El barrio de Huelin

El barrio de Huelin

Barrio obrero al que dio nombre un inglés, nació como núcleo urbano entre huertas y fincas de labor hace 125 años. En su territorio se alzaron las primeras chimeneas industriales de la Málaga del siglo XIX, se cultivaron la caña de azúcar y el algodón y desarrollaron actividades textiles, tabaqueras, metalúrgicas, harineras y ferroviarias

SURmálaga

Una de las primeras chimeneas que en el barrio señalaron el progreso industrtial malagueño fue la de la azucarera de Eduardo Huelin Reissig, destacado miembro del clan familiar del mismo apellido segunda generación malagueñizada de la extensa saga y tercero en el orden en que se fueron afincando en Málaga. A este Eduardo Huelin Reissig debemos el nombre del primer y más industrioso barrio al oeste de la ciudad.

Anteriormente al ingenio azucarero de este personaje y a la Industria Malagueña de los Larios, otras chimeneas distintas, la de la Ferrería La Constancia de los Heredia fundamentalmente, se levantaban sobre un paisaje tan cercano a la mar como de las huertas y fincas que se extendían por el territorio.

El primer Huelin de los llegados a Málaga fue Guillermo Huelin Silver. Durante un tiempo se escribió Sivel, quizá por error del amanuense local que no supo escribirlo correctamente. Nacido en Southampton (Inglaterra), era hijo de Matthew y Elizabeth. No se sabe el año de la llegada de Guillermo a Málaga, pero está constatado que el día 10 de noviembre de 1777 casó en nuestra ciudad con Josefa Mandly de Rueda.

El matrimonio de Guillermo y Josefa va a coincidir en el tiempo con el descubrimiento del cuerpo incorrupto del hermano ermitaño Diego de Santa María. Su cadáver, que llevaba enterrado en el histórico Hospital de Santo Tomé varios decenios y cuya localización se ignoraba, al aparecer su sepultura como consecuencia de unas obras, produjo entre los descubridores la lógica expectación: su cuerpo incorrupto confirmó el halo de santidad que precedió su muerte, de manera que el escándalo fue mayúsculo cuando los enfermos acogidos en la antiquísima fundación del caballero Hinestrosa logran sacar el tema a las calles malagueñas de finales del siglo XVIII.

Ciudad de entonces

¿Cómo era en realidad la Málaga de 1777? Es una ciudad abrigada aún por sus viejas murallas musulmanas. De calles estrechas, sus casas parecen haber sido edificadas para procurarse sombra unas a otras. No tiene más que una plaza principal, la de las Cuatro Calles, que es un verdadero zoco por su actividad comercial prácticamente al aire libre.

En los soportales de la Casa Consistorial que ocupaba entonces el actual frente del establecimiento La Costa Azul, los escribanos reciben a la gente para notariar toda clase de documentos, las pocas tiendas existentes son en realidad boliches donde se mercadea con todo; de la cárcel, situada en la esquina del actual pasaje de Heredia, se escapan a diario los presos por falta de vigilancia, y en el centro de la plaza se entrecruzan y mezclan ciudadanos, mercaderes, traficantes, vendedores, animales de carga y ganado.

Todavía no ha nacido «de las aguas como Venus», en el decir de don Francisco Bejarano Robles, nuestra Alameda Principal. Del interior de la ciudad asoman al cercano rebalaje las Atarazanas y los Molinos de la Pólvora, desde los cuales se sale al exterior por la Puerta del Mar a través de un arco en el que se venera la imagen de la Virgen del Mar y que la tienen situada en una hornacina para rezo de pescadores y devotos.

Pasó por aquellos días que el obispo hizo público un exhorto pastoral, dirigido a los tonsurados malagueños, para que no frecuentasen las calles y paseos con montera, redecilla, coleta ni capa. Es la ciudad que conmemora el primer aniversario de la fundación del Colegio de Abogados, que con sus 21 letrados ejercientes tiene como decano a Bernardo José Montalbo. También es la ciudad que sufre un terremoto en el mes de noviembre. Y es también la Málaga que hace poco ha celebrado la reedificación de la iglesia de los Santos Mártires Ciriaco y Paula.

