El rescate de Julen mueve la tierra equivalente a 34 piscinas olímpicas

El paisaje de Totalán cambia radicalmente, tras el desplazamiento de 85.000 metros cúbicos de tierra y rocas, una obra similar a la de construir 400 metros de una autovía o cuatro plantas de sótano bajo La Rosaleda

El rescate de Julen mueve la tierra equivalente a 34 piscinas olímpicas
Ñito Salas
IGNACIO LILLO y FERNANDO TORRESMálaga

Desde el cerro situado frente al de la Corona, hasta ahora sólo conocido por la existencia de un dolmen prehistórico (que los mayores del pueblo llaman la tumba del moro) hacen falta unos prismáticos para ver con claridad la magnitud de los trabajos. A falta de estos, el móvil a diez aumentos capta la grúa y el helicóptero diminutos. Dicen los lugareños que antes allí había una colina similar a la que hay detrás, con lo que parece una casa y una torreta de telecomunicaciones. Aún en la distancia, el desmonte tiene unas dimensiones extraordinarias, propias de las obras para una infraestructura, como podría ser el principio de una autovía.

Desde este punto, visto pocas horas antes del desenlace, se distingue la gran grúa que hace las veces de ascensor para los mineros, un poste de iluminación y muchos vehículos. No se acierta a ver a los miembros del operativo. Cae la tarde y empiezan a encenderse las luces a pie de obra. Dentro del pozo, cuya posición está marcada por la grúa, los mineros especialistas en rescate se juegan la vida para sacar a Julen del interior de la tierra.

Hasta llegar a ese punto han sido necesarias casi dos semanas de obras para preparar el terreno. Antes de que la máquina pilotadora pudiera empezar a trabajar, y con el único objetivo de poder llegar hasta la cota donde se encontraba el pequeño, fue necesario acometer un desmonte que alcanzó los 85.000 metros cúbicos de excavación, tal y como explicó el delegado del Gobierno en Andalucía, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis. Ello ha supuesto movilizar unas 170.000 toneladas de tierra y rocas, en una superficie que está en el torno de los 15.000 metros cuadrados.

Para ayudar a relativizar las cifras a los lectores no especialistas, los ingenieros aportan algunos ejemplos que cualquiera puede entender, y que dan idea de la magnitud de lo ejecutado. El símil más común es el de las piscinas olímpicas, de las que se podrían haber construido hasta 34 con el mismo esfuerzo. Otro lo equipara al hecho de que le hubieran excavado cuatro plantas de sótanos a un campo de fútbol como la Rosaleda. Y un tercero destaca que este podría ser el movimiento equivalente al de un tramo de autovía de unos 400 metros.

En todos los casos, coinciden en llamar la atención sobre el tiempo récord en que se ha hecho una actuación de tal calado. Han sido unos diez días de ejecución real sobre el terreno, trabajando las 24 horas, de lunes a domingo. En condiciones normales de trabajo se hubiera tardado un mínimo de tres meses en hacer lo mismo. Y ello, sin contar con los estudios necesarios para el proyecto de ingeniería, las catas, informes geotécnicos, etc, algo que en el caso de Julen no se ha podido hacer por la necesidad de actuar con extrema urgencia. Más de un centenar de profesionales, llegados de todos los sitios de España o en sus fábricas, han puesto su esfuerzo desinteresado en una misión de salvamento humanitario que no tiene precedentes en la historia.

La plataforma

El desafío era alcanzar una cota por debajo de los 71 metros del pozo por el que cayó el niño, puesto que un tapón de tierra y piedras, compactado por la humedad, impedía llegar hasta él. El problema es que las pilotadoras disponibles no permitían bajar a tanta profundidad, de manera que el primer proyecto consistió en un rebaje del terreno de 30 metros, que se encontró con muchos problemas para avanzar por la dureza del terreno. Se trata del suelo conocido como maláguide, una mezcla de pizarra, arena y gneis, muy característico de la provincia y un viejo conocido para quienes están acostumbrados a lidiar con el suelo malagueño en la ejecución de infraestructuras.

Para domarlo, se movilizó a una docena de las máquinas más modernas del mercado, cedidas por las constructoras. Se han empleado varias retroexcavadoras, bulldozers, camiones de gran tonelaje, volquetes, grúas, pilotadoras, compactadores, góndolas de transporte y maquinaria de soldadura, entre otras. Las herramientas llegaron desde Málaga y desde muchos otros puntos del país. La ola de generosidad fue tal que había más de las necesarias, y no se podían emplear todas por el reducido espacio de actuación. Además, el camino de acceso era apenas un carril terrizo, de gran pendiente y lleno de baches, como los que surcan las colinas de esa parte de la Axarquía para llegar a las fincas, y fue necesario construir una carretera en toda regla para permitir que subieran. «Más máquinas no caben», llegó a decir Ángel García Vidal, delegado del Colegio de Ingenieros de Caminos y portavoz del dispositivo técnico de rescate.

