Oficios al sur: Quioscos playeros

José Alfredo Molina, en su puesto en el quiosco situado en el paseo marítimo de Huelin. /SUR
José Alfredo Molina, en su puesto en el quiosco situado en el paseo marítimo de Huelin. / SUR

Este oficio solo se concibe en la temporada veraniega y gracias a quienes los regentan siempre es fácil tener a mano una botella de agua fría o un helado

ALEJANDRO DÍAZ

Están situados a lo largo de los paseos marítimos de la Costa del Sol y cada municipio se encarga de regular su actividad, que suele desempeñarse gracias a las concesiones. Ellos están ahí todo el verano para salvar al turistas de los agobios del calor: botellas de agua, refrescos y helados son los productos que tienen más salida. Aunque intentan prolongar al máximo la apertura de los quioscos de playa, las temperaturas mandan y el invierno se les hace demasiado largo.

Así lo explica José Alfredo Molina, que trabaja en uno de estos quioscos en el paseo marítimo de Huelin. En su caso, y gracias a una nueva normativa, las concesiones dependen de la Autoridad Portuaria, aunque antiguamente eran municipales.

Se trata un oficio realmente duro. En el interior del quiosco hay varios refrigeradores para los litros de agua, las latas de refrescos y los helados. Apenas queda un hueco para que el trabajador permanezca de cara al público. Molina sabe, no obstante, cómo apañarse para combatir los calores estivales. «Hoy corre brisa, por lo que se está a gusto más o menos, se deja la puerta abierta y a trabajar», comenta este quiosquero que no para de atender a un cliente tras otro.

Es hora punta. Poco más del mediodía. Día festivo en toda la ciudad, que se ha lanzado a la playa en busca de algo de desconexión de la Feria. «Vivimos de esto, de la playa. Cuando está así, sabes que el día será bueno. Sin embargo, en esta zona hay poca arena y eso nos perjudica», denuncia Molina, ya que su quiosco se ubica en un tramo del litoral de Huelin donde los temporales hacen estragos cada año y el mar, poco a poco, ha ido ganando espacio a la arena.

Molina es de los muchos trabajadores que se dedicaban al mundo de la construcción y que lo abandonaron con la gran crisis. Hace unos años le surgió la oportunidad de regentar uno de estos quioscos y no lo dudó. «Siempre se me ha dado bien el trato con el público, es lo que más me gusta de mi oficio», comenta. Por la ubicación, la mayoría de la clientela es española. «Y muchos son del barrio y nos conocemos», bromea. Aunque Molina reconoce que últimamente se dejan ver de vez en cuando un mayor número de turistas extranjeros. «Pero nada que ver con los visitantes que se mueven en La Malagueta», dice.

Cada quiosco de playa trabaja con una marca de helados que elige cada año

Cada uno de estos puestos de playa trabaja una casa diferente de helados. En el caso del de Molina es La Menorquina. Otros tienen Frigo o Nestlé. Y muchas cosas en común. La principal queja de estos trabajadores es la competencia desleal de la venta ambulante sin los permisos preceptivos, que es común en todas las zonas turísticas de sol y playa españolas. Aunque para Molina es el estado de la playa lo que realmente le preocupa. «Llevamos años buscando una solución que no llega», sentencia.

A pesar de que la mayoría de la facturación la realizan durante el verano, los quioscos de playa intentan estar abiertos el máximo de tiempo posible. Molina cuenta que en su caso comienza en febrero y está hasta octubre o noviembre. Sin embargo, la temporada estival es fundamental para sus ingresos. A diferencia del quiosco tradicional, no pueden vender tabaco, por ejemplo. Por lo que necesitan del calor para que sus botellas de aguas frías y sus helados tengan mayor demanda.

El helado del verano

Comenta Molina que a estas alturas del verano ya se puede hablar de cuál ha sido el helado de moda en su quiosco: el polo 'Super loop', una incorporación para esta temporada, ha barrido con diferencia sobre el resto. Aunque los clásicos tampoco han estado de más. Otro de los mayores reclamos no podía ser sino el agua fría. No todos los bañistas son previsores y olvidan en casa la neverita con el agua, así que hay un constante vaivén de la playa al quiosco en busca de una botella o un refresco. «El que esté más frío, por favor», repiten los clientes.

Desestacionalizar el turismo, el reto

Molina comienza a montar su quiosco y a ponerlo a punto a partir de las once de la mañana, para que a mediodía esté ya todo operativo. Los días se hacen largos, especialmente si no hay mucho movimiento. En estos días de agosto, la cosa cambia:la clientela no deja de pasar y eso hace que parezca que el tiempo corra más rápido. Además siempre están los propios compañeros de oficio, que se escapan en los descansos mientras queda otra persona al cargo de su puesto para ir a charlar con otro compañero.

El quiosco permanece abierto hasta que ya no quede un alma en la playa. Y aún así, antes de cerrar, es posible que alguna familia rezagada se acerque a por el último refresco o helado de esta jornada playera de agosto.