«Las mujeres gitanas tenemos mucho que decir en el movimiento por la igualdad»

Sonia Cortés y Jenni Amador, dos profesionales que trabajan en la Secretariado Gitano. /MIGUE FERNÁNDEZ
Sonia Cortés y Jenni Amador, dos profesionales que trabajan en la Secretariado Gitano. / MIGUE FERNÁNDEZ

Jennifer Amador y Sonia Cortés, profesionales con estudios universitarios, rompen estereotipos y se convierten en referentes para los jóvenes de su comunidad

Amanda Salazar
AMANDA SALAZARMálaga

Sonia Cortés y Jennifer Amador son responsables de dos de los programas más importantes de la Fundación Secretariado Gitano de Málaga, que trabaja para conseguir la promoción integral de la comunidad gitana desde la atención a la diversidad cultural. Ambas tienen formación universitaria, son profesionales y gitanas, que rompen estereotipos y se convierten en un referente para animar a los jóvenes de su etnia a formarse y a que trabajen para llegar a ser lo que se propongan, además de promover la igualdad en su entorno.

Cortés (Granada, 40 años) es licenciada en Sociología, orientadora educativa y coordinadora del Plan Promociona, financiado por el Fondo Social Europeo que acaba de cumplir diez años acompañando a los niños gitanos en sus estudios. Un programa que ha logrado en este tiempo rebajar las cifras de abandono prematuro de los estudios y mejorar las condiciones de acceso al mercado laboral de los jóvenes gitanos. «Las familias gitanas son cada vez más conscientes de la importancia de la educación y esto está cambiando muchas cosas dentro de la comunidad», señala Cortés. Antes, asegura, los chicos solo se planteaban terminar la educación obligatoria y ahora empiezan a mirar más allá. «Lo importante es que los jóvenes gitanos conozcan otras opciones y puedan elegir; no todos tienen que ir a la universidad, pero hay que tener una preparación», añade.

Por su parte, Jennifer Amador (nacida también en Granada, 27 años), se licenció en Magisterio de Primaria. Luego terminó Humanidades y tiene dos másteres, uno en Historia y otro de Proferorado en Secundaria. Además, es técnica de Igualdad del programa Calí, que por primera vez se centra en la mujer gitana para promover su acceso al mercado laboral. «Yo nunca me he sentido limitada en mi familia por ser mujer para querer estudiar o salir fuera», dice Amador. El ejemplo de jóvenes gitanas que, como ella, quieren formarse, trabajar y ser independientes económicamente rompe barreras psicológicas entre los más tradicionales. «Cuando las niñas empiezan a estudiar y descubren que tienen otras alternativas ven más allá de querer casarse y tener hijos jóvenes, algo que es tan respetable como estudiar; lo bueno es que puedan decidir», dice Amador. «Muchos padres gitanos quieren que sus hijas se formen pero que a la vez se casen pronto; yo les digo que el hecho de casarse o tener pareja no puede frenar sus sueños», opina Cortés, por su parte.

Revolución silenciosa

Como mujeres, ambas asisten expectantes al impulso que ha tomado el movimiento por la igualdad a raíz del pasado 8-M. «Somos mujeres antes de ser de cualquier etnia; este movimiento tiene que contar con la mujer gitana porque tenemos mucho que decir y aportar», señala Jennifer. La mujer gitana, indica Cortés, «no puede permanecer al margen de esta lucha porque sufrimos una doble discriminación, por ser mujeres y por ser gitanas».

Aseguran que a pesar de que la sociedad piensa habitualmente que la comunidad gitana es patriarcal, lo cierto es que en los hogares las mujeres son el pilar fundamental de la familia. «La imagen de mujer cuidadora y sumisa es totalmente opuesta a la realidad; somos las que llevamos el peso de la casa y de las decisiones en una particular revolución silenciosa», asegura Sonia.

Hay aún mucho por hacer, dicen, en el reparto de las tareas domésticas; pero en esto, como en el resto de la sociedad española, se están dando pasos. «Mi padre no hacía nada en casa y ahora sí se dividen las tareas; esto ocurre más ahora porque cada vez son más las mujeres que trabajan fuera de casa», explica Cortés.

«Con los gitanos se tiende a generalizar sin conocer»

Uno de los aspectos que se trabajan desde la Fundación Secretariado Gitano es acabar con los estereotipos y combatir la discriminación. Sonia Cortés y Jennifer Amador aseguran que nunca se han sentido excluidas por ser gitanas, pero señalan que en la sociedad prevalecen muy marcados los comentarios negativos sobre los gitanos. Están hasta en los chistes o en expresiones coloquiales. «Yo escucho eso de que 'va como una gitana', queriendo decir que va sucia o desaliñada y me duele», dice Amador. «Con los gitanos se tiende a generalizar sin conocer y eso es siempre negativo; quien hace esos comentarios se arriesga a meter la pata porque no todos los gitanos somos iguales, lo mismo que a los no gitanos no se les puede meter a todos en el mismo saco», continúa la responsable del programa Calí, quien recomienda «no confundir la opinión con los hechos».

«La problemática de la comunidad gitana no es cultural, sino social; muchas de las familias que vienen a pedir ayuda tienen problemas no por ser gitanas, sino porque tienen escasos recursos y están en riesgo de exclusión», indica Cortés, pero no todos los gitanos viven en esa situación.

Aseguran que la sociedad piensa que los gitanos son más machistas o que existe más violencia de género. «Vivimos en España y compartimos los mismos valores que el resto de los ciudadanos; este país sigue siendo aún machista, y la comunidad gitana no hace sino reproducir esos patrones que son de todos; pero no hay más incidencia por el hecho de ser gitanos. Uno no es gitano por cómo se comporta o se viste, sino porque lo llevas en la sangre», indica Amador. «Algunas familias creen que si sus hijos estudian, se van a perder las tradiciones gitanas», señala Cortés, «pero las culturas no son estáticas, hay cosas muy buenas que debemos mantener, como el respeto a los mayores o la hospitalidad, pero tiene que haber una evolución».

 

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