Puigdemont se desmarca de que el catalán sea la única lengua oficial

Puigdemont, y a su lado Junqueras, en el debate del Parlamento catalán de ayer. :: Andreu Dalmau / efe/
Puigdemont, y a su lado Junqueras, en el debate del Parlamento catalán de ayer. :: Andreu Dalmau / efe

El documento, suscrito por 170 escritores y académicos, sostiene que la inmigración a Cataluña fue una operación «colonizadora» franquista

CRISTIAN REINO

barcelona. En Cataluña hay tres debates que levantan pasiones, el futbolístico, el económico y el lingüístico. La difusión de un manifiesto, suscrito por 170 escritores, académicos y docentes, que carga contra el blingüismo y defiende que el catalán sea la única lengua oficial en una Cataluña independiente, ha encendido la mecha en pleno proceso hacia la desconexión. La polémica se trasladó ayer a la Cámara catalana, donde Lluís Rabell, portavoz de la alianza Catalunya Sí Que es Pot en la que se integra Podemos, calificó el documento de «racista» y «fundamentalista», una tesis que hasta ahora solo defendía Ciudadanos. «Es la primera vez que en el soberanismo aparece una posición racista, que es un reflejo invertido de la presión a la lengua catalana», lamentó Rabell. El socialista Miquel Iceta «felicitó» al dirigente de la izquierda alternativa.

El llamado manifiesto Koiné, impulsado por la asociación Lengua y República, vinculada a la soberanista Asamblea Nacional Catalana, es crítico con el modelo lingüístico de Cataluña, en el que conviven los dos idiomas, aunque el catalán tiene preferencia en la escuela y en la admnistración pública. Ataca al castellano como «lengua de dominación», sostiene que la «inmigración llegada de territorios castellanohablantes» fue un «instrumento de colonización lingüística» del franquismo y mantiene que el «régimen constitucional de 1978 ha reafirmado la continuidad de la imposición política del castellano en Cataluña».

A juicio de un colectivo de 170 intelectuales del mundo de la cultura, como los escritores Jaume Cabré, Josep Massot, Joan Francesc Mira, Maria Antònia Oliver, Salvador Cardús, Joan Veny, Maria Barbal, Vicenç Villatoro, Isabel-Clara Simó, Julià de Jòdar, Antoni Dalmau o Patricia Gabancho o los exconsejeros Josep Lluís Carod Rovira o Carme-Laura Gil, la «ideología política del denominado bilingüismo» provoca «que la anormalidad lingüística actual esté garantizada y se convierta en la falsa normalidad de la república catalana». «El mecanismo para conseguir la implantación del castellano en Cataluña fue y continúa siendo la bilingüización forzosa de la población», remata el texto.

No es racista

Aunque el manifiesto ha suscitado un rechazo más o menos general por parte de los partidos catalanes, al presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, evitó ayer dar su opinión. «A este Gobierno no le corresponde estar posicionándose cada vez en relación a lo que opina una parte de la población sobre una cuestión» porque «manifiestos se hacen muchos y de todas las tendencias», dijo. Incluso lo defendió de las críticas. «Es poco responsable que califique de racistas» algunas de las tesis expuestas y que «haga decir cosas que no dice», le espetó a Rabell.

Sin embargo, en su turno de réplica, el presidente de la Generalitat sí tomó distancia con el colectivo Koiné y defendió el bilingüismo. «Nuestro posicionamiento está en el programa de Gobierno y es explícito sobre esta materia». El programa de Junts pel Sí defiende la cooficialidad de las dos lenguas siempre y cuando esté garantizada la prevalencia del catalán.

Puigdemont tuvo que hacer encaje de bolillos, porque por un lado no quiso cargar contra un documento que procede de su propio mundo soberanista y que representa lo que el sector más etnicista del independentismo piensa de verdad sobre el debate lingüístico. Pero, por otro, tuvo que ponerse de perfil porque documentos como estos son una bomba para el secesionismo, que busca ampliar su base social en sectores castellanohablantes que no se acercan al independentismo debido a su faceta más identitaria.

La llamada «revolución de las sonrisas», como se autodenomina desde el independentismo al proceso soberanista, ha tenido uno de sus primeros tropiezos serios con este documento y ya hay quien desde Cataluña ha apreciado en el texto ciertos aromas a la Liga Norte. El caso es que el documento también ha provocado roces en la soceidad de Convergència y Esquerra. El diputado convergente, Jordi Turull, afirmó que debe «tenerse en cuenta» el manifiesto y pidió respeto, mientras que los republicanos Gabriel Rufián y Joan Tardà defendieron sin ambages el bilingüismo vigente.