Pasaron más cosas. Por ejemplo, la aparición de un pedestal de la época romana con motivo de la cimentación de la Aduana nueva que sorprendió a la clase culta de entonces al certificar labrado en piedra noble: «El cuerpo de Decuriones de la ciudad de Malaca puso por acuerdo de todos y consentimiento universal de la provincia una estatua pedestre de mármol a su clementísimo e indulgentísimo patrono en razón de sus virtudes, las cuales, en la administración de la provincia y en la dirección suprema de todos los negocios, lo proveyeron de admirable integridad y bondad, de laudable prudencia, de singular sabiduría, de insigne y escogida elevación y elocuencia».

Miembro de la saga

Del matrimonio de Guillermo Huelin Silver y Josefa Mandly de Rueda nacieron Guillermo, Enrique, Matías y María Dolores, y así como los tres varones se dedicaron al comercio, la única hija profesó de religiosa, que seguía siendo entonces una de las formas de alcanzar la mujer de buena familia la plenitud de un destino inducido por costumbre.

Falleció Guillermo Huelin Silver el día 6 de junio de 1793, siendo enterrado en El Conventico, en la parte reservada a los hombres en la cripta de la Hermandad de Nuestra Señora de los Dolores. Sus restos, junto con otros enterramientos de hermanos de la misma cofradía, deben permanecer aún bajo los cimientos de las nuevas casas que se construyeron en calle Liborio García precisamente donde se estableció el almacén de Pedro Temboury tras el incendio del convento franciscano que a fines del pasado siglo existía en la citada localización urbana.

Dos de los cinco hijos del matrimonio Huelin Silver-Mandly de Rueda, Guillermo y Matías, destacaron en los negocios y en otras actividades sociales de la capital. Matías murió en Granada y había casado con Enriqueta Newman y Grivegnèe, una de las sobrinas de la emperatriz Eugenia de Montijo, y había sido hermano mayor de la Cofradía de Viñeros, lo que revela su vinculación con la actividad vinícola. Un hijo de este matrimonio, Carlos Huelin Newman, también se haría famoso en Málaga al enviudar dos veces y casarse otras tres. Sus mujeres fueron Isabel de la Cámara y Livermore, Francisca Arsau y Clotilde Müller Lamar.

Pero a los efectos concretos de localizar al Huelin que prestó nombre al barrio obrero del mismo apellido, nos interesa seguir la pista de Guillermo Huelin Mandly, primogénito de Huelin Silver, que casado con la malagueña María Luisa Reissig y Ruano tuvo varios hijos, uno de los cuales, Eduardo Huelin Reissig, fue el que con sus actividades industriales y mercantiles llevó a cabo en 1870 el primer poblado o asentamiento urbano de carácter industrial en Málaga, el verdadero autor del barrio obrero de Huelin.

Huelin Reissig

Este Eduardo Huelin Reissig era, por tanto, nieto del primer Huelin e hijo de su primogénito Guillermo. Había nacido en Málaga el día 18 de noviembre de 1822 y casó con Amalia Sanz Crucet. De su matrimonio nacieron Eduardo, Amalia, José y María Luisa Huelin Sanz.

Se tiene entendido entre sus descendientes que, siendo muy joven Eduardo, embarcó para Nueva York con su primo hermano Felipe Neri Casado y Reissig. No se sabe el número de años que vivió en la ciudad de los rascacielos ni las actividades que en ella pudo realizar. En todo caso, se estima en dos años su permanencia en Norteamérica. En cuanto al empleo de su tiempo y por el sesgo comercial e industrial que posteriormente desarrolló en Málaga, cabe suponer que su estancia americana le sirvió para experimentarse en el campo de los negocios de importación y exportación. Allí debió establecer importantes contactos empresariales porque, a su regreso, y asociado con su padre, se dedicó a la exportación de productos del país, especialmente vinos y frutos secos. Actividad entonces floreciente, sus ganancias debieron ser muchas, pues en 1856, al crearse el Banco de Málaga, recientemente había cumplido 34 años de edad y figuraba como uno de los socios fundadores del mismo.

Se sabe que montó una fábrica de gorras y sombreros, cuyos roductos alcanzaron justa fama dentro y fuera de Málaga, y con ellos logró diferentes premios y menciones honoríficas en Inglaterra. Nuestra Isabel II le concedió el título de caballero de la Orden de Carlos III y otros gobiernos le distinguieron con diversas condecoraciones y preciados honores.

