLDÁN MADRID

Diego estaba cansado. Cumplía con su trabajo y hacía un par de horas extras. Como el resto de sus compañeros. Pero hace un año, Eva dijo que ya era suficiente. No era normal que su hijo de diez años no pudiera disfrutar de tiempo libre. Además, la situación era extraña porque su hermana mayor (Laura) no tenía tantas tareas hogareñas. Ella había tenido la suerte de tener a una profesora más moderna, abierta a nuevas formas de enseñanza; a Diego le tocó a una profesora del «método tradicional».

Expuso sus quejas en el centro público de Tres Cantos (Madrid), donde estudiaban los tres hijos (falta Nadia, con nueve años), pero fue inútil. Así que Eva Bailén comentó el problema en su blog y creo una petición popular en internet para solicitar a las autoridades que se impliquen en este tema. «Al principio me sentía un poco Quijote», comenta. Un año después, más de 212.000 personas ya han firmado en Change.org la demanda. Pero el exceso de deberes, a juicio de Bailén, es solo «la punta del iceberg» de un sistema educativo que no funciona.

«Es solo una manera de justificar que, como no se está aprendiendo en el colegio, hay que mandar más cosas para que intenten aprender, pero no aprenden más. Es también un reflejo del miedo al olvido, a que no se les olvide a los niños lo que están practicando», reflexiona esta madre, ingeniera de telecomunicaciones y bloguera activa. «En verano, hay que seguir haciendo los cuadernitos porque piensan que se les olvida lo que han hecho durante el curso. No se confían en el aprendizaje del colegio. También hay miedo a que no lleguen al siguiente curso», añade.

Ese miedo produce que solo unos pocos profesores opten por una educación más abierta y no tan pegada al libro de texto, convirtiendo el aula en una clase magistral. «Es normal que los chicos acaben hartos y no tengan ganas de volver a clase porque acaban hartos. El libro de texto es un lastre», añade Bailén, quien también echa la culpa a los padres del escaso avance en la forma de enseñar.

Muchos progenitores consideran que el modelo de enseñanza que tuvieron es el mejor, cuando los tiempos han cambiado, y coartan cualquier modificación en la metodología de la enseñanza como la inclusión de las tecnologías con la excusa de que otro maestro sigue una fórmula clásica. «Hay contenidos en la red que pueden hacer unas clases más visuales», apunta. Bailén cree fundamental que todo el colegio apueste por un modelo moderno. «Tiene que haber cultura de centro porque en una empresa no hay un comercial que te vende un producto y al día siguiente hay otro comercial que te dice que es malo. No puede haber esa diferencia», remata.

Verdadera conciliación

Como en casi todos los temas sobre educación, Finlandia también es un ejemplo en esto. Es uno de los países con menos deberes, con menos tiempo obligado en el colegio (entre los seis y los 16 años) y donde «hay más motivación». No obstante, Bailén reconoce que se están haciendo cambios. Poco a poco se está disminuyendo (en líneas generales) la carga de trabajo de los chicos en casa -Ciudadanos ha presentado sendas iniciativas en los parlamentos regionales de Madrid y Murcia- y de buscar modelos educativos pensados en los alumnos.

Ahí está el polémico calendario académico de Cantabria, que contempla ocho semanas de clase y una de vacaciones. Una propuesta similar a lo que se hace en el Reino Unido. «Como madre hubiera agradecido tener vacaciones a mitad de noviembre porque el primer trimestre se hacer larguísimo y más si tus hijos tienen tres horas de deberes todas las tardes. Creo que el calendario de hecho pensando en los niños, no en la conciliación. Nosotros entendemos como conciliación llevar los horarios de los niños a los horarios de los adultos y eso no es. Eso es fastidiar al niño, pero como el niño no se queja todos hacemos eso», argumenta.

«Todos necesitamos desconectar. Cuando me voy de vacaciones se me olvida la contraseña del ordenador. No pasa nada. Los niños también», incide Bailén, que también considera que la medida es buena para los profesores para preparar proyectos y clases. Pero este calendario, ya implantado, necesita que esté acompañado de medidas que ayuden a los padres. Horarios más flexibles y ampliar el teletrabajo son las opciones más fáciles de aplicar. «Si al final llevas al niño a las ocho de la mañana al colegio para hacer actividades lúdicas, no va a descansar», apunta Bailén, que ha acudido a los cursos de verano de la Universidad Complutense de Madrid para explicar sus propuestas. Una madre que, al final, decidió sacar a sus hijos del colegio para buscar otro centro (público) con un sistema más moderno.