Severo Ochoa, el fenómeno del Gaona que iba para Nobel

El Ateneo y el Instituto Vicente Espinel reivindican al científico y su relación con Málaga en el 25.º aniversario de su muerte

En el colegio. Severo Ochoa (en un círculo), con sus compañeros en Málaga./
En el colegio. Severo Ochoa (en un círculo), con sus compañeros en Málaga.
Francisco Griñán
FRANCISCO GRIÑÁNMálaga

Tocaba clase de Geografía. Y andaba en lo suyo cuando el profesor le hizo una pregunta inesperada: «¿Qué es un fenómeno?». Ya fuera por despiste o por un renuncio, el caso que aquel joven respondió con más desparpajo que conocimiento de la materia: «Un fenómeno es un torero». La carcajada fue generalizada y seguro que a aquel profesor se le hubiesen salido los ojos de las órbitas si entonces le hubieran asegurado que aquel chico lenguaraz sería años más tarde Premio Nobel de Medicina. El propio Severo Ochoa de Albornoz recordaba esta anécdota en una de sus numerosas visitas a Málaga durante las dos últimas décadas de su vida en las que revivió su década prodigiosa y escolar en la capital. Unas vivencias que marcaron su infancia y que, como el mismo reconoció, también su vocación por las ciencias naturales.

Aquella vinculación sureña del científico volvió a reverdecer ayer en el homenaje que le dedicaron el Ateneo de Málaga y el Instituto Vicente Espinel al cumplirse el 25.º aniversario de su muerte. Dos instituciones íntimamente ligadas a Severo Ochoa, ya que el centro escolar fue en el que el investigador cursó su Bachillerato desde 1915, mientras que la institución ateneísta lo homenajeó en 1971 en un acto en el que también participó su profesor Eduardo García Rodeja.

«Casi todo el mundo concede mucho interés a los estudios universitarios, pero Severo Ochoa siempre le dio un gran valor a su paso por un centro de enseñanza media como Gaona, que fue clave para su vocación científica», explicó el historiador y profesor de la Universidad de Málaga (UMA) Víctor Heredia, que participó ayer en el acto de homenaje celebrado en el Ateneo. Una institución en la que volvió a sonar el nombre de García Rodeja, «joven profesor de Física y Química que fue la persona que más influencia tuvo en mi formación de aquellos años y despertó con fuerza incontenible mi afición por las ciencias naturales», reconoció en vida el propio Severo Ochoa, que repartía sus recuerdos con otro maestro, Luis Muñoz Cobos, que fue fundamental para que aquel joven se decantara por la Biología.

El «chavea» que se enfadaba

Ochoa llegó a Málaga en 1912 junto a su familia asturiana en búsqueda de un clima invernal más benévolo para la salud. Por ello pasaba aquí de septiembre a junio, mientras que en los veranos volvía a su tierra natal. Primero estudió en los jesuitas, en el centro que tenían en calle Compañía junto a la iglesia del Sagrado Corazón, y después pasó a la Academia de Don Ventura de calle Sánchez Pastor. «La misma a la acudió Vicente Aleixandre, pero ni una placa recuerda que allí estudiaron dos premios Nobel», criticó Víctor Heredia, que recordó que Severo Ochoa se enfadaba al principio cuando le decían por la calle «chavea» ya que no sabía lo que significaba.

En 1971, con el maestro que marcó su interés por las ciencias naturales, García Rodeja
En 1971, con el maestro que marcó su interés por las ciencias naturales, García Rodeja

«Fue un estudiante aplicado, pero no un empollón», sostuvo el historiador malagueño, que añade que las notas de Severo fueron mejorando conforme acababa el bachillerato en Gaona con sobresalientes y matrículas de honor. Un camino de excelencia que le llevaría al exilio con la guerra civil para continuar en Estados Unidos con sus investigaciones sobre el ácido ribonucleico que lo convirtieron en merecedor del Nobel. En los años ochenta también fue reconocido con el Honoris Causa de la UMA a propuesta del catedrático emérito Ignacio Núñez de Castro, que ayer también participó en el acto homenaje junto a Miguel Tello, del Ateneo, y Julia del Pino, directora del IES Vicente Espinel.

El homenaje también incluyó la proyección del documental 'Severo Ochoa y el Instituto de Gaona. La emoción de la memoria' (2006), dirigido por Rafael Maldonado y Enrique Girón como reivindicación a su relación con Málaga, pero también como contestación a la serie de TVE 'Severo Ochoa. La conquista del Nobel' (2001), en la que se omitió toda la etapa del científico en la ciudad. Pese a que fue fundamental para convertirse en un fenómeno. Aunque no fuese torero.

Ochoa, de joven en el Parque.
Ochoa, de joven en el Parque.

 

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