Juan Carlos Ferrero: «En dos días me cambió la vida»

Ferrero, que en 2003 ganó Roland Garros y alcanzó el número uno del mundo, posa en Valencia. /Mikel Ponce
Ferrero, que en 2003 ganó Roland Garros y alcanzó el número uno del mundo, posa en Valencia. / Mikel Ponce

Exnúmero uno del mundo y ganador de Roland Garros en 2003, el tenista y entrenador repasa su trayectoria antes de disputar la Senior Masters Cup en Marbella

Alberto Gómez
ALBERTO GÓMEZ

Elige sus respuestas con la misma prudencia que mostraba en la pista. Juan Carlos Ferrero (Valencia, 1980) regresa a Málaga 18 años después de su primera visita, cuando barrió a Kafelnikov, por entonces número dos del mundo, en la eliminatoria de Copa Davis disputada en Cerrado de Calderón. «Ha nacido una estrella», tituló este periódico en un vaticinio que no tardó en cumplirse; el 'Mosquito', como lo apodaban por su velocidad y la contundencia de sus golpes, voló alto, hasta alcanzar la cima del 'ranking' mundial en 2003, tras ganar Roland Garros y ser finalista en el US Open. Esta semana compite en la Senior Masters Cup, que se celebra a partir del viernes en Puente Romano, junto a otras leyendas como Yannick Noah, Carlos Moyá o Marat Safin.

Supongo que no ha olvidado su primera visita a Málaga.

–Claro que no. Aquí jugué mi primer partido de Copa Davis. Debutar es muy especial. Recuerdo que estaba muy nervioso porque Kafelnikov era número dos del mundo, pero jugué muy bien a pesar de los nervios. Para mi sorpresa, me encontré mejor de lo que esperaba. Descubrí que la Davis me gustaba mucho.

¿Cómo recuerda los días previos? Ni siquiera tenía garantizado que el capitán apostara por usted.

–Fue una semana de entrenamientos muy duros, intensos. Dos días antes del partido me dijeron que finalmente jugaría yo. Me sorprendió, porque para mí ya era un premio estar dentro del equipo. Tenía 20 años y estaba que mordía en todos los aspectos. Sentía una mezcla de nerviosismo y ganas. Fue un gran paso.

Ahora regresa para disputar un torneo de veteranos. No sé cómo lo lleva, usted que es joven.

–Es sólo un nombre. Quienes jugamos este tipo de torneos echamos un poco de menos la competición y estamos con ganas. Así matamos el gusanillo. Los partidos son más relajados que en el circuito habitual, pero nos sigue gustando ganar porque hemos sido muy competitivos. Encontrarse con antiguos compañeros como Marat o Carlos siempre es agradable. Intentaremos ir a tope.

¿Hay vida después del tenis?

–Claro, ¿cómo no va a haber vida?

Lo pregunto porque la mayoría de tenistas que se retira sigue jugando y viajando por medio mundo.

–Depende de cómo se lo monte cada uno. Yo abrí una academia de alta competición cuando tenía 15 años y sigo viviendo del tenis diariamente. No he desconectado desde que me retiré, sigo muy ligado.

«Claro que hay vida después del tenis... Depende de cómo se lo monte cada uno»

¿Cuánto tiempo ha pasado como máximo sin tocar una raqueta?

–No lo sé, es difícil. Vivo en la academia y casi todos los días estoy en pista. Tal vez cuando me retiré, que estuve ausente y pasé entre tres y cuatro meses sin coger la raqueta.

Se retiró con 32 años. No sé si se arrepiente viendo ahora la longevidad de tenistas como Federer, que sigue jugando con 37 años.

–Me retiré porque me lo pedía el cuerpo. No me sentía bien a nivel competitivo. Si consiguiera los resultados de Federer, yo también seguiría jugando (risas). Elige muy bien su calendario y disputa pocos torneos.

Llegó a ser número uno del mundo. ¿Cómo sienta saberse el mejor?

–Es algo difícil de describir. Tuve el sentimiento de haber hecho las cosas muy bien durante mucho tiempo. Era un sueño desde pequeño, y conseguirlo fue como un descanso. Luego te pones otro tipo de objetivos: este 'grand slam', este torneo...

