Málaga en verso

'Ciudad del paraíso' de Vicente Aleixandre es el máximo exponente, pero no el único. Poetas de todos los tiempos se han inspirado en el mar y en rincones singulares de la ciudad y su entorno

Puesta de sol en la desembocadura del río Guadalhorce./Salvador Salas
Puesta de sol en la desembocadura del río Guadalhorce. / Salvador Salas
Regina Sotorrío
REGINA SOTORRÍO

Hace 17 siglos que se escribieron los primeros versos dedicados a Málaga. Los firmaba Rufo Festo Avieno en su 'Ora maritima' (s. IV). Los últimos se están poniendo sobre el papel ahora mismo. Málaga y su entorno han servido de inspiración para poetas, propios y foráneos, de todos los tiempos. Una mirada lírica que se detiene sobre el mar, que se sobrecoge ante lugares singulares y que captura en pocas líneas imágenes costumbristas. Una Málaga en verso que tiene su máxima expresión en 'Ciudad del Paraíso', el poema de Vicente Aleixandre que el Ayuntamiento grabará en la Travesía del Pintor Nogales.

La obra del Premio Nobel es el máximo exponente, pero no el único. «Málaga es una de las ciudades poéticamente más potentes», confirma LorenzoSaval, escritor y director de la revista 'Litoral'. Hasta doscientos autores forman parte de la antología 'Andén Sur. Málaga en la poesía del siglo XX' (2007), que editó Rafael Inglada. Doscientos poetas que colocan a Málaga como eje de su inspiración. «Y no hay solo un canto al paisaje, al mar o a algún pueblo. Lo que hay es mucha experiencia vital de los poetas que han pasado un fin de semana en la provincia, que dejaron aquí a un amor o que se sorprendieron en un viaje fugaz a tal pueblo», reflexiona el poeta y editor.

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El paso de Luis Cernuda por Torremolinos en 1928, por ejemplo, se tradujo en uno de los más bellos poemas de su trayectoria, 'Elegía anticipada', dedicado al cementerio romántico del municipio. Antes que él, Rainer María Rilke se quedó prendado de los 'Almendros en flor' en su visita a Ronda («Ay, quien supiera florecer como vosotros: para ése su corazón se encontraría por encima de todos los pequeños peligros, en el grande estaría sereno») y décadas después, en los 60, sería Jean Cocteau quien admiraría esas jábegas con «ojos de egipcio muerto» sobre un mar que «corría detrás de sí mismo en las olas».

Es una constante, el «gran protagonista»; el mar. «Junto al agua negra./ Olor de mar y jazmines/ Noche malagueña», escribió Antonio Machado. 'Málaga: el mar, la poesía' dio título a una exposición organizada por el Centro del 27 con versos de Rafael Pérez Estrada, María Victoria Atencia, Jorge Guillén, Federico García Lorca, José Moreno Villa, Emilio Prados, Manuel Alexandre, Manuel Alcántara, Manuel Altolaguirre... «Todo el litoral es determinante en la presencia de Málaga en la poesía», puntualiza Juan José Téllez, escritor y director del Centro Andaluz de las Letras.

Ahí está la vista del 'Paseo Marítimo' desde el balcón de Jorge Guillén; o la 'Transfiguración junto al mar' que experimenta Emilio Prados en el Peñón del Cuervo («¿El barco?... /¿La piedra?... /¿El sol? / (Silencio) /En la noche abierta / todo huele a corazón /¡El barco! /¡La piedra! /¡El sol!»). Esa roca que se asoma al Mediterráneo era, como apunta Saval, punto de encuentro de los poetas del 27. También Altolaguirre la menciona en 'Tarde'.

Vicente Aleixandre escribió 'Subida a la Alcazaba'. / Salvador Salas

En la Málaga en verso es decisiva la creación de la Imprenta Sur. «Sin ella, los poetas del 27 no hubieran venido a visitar a Prados y a Altolaguirre. Era el imán que les hizo descubrir la ciudad en los años 20 y en las décadas posteriores», destaca José Antonio Mesa Toré, poeta y director del Centro Cultural del 27. Téllez recuerda cómo José Luis Cano le contaba que cada vez que Lorca venía a Málaga, Emilio Prados le convocaba a él y a otros poetas para un encuentro en El Palo. Puede que de una de esas citas sea el poema 'En Málaga' de Lorca («Negros torsos bañistas oscurecen / la ribera del mar»). «Sin Málaga no podría entenderse de todo el 27», apostilla el responsable del CAL.

Málaga les llega a los poeta del 27 «a través de los sentidos», construyendo una imagen «idílica y paradisíaca», analiza Mesa Toré (que asesoró el número de 'Litoral' titulado 'Málaga. Meeting point', donde se ofrece una extraordinaria radiografía literaria de la provincia). Es la provincia de los pueblos blancos, los enclaves monumentales como la Alcazaba o Gibralfaro, las playas de la Caleta y el Limonar, del olor a jazmín y dama de noche, el cante flamenco, el vino moscatel... «Una ciudad abierta y una ciudad de amistad», añade Inglada.

Pero Mesa Toré, haciéndose eco de las conclusiones de Alfonso Canales en su antología 'Málaga en la poesía', insiste en que el 27 no inventó nada. «Sus señas de identidad, así como su propia identificación del paraíso, estaban ya alumbradas siglos atrás», comenta Mesa Toré, que cita a un buen ramillete de poetas arábigo andaluces. En 'Fiesta en un jardín' de Ben al-Saqqat y en 'Alabanza a Málaga' de Umar al-Malaqui aparece ya una «embriagadora» descripción de Málaga.

El 27 tomó y amplificó esa representación, aunque también había espacio para la crítica, como en los incisivos versos de José Moreno Villa sobre 'Tres momentos del Parque de Málaga' en los que se lee que los «despreciadores del trabajo,/epicúreos de ayer,/ dejan pasar la vida tendidos boca abajo». «¡Hay siempre tanta gente que no tiene nada qué hacer!», exclama.

El director del CAL encuentra otro factor decisivo: «La nostalgia. Málaga aparece casi como un icono de la memoria de los poetas». Lo demuestran 'Ciudad del paraíso' y 'Subida a la Alcazaba' de Aleixandre («Y saber que arriba está el niño que fuera, que fue, que dura y contempla. / Masa de tiempo dulce, sí, suspendido / sobre una Málaga que volaba, blanda en las luces») y el emotivo 'Niño del 40' de Alcántara. Sin olvidar 'Mi patria' de Salvador Rueda que antes de 'Ciudad del paraíso' «era el más emblemático» de la Málaga lírica. «Quizás ahora no se recuerde tanto porque el modernismo no cuadra con la estética de hoy», lamenta Téllez.

Los poetas contemporáneos han recogido el testigo y siguen cantando a la ciudad y su entorno, aunque ahora se cuelen el asfalto, los semáforos, los petroleros, el bullicio, los edificios públicos... De una u otra forma, Málaga sigue en el verso.

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