Madame Blavatsky e Ian Fleming: De la vidente que me timó al espía que me amó

Ian Fleming. /
Ian Fleming.

Tal día como hoy nacía Madame Blavatsky, quien se sacó de la manga decimonónica la teosofía, y moría Ian Fleming, creador del celebérrimo espía James Bond

MARÍA TERESA LEZCANO

Tal día como hoy nacía Madame Blavatsky, quien se sacó de la manga decimonónica la teosofía, y moría Ian Fleming, creador del celebérrimo espía con británica licencia para matar, Bond, James Bond.

Madame Blavatsky. Del 12-8-1831 al 8-5-1891

Doce de agosto de 1831. Nace, en la hoy ucraniana Ekaterinoslva, Helena Von Hahn, quien, ya apellidada con el Blavatsky matrimonialmente adquirido – si bien la unión nunca se consumó porque la desposada de diecisiete años huyó a caballo del flamante aunque cuarentón cónyuge vicegobernador, y nunca regresó –, se convirtió en Madame Blavatsky, no por regencia o usufructo burdelescos sino como nombre de guerra de su capitanía en las ciencias ocultas y la teosofía, la cual se sacó de la manga decimonónica a través de una fraternidad que promulgaba una sabiduría ecléctica directamente relacionada con movimientos esotéricos espiritistas. Después de ser mahatmicamente amaestrada en la India y en el Tibet, Blavatski se puso las pilas gnósticas y ya fue un no parar de clarividencia elevada a la enésima potencia y a la potencial temporalidad: el lunes tengo una crisis de origen sobrenatural y redacto Isis sin Velo, obra en la cual me explayo todo lo explayable, mediúmnicamente hablando; el martes me decoro la sede la Sociedad Teosófica en París con una serpiente y una esvástica; el miércoles me compro una gran propiedad en Madrás y, sobre aroma de curry y bajo el ritmo de cine prebollywoodense, establezco en la India la sede internacional de mi imperio espiritista; el jueves la londinense Sociedad para la Investigación Psíquica crea un comité especial para diseccionar mis actividades y me acusa de ser una de las impostoras más grandes de la historia; el viernes me resarzo escribiendo La Doctrina Secreta, donde, entre col de cosmogénesis y col de antropogénesis, meto unas cuantas lechugas de simbolismo arcaico universal; el sábado me acusan de racismo por aseverar que los aborígenes australianos son un cruce atlanto-lemuriano y los semitas espiritualmente degenerados, y me muero del disgusto y de una gripe camuflada entre las nieblas de Londres; el domingo resucito, metafóricamente hablando, ya que de igual modo influyo en Lovecraft y Mahatma Gandhi que en Joyce o Kandinski, y el mismísimo herr Hitler reivindica la superioridad aria bajo mis blavastkianos preceptos. Por no hablar de la new age, que se me apropia de la era astrológica de Acuario y hasta del retorno de la hechicería. Por todos los yoguis, que iluminación la mía.

Ian Peter Fleming. Del 28-5-1908 al 12-8-1964

Ciento treinta y tres años después del nacimiento preucraniano de Helena Blavatsky, moría en la inglesa Canterbury Ian Fleming, creador del celebérrimo espía de ficción con británica licencia para matar 007, Bond, James Bond en honor al ornitólogo homónimo y experto en aves caribeñas. Antes de parir al espía más famoso de la literatura, Fleming fue practicando en sus propias carnes londinenses las aventuras que posteriormente le endilgaría narrativamente al carismático agente del MI6: durante la Segunda Guerra Mundial concibió la Operación Ruthless, plan consistente en capturar la máquina codificadora alemana Enigma, el cual nunca fue llevado a cabo y, tras su desmovilización en mayo de 1945, fue simultaneando su trabajo público de periodista con la oculta labor de asistente de los servicios secretos de su oficialmente graciosa e isabelina Majestad. Y así fue acumulando un superávit de experiencias espionajescas aptas para iniciarse bondianamente en Casino Royale, ópera prima a la que seguirían una ristra de novelas licenciadas para matar, cuyo éxito fulminante y las correspondientes adaptaciones cinematográficas le reportarían a su autor libras esterlinas en cantidad suficiente para retirarse a una casa en Jamaica donde, además de ponerse hasta las espiadoras cejas de cabra al curry, ron añejo y música Mento – sin olvidar las inhalaciones de cannabis previas a la despenalización gubernamental –, fue dando rienda suelta a la bibliofilia que le duró hasta los cincuenta y seis años, cuando fue miocardiamente infartado mientras se hallaba buscando libros por la ciudad de Canterbury. Tres años antes de la muerte de Fleming y dos antes del afiambramiento presidencial en Dallas, John Fitzgerald Kennedy declaró que «Desde Rusia con amor» era uno de sus diez libros favoritos, y la película «007 contra el doctor No» fue proyectada a petición suya en la Casa Blanca dos días antes de que Lee Harvey Oswald le volara la cabeza, motu propio según la Comisión Warren aunque el Comité Selecto de la Cámara sobre Asesinatos declararía posteriormente que se trató de una conspiración en la que estuvieron involucradas varias dependencias del gobierno estadounidense. Who knows.

 

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