En su época era inusual que un jugador con su proyección no acabara en Barcelona o incluso fuera, pero usted decidió seguir en Villena, cerca del pueblo donde nació.

–Lo normal era ir a Barcelona, es cierto, porque había muchas oportunidades. Decidí quedarme en Villena con Antonio (Martínez, su entrenador). Sabíamos que teníamos que hacer las cosas muy bien para igualar las condiciones que cualquier jugador pudiera tener en Barcelona. Ahora han cambiado las cosas y hay buenas academias en todo el país.

Rechazó una oferta para irse a Florida y entrenar con Nick Bollettieri, mentor de Courier, Agassi, Becker o Seles. ¿Por qué?

–Prefería entrenar cerca de casa y no había motivos para salir porque estaba teniendo buenos resultados. Confiaba mucho en mi equipo. Para mí no era lo ideal irme tan lejos con 13 años. Ni siquiera me lo pensé.

Aunque su mejor golpe es la derecha, ¿es consciente de que todo el país le recordará por aquel 'passing' de revés contra Hewitt? Dio a España su primera Copa Davis.

–Sí, fue una eliminatoria de locos y tuve la suerte de terminar el partido con ese golpe. Ese fin de semana me cambió la vida.

«Ahora se juega mucho a destruir y poco a construir los puntos. Hay gente que juega sin ideas, a pegar la bola venga como venga»

¿De qué modo?

–En dos días pasé a ser muy conocido. Tuve que aceptar muchos cambios y solo tenía 20 años. Salía por cualquier lugar del mundo y me reconocían. Me costó asimilarlo. Fueron meses difíciles, sobre todo porque era un chaval introvertido.

¿Tuvo que hacer muchos equilibrios entre los impulsos propios de alguien que tiene 20 años y la disciplina que requiere el tenis?

–Mi equipo siempre me ha parado los pies cuando ha habido alguna situación... Como cuando empiezas a ganar dinero o a tener fama. También ayudó vivir en la academia, en una zona alejada de Madrid o Barcelona, sin tantas tentaciones a mano. Tampoco he sido muy de salir de fiesta, siempre he estado centrado.

Por su academia han pasado leyendas como Sharapova...

–Sí, hace 25 años que tengo la academia y han pasado muchos jugadores buenos por aquí. Empezamos con dos pistas y ahora tenemos 20. Es un centro familiar y tranquilo. Tenistas que son muy conocidos, como Sharapova, creo que agradecen eso.

¿Se habría dejado entrenar por una mujer?

–Esa pregunta no es… necesaria.

Hay tenistas, como Serena Williams, que han denunciado supuestos casos de machismo.

–No tengo ningún problema con el tema de las mujeres, la verdad.

O sea, que no hubiera sido un problema tener una entrenadora.

–Paso palabra.

¿Qué ocurrió con Zverev? Empezó a entrenarle pero rompieron su relación meses después.

–Entendíamos de diferente manera el tenis y la profesionalidad fuera de la pista. No coincidimos y decidimos separar nuestros caminos.

¿Se arrepiente de haber renunciado a capitanear el equipo español de Davis por entrenarle?

–Bueno, creo que la capitanía es algo que llegará tarde o temprano. Sé que mi oportunidad sigue estando ahí. Entrenar con Zverev fue una experiencia que me vino muy bien para volver al circuito y ver cómo está el tenis después de seis años.

¿Hay muchas diferencias?

–Ahora se trabaja más a nivel físico. Todos son más altos y hay menos especialistas en pista de tierra, cuando en mi época había muchos argentinos y españoles. Se juega mucho a destruir y muy poco a construir jugadas. Hay gente que juega sin ideas, a pegar la bola venga como venga.

¿Siente que Nadal ha eclipsado los éxitos de su generación?

–Me gustaría pensar que no. Todo el mundo merece el reconocimiento que debe. Rafa es el mejor deportista español que ha habido, pero los demás también han dedicado su vida.

¿Qué le parece la incursión de Piqué como empresario de tenis?

–Extraña. Habrá que ver qué ocurre el año que viene, aunque la gente está un poco reacia, cosa que veo normal. Si cambian la Davis de formato se perderá la esencia de jugar cinco eliminatorias en casa o fuera de casa.

 

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