Su actividad industrial y comercial fue incesante y abarcó casi cuarenta años de su existencia. A todas ellas dedicó tiempo y afanes, pero sentía especial proclividad por el ingenio azucarero que levantó en las afueras de Málaga, hoy Huelin, junto al cual mandó construir las primeras casas para sus obreros.

Por su elegante figura, distinción, apostura y buenos modales británicos, los malagueños de su tiempo le conocieron por el mote de «El Brillante». Murió de hemiplejía, a la edad de 69 años, en su casa de la Alameda Principal número 9. Fue a las ocho de la noche del día 25 de abril de 1891, cuatro meses antes de inaugurarse la calle Larios.

Nombre definitivo

El barrio obrero de Huelin alcanza nombre y definición a partir de las actividades industriales que en él desarrolló Eduardo Huelin Reissig, pero antes de que dicho personaje bautizara con su propio apellido una parte de la zona de huertas, fincas y plantíos de caña de azúcar donde levantó su propio ingenio azucarero, ya asomaban, según comentamos, las primeras chimeneas a partir del barrio de El Bulto.

Efectivamente, tras la retirada de Málaga de las tropas francesas y obtener Manuel Agustín Heredia del general Ballesteros las primeras licencias para la explotación de los grafitos de Ojén y establecido su primer alto horno La Concepción en Río Verde (Marbella), el primer complejo minero-metalúrgico de la región, este mismo industrial monta la Ferrería La Constancia en el mismo territorio de Huelin, muy cerca de la ciudad.

Elige para ello unos terrenos que se extendían desde la que hasta no hace tanto era barriada de El Bulto hasta el inexistente Huelin. Fue un verdadero emporio industrial y, desde luego, el más representativo de la industrialización de la Málaga de la primera mitad del siglo XIX. La potencia económica que impulsaba dicha ferrería queda reflejada en los datos que reunió para su famoso diccionario don Pascual Madoz, que en 1850, al referirse a ella, alumbra los siguientes datos:

Emporio industrial

«Esta fábrica está planteada desde luego en escala considerable, en la playa de San Andrés, a 500 varas de la ciudad, y ha sido muy aumentada en varias ocasiones bajo la dirección del mismo señor Heredia, a cuyo fallecimiento el día 14 de agosto de 1846 se hallaba en un grado tan alto de perfección, que acaso sería difícil citar en el extranjero otros establecimientos que reúnan la magnitud y variedad de sus operaciones bajo un sistema tan completo».

Efectivamente, tal como varias investigaciones universitarias han puesto de manifiesto, la ferrería de los Heredia fue caso único y exclusivo en nuestro país y probablemente, si nos ceñimos a lo anterior, fuera de España. Claro es que este perfeccionismo fue la consecuencia de anteriores fracasos, pero en el momento en que Madoz estaba haciendo su estudio de la primera industria que se estableció en la zona que hoy denominamos de manera generalizada Huelin las cosas eran tal cual recogía en su libro.

Pascual Madoz, que debió entre 1845 y 1850 destacar a Málaga a varios de sus ayudantes para recabar datos acerca de la ferrería, recogió en diez puntos sus instalaciones más importantes:

1) Tres grandes altos hornos de 50 pies de alto para la fundición del mineral de Marbella, los cuales, soplados por una máquina de vapor de 120 caballos de fuerza, pueden fundir más de cien mil quintales de hierro anuales.

2) Un horno de refinería para el tratamiento de algunas clases de hierro colado.

3) Dos hornos reverberos y tres de viento, llamados cubilotes, para la fundición de hierro colado desde las piezas de 200 quintales hasta los objetos más delicados.

4) Veinticuatro grandes hornos reverberos para la afinación y recalentado del hierro forjado, con todos sus aparatos y máquinas correspondientes, bajo el impulso de dos máquinas de vapor de 110 caballos de fuerza, pudiendo producir anualmente en caso necesario más de 450.000 quintales de hierro forjado en toda clase de barras, flejes, hierro para acero, etc.

5) Tres hornos grandes y varios pequeños para la preparación y estañado de hojas de lata.

6) Dos hornos y las máquinas necesarias para el estirado y confección de alambre de todos los géneros, movido por otra máquina de vapor.

7) Taller completo de tornos y aparatos para la construcción de toda clase de maquinaria y calderería de vapor.