El túnel

Finalmente, se pudo ahorrar algo de tiempo en el desmonte, al reducirlo a unos 25 metros, gracias a la aparición en escena de una gran pilotadora con capacidad para llegar hasta los 60 metros de profundidad. De manera que, tras la rebaja de la cota y la construcción de la plataforma, fue el turno de la perforadora, que había abandonado poco antes unas obras de Ferrovial en la autovía M-40 de Madrid para unirse al operativo. La máquina, de 75 toneladas de peso y 70 metros de largo, requirió una compleja maniobra para colocarla en el punto exacto que habían determinado los ingenieros y los geólogos.

Comenzó entonces la segunda fase, con la construcción de un túnel vertical de unos 60 metros de profundidad, que nuevamente se encontró con importantes dificultades por la dureza de la roca. «La montaña marca el ritmo de trabajo», dijo el portavoz del operativo de la Guardia Civil. En caso necesario, estaba disponible una segunda perforadora para entrar en acción de inmediato. La longitud que se alcanzó, superior a la que era necesaria, en principio, para llegar hasta el niño, se explica por la necesidad de habilitar una caldera de ocho metros, donde almacenar los escombros de la excavación en la siguiente fase, la de los mineros.

Entre tanto, para encamisar y asegurar el nuevo conducto, por donde estos últimos debían descender, los trabajadores de la empresa Victoria Transformados Metálicos, de Totana (Murcia) hicieron horas extra para dar formar a 60 metros de tubo metálico, forjados expresamente para esta tarea, con una anchura que no es la habitual en el mercado, de 1,1 metros de diámetro.

Las cifras

170.000
tonelas de tierra y roca se han retirado durante la actuación.
25
metros de desmonte fue necesario para construir el pozo de rescate.
1,3
millones de euros es el coste aproximado sólo de la excavación, sin contar el resto de conceptos.

Mientras, en la carpintería metálica Inalme, en Alhaurín el Grande, los hermanos Carlos y Miguel Tirado aplazaron todos los encargos de sus clientes y se encerraron a trabajar 14 horas al día para fabricar la cápsula que se convirtió en el ascensor por donde los mineros bajaron y subieron a trabajar en la interconexión de los dos túneles. La jaula, fabricada con tubos estructurales de hierro, pesa 300 kilos y sus anclajes están diseñados para soportar hasta 5.600.

Gracias a este último artilugio pudieron entrar en escena los mineros, un equipo de ocho especialistas en rescates en el interior de la tierra, pertenecientes a la compañía Hunosa y llegados desde Asturias, que descendieron en esta suerte de ascensor, descolgado por el túnel mediante un camión grúa con precisión milimétrica. De nuevo, la montaña se interpuso y la dureza extrema de la roca madre hizo que estos necesitaran más de 30 horas, a turnos de 40 minutos, y hasta cuatro microvoladuras controladas en su interior (con explosivos facilitados por la Guardia Civil), para lograr conectar los dos pozos entre sí. Con el desenlace que ya se conoce.

Ayer mismo, la Guardia Civil informó de que ambos serán sellados para evitar riesgos y la nueva orografía del cerro de la Corona se quedará así, como un recordatorio permanente de la tragedia. Quizás, con el tiempo, se pueda hacer allí alguna actuación como memorial de unos sucesos que conmocionaron al mundo.

Todo esto ¿cuánto vale?

En el operativo se resisten a hablar de dinero, pero es fácil comprender, a la vista del alcance de lo que se ha hecho, que sólo la obra civil –sin contar el despliegue de la Guardia Civil, Bomberos, policía, sanitarios y Protección Civil, entre otros– tendría una factura millonaria. SUR ha consultado con expertos del sector para ofrecer algunas referencias. Así, el movimiento de tierras que se ha ejecutado ronda en el mercado los 1,3 millones, con un gasto de combustible que llegó a ser de 35.000 euros al día.

A ello, hay que sumar las horas de trabajo de los ingenieros y demás técnicos; el coste de movilizar la maquinaria y los profesionales desde diversos puntos del país; la perforación del nuevo túnel; los suministros del encamisado, la cápsula para el descenso de los especialistas, y un largo etcétera.

Cuando se trata de sacar a un niño de un pozo, ni el dinero ni las horas de trabajo importan.

 

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