Orgullosos de ser españoles

Los españoles están poniendo de manifiesto que les une un pegamento mucho más fuerte aún que la Historia o el idioma común: la voluntad de compartir un camino en libertad y en paz

La Fiesta Nacional que hoy celebramos, y que nos recuerda el legado de civilización y cultura que España ha sembrado a lo largo de los siglos en una amplia comunidad de naciones, llega en un momento oportuno. Llega justo cuando, ante el ataque a la democracia protagonizado por el secesionismo, el pueblo español y muy especialmente el andaluz está reivindicando en las calles y en los balcones su orgullo de pertenencia a un gran país, a la gran nación española.

Al hacerlo, estamos proclamando nuestra voluntad de seguir caminando juntos, con un indeclinable espíritu de solidaridad y afecto entre los ciudadanos de todos los territorios de España, que, en su diversidad, mantienen lazos comunes que ningún egoísmo, ningún movimiento totalitario podrá destruir.

Me niego a creer que el orgullo de ser español pueda ser exclusivo de una adscripción política o de una forma de pensamiento. Desde cualquier posición ideológica, desde cualquier planteamiento social o cultural es posible y sano sentirlo.

Celebramos hoy la España de la libertad, de los éxitos económicos y sociales, la España admirada y querida que los países de nuestro entorno respetan por su Historia y por su presente. Y este orgullo de nación es compatible también con la disidencia intelectual, histórica o política, porque del debate, de la asunción de los errores y de la satisfacción por los éxitos comunes ha nacido siempre el compromiso de mejorar juntos el futuro.

Una gran nación no se construye a base de hombres y mujeres uniformes en su pensamiento o en sus costumbres, como es propio de los regímenes dictatoriales. El respeto a la diversidad, la superación de los malos momentos y la firme voluntad de seguir caminando juntos nos hace más grandes, nunca más débiles.

La bandera que por miles cuelga estos días de los balcones de toda España es la bandera de todos, y representa el compromiso de mantenernos fuertes y unidos ante la intimidación, el acoso y la intolerancia de los separatistas.

Los españoles están poniendo de manifiesto que les une un pegamento mucho más fuerte aún que la Historia o el idioma común: la voluntad de compartir un camino en libertad y en paz. Y ningún dirigente, ni siquiera aquéllos que se saltan la Ley, podrá imponer su dictado de odio contra la voluntad de concordia de un pueblo.

De muy diversas maneras, los españoles han demostrado en las últimas semanas su respaldo a la Constitución, al Rey y a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, garantes de la democracia y el Estado de Derecho. Han gritado fuerte y claro que nadie nos arrebatará el proyecto común que ratificamos con la Constitución de 1978, hoy plenamente válida, y que contempla en su articulado las vías democráticas para su reforma cuando así sea preciso.

Nos unen muy estrechos vínculos con Cataluña. Cientos de miles de andaluces, entre ellos mis padres, encontraron en esa hermosa tierra una oportunidad laboral y un porvenir que nuestra tierra no podía ofrecerles. Nací en Barcelona y, como otros muchos andaluces, mantengo con Cataluña lazos familiares y personales a los que no estamos dispuestos a renunciar de ninguna de las maneras.

Por eso creo que la mejor respuesta que hoy podemos ofrecer ante quienes desafían nuestra voluntad de entendimiento es, precisamente, celebrar este día como una gran fiesta, la fiesta de España, y sacar a los balcones, quien no lo haya hecho ya, una bandera que está cargada de fraternidad y tejida con los hilos de la libertad y la paz.

Demos hoy de lado a la pesadumbre y los malos augurios. La Ley y la razón están de nuestra parte, y el Gobierno de España, el Poder Judicial y el resto de instituciones del Estado las están aplicando con proporcionalidad y cautela, siempre con el objetivo de salvaguardar los intereses de todos los españoles, muy especialmente de los catalanes.

Demostremos a quienes fomentan el enfrentamiento y la discordia nuestra alegría por compartir un pasado y un futuro en común. En el orgullo de ser españoles tenemos el mejor antídoto contra el totalitarismo.

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