8) Diferentes máquinas, hornos y talleres para la fabricación de frascos de hierro para el embase (sic) de los azogues de Almadén.

9) Veinticinco fraguas para varios objetos, gran taller de carpintería y de modelos, etc.

10) Hornos y aparatos para la fundición y estirado de cobres y otros metales.

Terminaba aludiendo a los puestos de trabajo fijos que creaban en aquellos momentos tanto La Concepción marbellí como la malagueñísima La Constancia, asegurando que trabajaban en ambos complejos industriales 2.500 operarios. El dato nos tiene que dar idea, ciento cincuenta años después, de la importancia que tuvo la que fue primera industria malagueña antes de que la zona fuera denominada definitivamente Huelin.

Sobre el mismo territorio y antes de que Huelin Reissig se estableciera, además de la Ferrería La Constancia, existían otras de productos químicos del propio Heredia, así como la Industria Malagueña, fábrica textil que, habiendo sido fundación de la familia Larios, entre sus socios participantes se encontraban, cómo no, los propios Heredia.

La Industria Malagueña, en la que trabajaron miles de obreros y obreras de varias generaciones, fue otra gran iniciativa de la emprendedora Málaga industrial del XIX. Datos cerrados al 31 de diciembre de 1908 nos dicen que estaba sustentada por cinco grandes máquinas de vapor, que en sus mil telares trabajaban miles de obreros en turnos ininterrumpidos, que su producción alcanzaba las 20.000 piezas de tela y que el alumbrado de las grandes naves se obtenía con unas costosísimas instalaciones de gas que funcionaban dentro de la misma fábrica.

Por lo expresado obtenemos que antes que el señor Huelin levantara su ingenio y poblado ya estaban allí funcionando y desde antiguo La Constancia, la fábrica de productos químicos y la Industria Malagueña. Estas tres instalaciones se hacen fácilmente identificables en el grabado que de la misma zona figura en el Madoz, y aunque para entonces recogía el plano de la ciudad su situación tal si ya se hubiera realizado el relleno del Muelle Viejo que facilitó el nacimiento del Parque, la morfología del territorio industrial y urbano de Huelin como primer barrio obrero de la ciudad todavía estaba por definir.

Es más, toda la zona que quedaba en la parte allá del Guadalmedina más o menos integrada en la linde de los Percheles no contemplaba entonces la Estación de Andaluces, el Asilo de las Hermanitas de los Pobres ni siquiera el palacio de los Bevan. Huelin era en 1850 una extensa zona de la vega malagueña, la más próxima al rebalaje, con casas diseminadas, inexistentes calles y grandes espacios libres.

Fue en aquel ámbito industrial y huertano donde Eduardo Huelin Reissig decidió crear el barrio de su nombre catorce años después de haber colaborado a la fundación del Banco de Málaga, siendo más que probable que los necesarios créditos para abordar sus proyectos industriales los obtuviera de manera preferente como cofundador de la que fue la primera entidad bancaria malagueña eminentemente autóctona.

Eran tiempos en que todavía existía en Málaga confianza en su futuro, lo industrial parecía ser la fuerza que a la economía local y provincial impulsaba, y aun cuando los negocios de exportación e importación eran los que verdaderamente animaban la actividad portuaria como renacida vocación general, muchos personajes representativos de la burguesía intentaron proyectarse a través de otros diferentes campos no suficientemente experimentados.

Ingenio Azucarero

Este Huelin Reissig del cual ya hemos hablado lo suficiente, al establecer en el barrio su ingenio azucarero y levantar las primeras viviendas especialmente diseñadas para sus obreros, entró en la industria de la caña de azúcar cuando su esplendor estaba a punto de concluir por competencia exterior.

Y es que la industria azucarera, hasta las campañas de 1884-85, había sido realmente sustanciosa, lo que movió a no pocos capitalistas locales entre ellos a este señor Huelin a probar la misma fortuna que otros venían disfrutando desde decenios anteriores. A puntos tales había llegado el negocio de la caña, que eran 15 los ingenios azucareros que existían en la provincia de Málaga a lo largo de su costa, cuyas instalaciones habían representado inversiones superiores a los diez millones de pesetas de la época. Huelin, sin duda, ya quedó perfilado para siempre como el gran barrio obrero de una urbe con vocación industrial.