Los últimos versos de García Baena

García Baena fue la última voz de Cántico y un vínculo entre el 27 y la poesía de posguerra. /SUR
García Baena fue la última voz de Cántico y un vínculo entre el 27 y la poesía de posguerra. / SUR

Un libro póstumo recoge doce poemas inéditos del autor cordobés, última voz del grupo Cántico

Alberto Gómez
ALBERTO GÓMEZ

Nunca abandonó la poesía. Ni siquiera en sus últimos años de vida, cuando tenía dificultades para ver. Esa ceguera progresiva marcó su escritura en los compases finales, hasta su muerte hace un año. Pablo García Baena revive ahora en 'Claroscuro', un libro que recoge doce poemas inéditos, trazados entre la neblina que ocupaba sus ojos. Editado por José Infante y Rafael Inglada, el título hace referencia a la escasa luz a la que el poeta cordobés, fundador de la revista y el grupo Cántico, tuvo acceso durante su última etapa. «Es un Pablo en estado puro», resume Infante: «El lenguaje es sencillo, esencializado, aunque no renuncia a la suntuosidad de su léxico». Algunos de los temas centrales de su obra, como el amor o la naturaleza, aparecen con fuerza de principiante.

El más malagueño de los poetas cordobeses, vínculo imprescindible entre la Generación del 27 y los autores de posguerra, no dio por finalizado este poemario, como recuerda Infante: «Estamos ante un libro inacabado. Pablo no dejó nada escrito acerca del destino de estos poemas». La decisión de publicarlos era «arriesgada» porque sus editores ignoran si él lo hubiera hecho: «La muerte no le dejó esa última decisión». Pero había una razón poderosa: «Se trata de la obra postrera de uno de los poetas fundamentales del siglo XX». Infante y Anglada han ordenado los poemas de forma cronológica, según los escasos apuntes y datos con que contaban, pues la mayoría de escritos carecía de fecha, y han elegido 'Vísperas' como cierre, hilando con la última costumbre de García Baena, consistente en acabar sus libros con un poema de corte religioso.

Infante e Inglada editan 'Claroscuro', donde «un Pablo en estado puro», azotado por problemas de visión, se aferra al amor y la naturaleza

«Un poeta cuyos poemas se leen es un poeta vivo, aunque no exista físicamente»

El libro fue presentado ayer por sus editores en la sede que el Centro Andaluz de las Letras (CAL) tiene en calle Álamos. «Vengo a verte / y mis dedos se van hasta tu tronco / poderoso y sagrado», escribió García Baena en 'Ombú', uno de estos últimos poemas, homenaje al árbol que solía visitar durante sus estancias en Benalmádena.

Por 'Claroscuro', editado por Pre-textos, bajo cuyo paraguas también publicó su último libro en vida, 'Los Campos Elíseos', sobrevuela el rigor editorial de sus colegas, pero sobre todo la amistad. Inglada conoció al autor de 'Rumor oculto' en 1982, cuando García Baena tenía una tienda de antigüedades en La Nogalera: «Aún no le habían dado el Premio Príncipe de Asturias. Fueron muchos años de encuentros, hablando de poesía y confesándonos cosas. Además de su poesía, me admiraba su calidad humana». Por eso este título póstumo también resulta un acto de justicia: «Un poeta cuyos poemas se leen es un poeta vivo, aunque no exista físicamente». También Infante recuerda «46 años de amistad». Lo vio por última vez el 11 de enero del año pasado, tres días antes de su muerte: «Estaba muy resfriado, pero tenía una memoria portentosa. Se despidió tres veces de mí y tuve la triste sensación de que no volvería a verlo».

«A la noche, en el whisky, entre el hielo y las lágrimas, / volvían sombras idas, blancos comendadores, / el laurel de Michele, ojos persas de Omar. / Todo lo bello amaste: los cuarzos, los grabados, / los putti de Nápoles en la risa de Góngora, / los torsos palpitantes, sangre azul y plebeya, / timbrada por la heráldica o la bullente y roja», escribe en otro de los poemas, que dictaba a un sobrino para que los pasara a ordenador y los imprimiese con letras grandes para corregirlos.

Autor del Año en 2018

Antes de su muerte acababa de ser nombrado Autor del Año por el CAL, una distinción que, con su habitual sorna, tachó como «una exageración». En noviembre de 2017, como una premonición, ironizó sobre el reconocimiento: «Como ya son tantos los años, tal vez piensan que el año que viene no podrá ser y han escogido éste deprisa y corriendo».

García Baena nunca entendió la poesía como una ocupación, algo que dio pie a largos silencios entre sus obras. Uno de los más prolongados se produjo entre 1958, cuando publicó 'Óleo', y 1971, año en que se editó 'Almoneda'. Dedicó aquel tiempo a viajar por varios países, antes de fijar su residencia en Torremolinos y trasladarse luego a Benalmádena, donde siguió ejerciendo de anticuario hasta 2004, cuando regresó a Córdoba.

La vinculación de García Baena con Málaga venía de largo. Varios artistas locales organizaron un acto para rendirle homenaje en 1971. Aquella iniciativa, liderada por Infante, supuso el regreso del poeta andaluz a la escritura tras más de una década de silencio. El autor cordobés mantuvo desde los años 60 una estrecha relación con la provincia que convirtió en su segundo hogar, por momentos el primero, algo que le permitió forjar amistad con poetas como Manuel Alcántara o María Victoria Atencia. En 'Cándido' escribió versos que ponen palabras a cualquier despedida, también la suya: «Así un día te fuiste y los perros / ladraron a tu muerte entre la niebla, / entre el olvido, pájaro de lágrimas».

Rafael Inglada, Luis Ortiz y José Infante.
Rafael Inglada, Luis Ortiz y José Infante. / SUR