El gusto es nuestro

Cita en el Sur

Un ciudadano entrega a la policía un bolso con seis mil euro

Pablo Aranda
PABLO ARANDAMálaga

El viernes pasado se alumbró navideñamente la ciudad y llegó el Black Friday que en los escaparates se escribía de diferentes maneras, lo cual no es tan importante. Después llegará el Brown January, que es como la cuesta de enero pero en Texas (quien quiere las come y quien no las dexa). Precisamente una mujer texana de mediana edad, en vez de estar comiéndose el pavo en Austin, se vino a Málaga de vacaciones. No está claro qué es la mediana edad. Algunos estudios hablan de los treinta y seis años, otros llegan casi a los cincuenta y cinco. En cualquier caso no es lo más importante de este cuento de Navidad, pero tiro del hilo porque es casi el único dato que tenemos de Amanda. Vale, a lo mejor no se llama Amanda, pero ese fue el segundo nombre más popular de las mujeres estadounidenses en 1980, con lo cual Amanda tiene treinta y siete, se encuentra en la plenitud de la mediana edad. Podría haber elegido el primero, Jennifer, pero prefiero Amanda, como mi apellido, un gerundio imperfecto. No sabemos aún (tal vez nunca lleguemos a conocer nada más, pues Puigdemont seguirá acaparando titulares) si viajaba con su segundo marido, Michael, pero sí que llenó el bolso de dólares, algo que sorprende viniendo de un país donde todo se paga con tarjeta, pero quizá creyó que venía a la España de Franco, que según algunos es en la que aún vivimos. Amanda se detuvo en un banco del Parque, donde tal vez subió a Facebook una foto de su marido junto a Picasso, foto tomada un rato antes en la plaza de la Merced. Michael siempre tan guasón.

Unos minutos después pasó a la altura de ese mismo banco, ya vacío, David con su familia. David es un nombre ficticio pero sabemos que tiene cuarenta años y los hombres que tienen cuarenta años se llaman David, lo dicen las estadísticas. De su situación familiar no digo nada porque comparto ciudad con él y tal vez se moleste y, aunque es un verdadero ejemplo de ciudadano, podría comentarlo en la próxima Nochebuena y un primo no tan civilizado (Francisco Javier) me parta la boca, con lo desagradable que es eso y lo que dificulta la ingesta de mantecados. David vio un bolso y lo cogió. Es un riesgo porque Michael podría haber vuelto en ese momento y confundirle con un ladrón (menos mal que Michael viaja sin su revólver). David lo entregó a un policía local, Antonio (la edad media de la policía local era de cuarenta y cinco años en 2014; o sea: Antonio). El agente Antonio encontró en el bolso un permiso de conducir (Amanda Smith; hay dos millones de Smith en Estados Unidos) y 6.293 dólares, que se pueden sacar sin declarar y que te abren los ojos a la economía internacional: sólo equivalen a 5.293 euros.

No fue fácil localizar a Amanda Smith, pero se consiguió. A otro turista estadounidense un joven malagueño le arrancó un trozo de oreja la semana pasada, pero esta historia es más bonita, y ya casi estamos en Navidad, ya saben: white Christmas, navidades para todos los gustos, y el gusto es nuestro. Me alegro por Amanda, pero mucho más por David.

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